Al hablar con la joven María de Nazaret acerca de la misión que llevaría a cabo el hijo que iba a venir, el ángel Gabriel hizo las siguientes 5 profecías, que se pueden encontrar en Lucas 1:32-33. Estas promesas son de naturaleza tal que, con tan sólo oírlas, María tenía que haber reconocido que estaba siendo llamada a ser madre del mismo Mesías.

  1. Él sería grande.
  2. Sería llamado el Hijo del Altísimo. “Altísimo” era un término bien conocido para los israelitas. Correspondía al término hebreo ‘elyôn, el título usado para señalar el “Dios más alto”, aunque la Septuaginta lo tradujo al griego como “Altísimo” y así quedó plasmado en nuestras Biblias. Pero para María el sentido era único: se trataba del Hijo de Elohim, el Padre Celestial mismo.
  3. Se le daría el trono de su padre David. Jesús, como descendiente de David, se sentará en el trono de David cuando reine en el Milenio (2 Samuel 7:16; Salmos 89:3-4, 28-29).
  4. Reinaría sobre la casa de Jacob para siempre. Esta profecía se refiere, igualmente, a la era milenial. Su reinado sobre la casa de Jacob comenzará en esta época y continuará en la eternidad.
  5. Su reino nunca tendría fin. Cuando María escuchó estas promesas debe haber recordado inmediatamente la promesa hecha por Dios a David, en 2 Samuel 7:13-16. David supo que la profecía no se refería solamente a su hijo Salomón, que sería el constructor del templo, sino a un hijo futuro que reinaría para siempre. David declaró entonces que Dios le había hablado de un futuro distante (2 Samuel 7:19). María tenía, por tanto, que haber entendido claramente que el ángel le estaba hablando del Mesías que se había esperado por tan largo tiempo.

Bibliografía

  • John A. Martin, The Bible Knowledge Commentary: An Exposition of the Scriptures, 1985, 2, 205.