Análisis Textuales
Apocalipsis 22

¿Prohíbe la Biblia al Señor enviar nueva revelación?

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Introducción y antecedentes

Los antecedentes te servirán para poner el pasaje estudiado dentro de su contexto apropiado. ;)

En ocasiones nuestros amigos de otras denominaciones gustan de referirse al siguiente pasaje con la intención de demostrar, según dicen, que no puede haber otros registros sagrados además de la Biblia y que no puede haber ninguna nueva revelación.

El pasaje en sí, como todo el Apocalipsis, tiene su cierta dosis de misterio y necesitaría ser comprendido antes de ser utilizado para acreditar o desacreditar cualquier cosa. Con esa intención, la de comprenderlo antes de hablar, embarquémonos en un análisis del pasaje y de sus implicaciones, para ver si tiene el sentido señalado o cuál es su verdadero sentido. Ven, vamos a comprar los boletos e iniciemos el tour.

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Pasaje base

Este es el pasaje que estaremos estudiando hoy.

18 Porque yo testifico a todo el que oye las palabras de la profecía de este libro: Si alguno añadiere a estas cosas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.

19 Y si alguno quitare de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del libro de la vida, y de la ciudad santa y de las cosas que están escritas en este libro.

(Nuevo Testamento | Apocalipsis 22:18–19)

Análisis textual: ¿Prohíbe la Biblia al Señor enviar nueva revelación?

El análisis textual revisa el pasaje frase por frase para comprender mejor el significado del pasaje y de sus palabras y expresiones.

Comencemos con un análisis rápido de la fraseología que se ocupa en este pasaje de las Escrituras:

Testifico
. El apóstol Juan comparte no una suposición, sino una seguridad. Su declaración es hecha con conocimiento y con autoridad.
A todo el que oye las palabras.
Esto es interesante. “Las palabras” a las que se refiere esta declaración no tenían el propósito primario de ser “leídas” sino “escuchadas”.
La profecía de este libro.
Es decir, las palabras se refieren a una profecía específica, contenida en un libro.
El libro de esta profecía.
Esta expresión tiene relación con la anterior. Nuevamente se confirma que el objeto primario es una profecía, contenida en un libro.
Añadir.
Se prohíbe añadir a “estas cosas”. Habrá que clarificar primero a qué se refiere la expresión “estas cosas”. Lo último que refirió es “la profecía de este libro”. A lo que se prohíbe agregar es a las palabras de la profecía contenida en ese libro.
Quitar.
De manera análoga, el libro prohibe quitar palabras del libro “de esta profecía”, es decir, del libro que contiene la profecía referida.

Consecuencias

A quienes agreguen o quiten palabras a “la profecía del libro” están reservados los castigos siguientes:

  • Las plagas que están escritas en este libro.
  • Perder parte
    • del libro de la vida
    • de la ciudad santa
    • de las cosas que están escritas en este libro (concernientes a la salvación).

Comentarios adicionales

Los comentarios adicionales complementan el análisis textual con enfoques y perspectivas, brindando aún un mayor contexto al estudio.

¿De qué libro estamos hablando?

En el análisis anterior lo primero que salta a la vista es que se habla de una profecía, y de esta contenida en un libro. Si podemos aclarar de qué profecía y de qué libro estamos hablando podremos comprender mejor el significado de todo el pasaje y cómo se aplica realmente.

El libro no es la Biblia

La primera impresión de los lectores es generalizar y decir rápidamente: “Pero toda la Biblia es un libro de profecía”. Pues sí, entre otras cosas, como también es un libro de historia, de doctrina, de poesía y de ley. Sin embargo, hay que notar que la Biblia, en la época de Juan el Apóstol, simplemente no existía.

El apóstol no estaba cerrando una recopilación de un conjunto organizado de libros que se había estado escribiendo. Estaba escribiendo una carta suelta, entre muchas, muchas otras cartas y registros sueltos y pasaron décadas antes de que alguien se decidiera a organizarlo todo en un solo volúmen.

Por cierto, cuando lo hicieron los registros no se colocaron en orden cronológico estricto, por lo que tampoco podemos afirmar que el Apocalipsis haya sido el último libro en escribirse y que sea por tanto la conclusión de la Biblia.

Resumiendo:

  • La Biblia no existía como registro organizado cuando Juan escribió el Apocalipsis. Existió así hasta décadas después.
  • El orden de los libros de la Biblia no es cronológico y no se han corroborado todas las fechas. Otros libros de la Biblia pudieron ser escritos después del Apocalipsis.

