Qué significa la vida eterna según Jesucristo

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Tras el establecimiento de la Santa Cena Jesús se extendió en un gran discurso final dirigido hacia sus discípulos. El evangelio de Juan le dedica varios capítulos a esta instrucción. Como parte de ella, Jesús “alzando los ojos al cielo” hizo una magnífica oración conocida como “la oración intercesora”. El principio de esta oración es una sentencia impresionante: la forma en que Jesucristo explicó lo que significa la vida eterna.

2 Comentarios

  1. Hay un error de criterio:
    Podemos conocer a Dios, en razón a cuanto El nos revela.
    Jesús mismo antes de irse anunció que el Espiritu Santo iría completando la revelación.
    Más Dios es infinito y es demasiada vanidad pensar que con nuestro cerebro humano somos capaces hoy de comprender a Dios ser infinito.
    El Concilio de Nicea justo a esto se refería, de que en esta vida no nos es posible comprender más que en una mínima parte a Dios. Las desviaciones de la doctrina han surgido porque muchos de manera simplista creen haber comprendido en su totalidad a Dios

    • Hola, mi estimado Fernando. Haz dicho varias cosas con las que concuerdo profundamente. La primera es que “podemos conocer a Dios en razón a cuanto Él nos revela”. Efectivamente, sin ayuda de Dios nos sería imposible conocerlo. Luego nos dices que “Jesús mismo antes de irse anunció que el Espiritu Santo iría completando la revelación”. Lo cual también es cierto. Estos dos puntos que estableces implican la necesidad de revelación continua para conocer a Dios y poder lograr la vida eterna. Sin esta revelación no podemos lograr esa vida eterna que todos anhelamos. En Amós 3:7 nos dice que Dios canaliza esa revelación a través de sus siervos los profetas. Por tanto, es necesario que en la Iglesia verdadera de Jesucristo haya profetas y que se siga recibiendo revelación, tal como fue recibida por Pedro, Juan el amado y Pablo de Tarso después de la resurrección de Jesucristo, por sólo mencionar unos pocos. Hechos 13:1 nos informa de la existencia de profetas en la Iglesia y Efesios 2:19-20 nos dice que son indispensables en la Iglesia (ver también Efesios 4:x).

      Ahora bien, con todo esto, nos damos cuenta que Dios ha preparado, sin duda, el medio para llegar a conocerlo, porque no nos está pidiendo algo imposible, sino algo perfectamente posible, a la medida de la capacidad humana. Es cierto que no se puede conocer a Dios por completo en esta tierra. Esa preparación continúa después de la muerte, en el mundo espiritual. Y entonces, en el juicio, se nos aplicará la gracia sobre aquello que no hayamos podido lograr, porque, como un profeta de Dios lo estableció en las Escrituras “es por gracia que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos”. Entonces seremos salvos por medio de la expiación de Jesucristo, porque nadie se puede salvar sino a través de esta expiación.

      Bueno, habiendo dicho lo anterior, en busca de mayor claridad, te comentaré que los santos de los últimos días creemos que hoy en día existen profetas, tal como en los días de la Iglesia primitiva y que Dios se sigue comunicando con la humanidad por este medio. Creemos en todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos concernientes al reino de Dios. Creemos, tal como tú lo has expresado, que conforme Dios más nos revela más podemos llegar a conocerlo; si bien coincidimos contigo en que Él es infinito en poder, sabiduría y bondad. Ninguno puede clamar que ha llegado a comprenderlo en su totalidad. Sin embargo, diferimos del Concilio de Nicea en que nadie puede llegar a comprenderlo. Sin duda, haciendo todo lo que nos es posible y una vez que la gracia sea aplicada sobre nosotros ¡claro que todos llegaremos un día a conocerlo, tal como nosotros ahora somos por él conocidos!

      9 porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
      10 mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
      11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
      12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
      (Nuevo Testamento | 1 Corintios 13:9–12)

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