Análisis Textuales
1 Juan 1

¿Cuándo confesar con el obispo?

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Introducción y antecedentes

Los antecedentes te servirán para poner el pasaje estudiado dentro de su contexto apropiado. ;)

Pasaje base

Este es el pasaje que estaremos estudiando hoy.

8  Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.
9  Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
10  Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
(Nuevo Testamento | 1 Juan 1:8–10)

Análisis textual: ¿Cuándo confesar con el obispo?

El análisis textual revisa el pasaje frase por frase para comprender mejor el significado del pasaje y de sus palabras y expresiones.
Si decimos que no tenemos pecado
. Cuando un pecado se comete hay tres seres que inmediatamente lo saben: Dios, Satanás y la persona misma. El Espíritu Santo despierta nuestra conciencia cada vez que cometemos un pecado. Como con cada inspiración del Espíritu Santo, la persona que la recibe tiene dos opciones: actuar a favor del Espíritu Santo o ignorar la impresión. En el caso de la conciencia, la persona tiene que justificarse para acallarla.
Nos engañamos a nosotros mismos
. La autojustificación no resuelve el pecado, en realidad lo agrava, porque en sí es una mentira que la persona misma conoce. Cuando sabes que una persona miente dejas de confiar en ella. Cuando sabes que tú mientes dejas de confiar en tí mismo. De esa manera, pierdes tu autoconfianza y tu autoestima. Este es uno de los daños más graves de la justificación: inevitablemente reduce nuestra autoestima. Puede ser que nadie más se dé cuenta, pero eso no importa cuando tú mismo te estás dando cuenta de lo que ocurre.
Y la verdad no está en nosotros
. La verdad es “el conocimiento de las cosas como son, como eran y como han de ser” (DyC 93:24). Es la correspondencia de lo que decimos con la realidad. Si esa correspondencia no existe, el flujo de la verdad se interrumpe. Si no somos fieles a la verdad que tenemos, no podemos recibir más conocimiento de la verdad. Podemos estar en el salón de clases donde se imparte una lección, o abrir las Escrituras, u orar, y sentir que no recibimos más revelación. Aún peor, a medida que persistimos en el pecado y la justificación, podemos olvidar lo que ya sabemos.
Si confesamos nuestros pecados
. La otra vía cuando recibimos las impresiones del Espíritu Santo sobre nuestra conciencia es actuar a favor del Espíritu Santo. No basta con sentir tristeza por lo que haya ocurrido. Podríamos sentir tristeza toda nuestra vida y eso no resolvería cosa alguna ni haría ninguna diferencia. Hay que hacer algo al respecto. Esa es la diferencia entre el remordimiento y el arrepentimiento. El arrepentimiento actúa de inmediato. Tras reconocer que algo anda mal y sentir tristeza por ello, el arrepentido se dispone a confesar y no ocultarlo. Confesar es la antítesis de la autojustificación y nos proporciona el punto de partida para poner la vida y los pensamientos en orden. El Señor ha establecido el procedimiento por el cual puedes aliviarte de la carga y es ir ante el obispo, que es la persona a quien ha designado como juez en Israel. Él te escuchará y no te criticará o condenará por tener un pecado. Por el contrario, te ayudará a establecerte metas para resolverlo y dejarlo atrás tan rápido como sea posible. No es necesario llevarlo solo.
Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados
. Una de las bendiciones del arrepentimiento es el perdón. Cuando el Señor perdona tus pecados también los olvida. El flujo de verdad se restablece. Te sorprenderás de recordar cosas que parecías haber olvidado, y las tendrás tan frescas como si las hubieras aprendido hoy.Apreciarás la bendición que has tenido al ser discreto y perseverar para recibir una lección en silencio. Volverás a sentir confianza en la presencia del Señor. Sentirás el gozo que acompaña la presencia del Espíritu Santo. Volverás a ser sensible ante aquellas cosas en las que sentías dureza de corazón. Dar servicio te parecerá una consecuencia natural de tu arrepentimiento. Disfrutarás de verdad esos sentimientos. Es “la paz que sobrepasa todo entendimiento”.
Y limpiarnos de toda maldad
. Tan hermosa como es la bendición del perdón lo es la bendición de ser limpios de toda maldad. Al confesar y concretar luego un arrepentimiento completo no sólo sentirás “la paz que sobrepasa todo entendimiento”. También perderás la inclinación por el pecado. Así como lo lees. Tendrás una nueva confianza. Si sentías temor de pecar porque la tentación era demasiado fuerte ese temor será remplazado por confianza y por fe. Eso fortalecerá tu testimonio y tu confianza en el Señor de forma impresionante.

El élder Richard G. Scott ha hablado de dos fases que suceden cuando pones bajo tu control al tigre que ha dominado tu vida. En la primera etapa lo identificas, lo atrapas y lo enjaulas. La segunda etapa es más como de vigilancia. El tigre dará algunos coletazos y zarpazos en la jaula. A menos que tú mismo le abras la puerta, tendrás la confianza de que tales coletazos y zarpazos le serán inútiles. El pecado no podrá volverte a dominar, porque al

confesar y arrepentirte
tú le habrás dado el control de tu vida a Jesucristo.
Si decimos que no hemos pecado
. Si ocultamos nuestro pecado poniéndolo bajo las capas de la autojustificación y postergando de manera indefinida nuestro arrepentimiento…
Lo hacemos a él mentiroso
Porque él ha prometido liberarnos si ponemos nuestra confianza y nuestra vida en sus manos. Él ha prometido “perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad”. Y al no confiar en sus promesas las tratamos como si estas fueran una mentira. Al grado que dejamos de arrepentirnos también dejamos de creer en él. Al resistir el arrepentimiento estamos perdiendo nuestra confianza en Dios. En otras palabras, estamos perdiendo nuestra fe.
Y su palabra no está en nosotros
Como resultado dejamos de crecer. No importa si justificamos nuestras faltas con el razonamiento de que otros nos han ofendido primero, o si otros también están cometiendo faltas y tienen tal o cuáles privilegios, etc. Existe una colección enorme de razonamientos con los cuales justificarse. Pero los efectos del pecado se sienten en carne propia, y uno puede sentir que se ha detenido en su progreso en esta vida. Uno puede sentir la duda sobre lo que el futuro depara, sobre la responsabilidad personal y sobre el juicio venidero, sobre las bendiciones perdidas y sobre la luz del Espíritu Santo que hace falta en cada día de la vida. El arrepentimiento es la clave que cambia la duda en luz y certidumbre, la inquietud en paz, la vacilación en seguridad y confianza. Al confiar en las promesas del Señor y actuar al respecto, sabrás que has hecho lo correcto, serás perdonado de tus pecados, te sentirás libre de temor y limpio de toda maldad y gozarás de la paz que sobrepasa todo entendimiento.

Comentarios adicionales

Los comentarios adicionales complementan el análisis textual con enfoques y perspectivas, brindando aún un mayor contexto al estudio.

El élder C. Scott Grow dio una guía para saber cuándo debemos confesar un pecado con el obispo:

“Puede que pienses: “Todo eso suena bien, pero ¿cómo sé que lo que he hecho es suficientemente serio para que necesite hablarlo con el obispo?” La respuesta corta es: “Tu conciencia te lo dirá”. Cuando sientes el impulso de tu conciencia, actúa de inmediato (ver Alma 34:31-34)”

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