Con esto en consideración, no nos haría mal mirar alrededor y ver si hay otro candidato posible para “el libro de esta profecía”.

Se revela la identidad del “libro de esta profecía”

Antes de buscar en otro lugar convendría revisar el propio Apocalipsis, ya que lo tenemos abierto, para investigar si hay en él más pistas. Al comenzar el Apocalipsis, en el capítulo 1 y versículo 3, dice lo siguiente:

Apocalipsis 1:3
3 Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas, porque el tiempo está cerca. (Nuevo Testamento | Apocalipsis 1:3)

¡De modo que aquí tenemos una gran pista! El Apocalipsis mismo es una profecía y esta está contenida en un libro ¡que es nada menos que el mismo Apocalipsis!

Si eso es así debería de haber uno o más pasajes corroborativos de este sentido en el propio libro. En el capítulo final de Apocalipsis, el 22, el mismo de donde habíamos partido, leemos:

Apocalipsis 22:7
7 Y he aquí, vengo pronto. Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. (Nuevo Testamento | Apocalipsis 22:7)

Ok, aunque eso no nos dice mucho más de lo que ya sabemos. Sólo corrobora que hay una profecía contenida en un libro. ¡Pero el siguiente versículo es más que concluyente!

Apocalipsis 22:10
10 Y me dijo: No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca. (Nuevo Testamento | Apocalipsis 22:10)

O sea, era algo sobre lo que el mismo Juan tenía poder, ¡era algo que él estaba escribiendo! De otra manera no habría podido sellar el libro ni tendría caso la advertencia de dejarlo abierto. Así que, constatado, “esta profecía” se refiere a los escritos que en ese momento estaba haciendo Juan y “el libro de esta profecía” se refiere al propio Apocalipsis.

A Juan el Señor le dijo “Escribe en un libro lo que ves” (Apocalipsis 1:11) y le indica que el libro que escriba será un libro de profecía (Apocalipsis 1:19). Juan fue obediente a la palabra del Señor. Eso tiene sentido. Después de todo, la palabra “Apocalipsis” significa “revelación”. Y la profecía, como se nos dice muchas veces en la Biblia, se obtiene por medio de revelación.

Un poco más de sentido y congruencia

Eso le da luz y sentido a los “castigos” que contienen estos mismos versículos, ya que la sanción dice que vendrán las plagas descritas en “este libro” y una privación “sobre las cosas que están escritas en este libro“. Estas palabras tienen mucho más sentido después de entender que “este libro” es el libro del Apocalipsis.

La prohibición es mucho más antigua

Aquí podría terminarse el biblicomentario. Pero sólo porque somos niños curiosos nos ponemos a investigar más y nos topamos con que el pasaje de Apocalipsis 22:18-19 no es el único caso en que se prohíbe agregar a la palabra de Dios en alguna forma. De hecho, en Deuteronomio se lee un pasaje muy similar:

Deuteronomio 4:1–2
Ahora, pues, oh Israel, escucha los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis y viváis, y entréis a tomar posesión de la tierra que Jehová, el Dios de vuestros padres, os da.

2 No añadiréis a la palabra que yo os mando ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno. (Antiguo Testamento | Deuteronomio 4:1–2)

Niño con expresión de confusión
Ay, caramba!
¿Por qué es importante incluir en nuestro estudio este pasaje? Bueno, imagínate que le decimos al escritor del libro de Josué, que es el que sigue al de Deuteronomio, que no puede escribir lo que Dios le ha mandado en un registro sagrado, porque en Deuteronomio 4:2 dice que no puede agregar a la palabra. Lo mismo le tendríamos que decir al escritor de Rut o al de los Salmos, o a Samuel, o a los evangelistas, o al propio Juan, o a todos los profetas, mayores y menores, porque ¡61 de los 66 libros de la Biblia están escritos después de Deuteronomio!

Si se interpretara el pasaje de Deuteronomio 4:1-2 de la misma forma en que quieren hacérnoslo entender nuestros amigos habría que desechar estos 61 libros de la Biblia. Es más, también todos los capítulos de Deuteronomio después del capítulo 4 (y el capítulo 5 contiene los Diez Mandamientos). Salta a la vista que esa interpretación sería absurda y que nos privaría de una enorme cantidad de conocimiento. Por lo tanto, interpretar la escritura de Apocalipsis 22 o la de Deuteronomio 4 de esta manera es incorrecto y atenta en contra de la integridad de la propia Biblia.

Hacia una interpretación correcta

La clave está en Deuteronomio 4:1-2. Fíjate en el detalle siguiente:

“No añadiréis a la palabra que yo os mando“. Es decir, no agregarás tus palabras como si fueran las de Dios, sino que respetarás la integridad de la palabra de Dios para que se distinga que viene de Él. Este sentido es reforzado en el resto del pasaje.

“Escucha los estatutos y decretos que yo os enseño“.

“Para que guardéis los mandamientos… que yo os ordeno“.

Considerándolo así, Dios jamás dice que no pueda pronunciar otras palabras, de hecho se reserva ese derecho. Por ejemplo, Moisés mismo continúa escribiendo en el libro de Deuteronomio, indicando que lo hace por mandato de Dios (ver Deuteronomio 5:1 y Deuteronomio 6:1). Isaías escribe su libro porque Dios se lo ha mandado (ver Isaías 8:1) y lo mismo hace Jeremías (ver Jeremías 30:1-2 y Jeremías 36:1-2, 28). A Ezequiel el Señor le dice repetidamente: “Hijo de hombre, escribe” esto y lo otro (¡y cómo lo puso a escribir!) (Ezequiel 24:2; Ezequiel 43:11). Uno de los pasajes más conocidos en que el Señor manda a Ezequiel a escribir dice lo siguiente:

Ezequiel 37:15–17
15 Y vino a mí la palabra de Jehová, diciendo:

16 Y tú, hijo de hombre, toma ahora un palo y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel, sus compañeros. Toma después otro palo y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros.

17 Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano.

(Antiguo Testamento | Ezequiel 37:15–17)

A Habacuc también el Señor le mandó a escribir de manera explícita (Habacuc 2:2). Lucas expone sus motivos para escribir en la introducción de su evangelio (Lucas 1:1-4). Y, en general, cada uno de los escritores sagrados, incluso el propio Juan (ver Apocalipsis 1:11, 19) se mostraron obedientes en escribir lo que el Señor les había mandado, sin considerar para nada la restricción de Deuteronomio 4:1-2 como un impedimento. Ellos agregaron registros sagrados tan pronto supieron que lo recibían como un mandato del Señor.

Una duda sobre la cronología del Apocalipsis

El Apocalipsis no es toda la Biblia
La fecha del Apocalipsis aún está indefinida
Como nota final, no estamos aún seguros sobre cuándo se escribió el libro de Apocalipsis. Algunos críticos lo fechan cerca del año 90, pero esto lo hacen quienes suponen que Juan no podía ver el futuro y que forzosamente tenía que hablar de cosas que ya habían pasado. Eso contradeciría el sentido expreso del propio libro (Apocalipsis 1:19). Ya he mencionado ese tipo de problemas en el biblicomentario “entre el libro de Hechos y el sitio de Jerusalén“. En lo particular, me siento más inclinado a creer en los eruditos que lo sitúan antes de la destrucción de Jerusalén por Tito, es decir, antes del año 70.

Aún así, no sabemos qué tanto antes del año 70 haya sido escrito. Y sería interesante saber, porque existe una posibilidad de que el evangelio de Juan y algunas de sus epístolas hayan sido escritas después del Apocalipsis. Lo cual daría al traste con la idea de que no se podían agregar más registros sagrados aunque el Señor lo mandara. Porque aquí sería Juan dándose un balazo en el pie, y eso no puede ser. En todo caso, esta no es una prueba concluyente. Sólo la comento y habrá que esperar a que los estudiosos bíblicos se pongan de acuerdo (en esto como en otros temas) o a que el Señor nos permita obtener más conocimiento de estas fechas a través de la revelación. ¡Porque definitivamente estamos abiertos a recibir más revelación!

16 Comentarios

    • Con gusto tomaré en consideración tu sugerencia y espero en breve veas algunos biblicomentarios sobre este tema en el sitio. ¡Gracias por tu propuesta!

  1. Si su argumento fuera cierto todas las revelaciones despues de la muerte de los apostoles escogidos por Jesucristo deberian estar agregadas al canon sagrado para que todos los hijos de Dios las puedan conocer y no hayan revelaciones individuales y solo aplicables a ciertos sujetos.

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