Análisis Textuales
Juan 17

Qué significa la vida eterna según Jesucristo

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La forma en que Jesús explicó la vida eterna

Introducción y antecedentes

Los antecedentes te servirán para poner el pasaje estudiado dentro de su contexto apropiado. ;)

Tras el establecimiento de la Santa Cena Jesús se extendió en un gran discurso final dirigido hacia sus discípulos. El evangelio de Juan le dedica varios capítulos a esta instrucción. Como parte de ella, Jesús “alzando los ojos al cielo” hizo una magnífica oración conocida como “la oración intercesora”. El principio de esta oración es una sentencia impresionante: la forma en que Jesucristo explicó lo que significa la vida eterna.

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Pasaje base

Este es el pasaje que estaremos estudiando hoy.
Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. (Nuevo Testamento | Juan 17:3)

Análisis textual: Qué significa la vida eterna según Jesucristo

El análisis textual revisa el pasaje frase por frase para comprender mejor el significado del pasaje y de sus palabras y expresiones.
Y ésta.
Lo que voy a decir a continuación.
Es la vida eterna.
Esta es la definición de la vida eterna. Es decir, en esto consiste la vida eterna.
[En] que te conozcan a ti, el único Dios verdadero.
La vida eterna consiste en el conocimiento de Dios el Padre, el único Dios al que debemos nuestra adoración.
Y a Jesucristo.
Y en conocer a Jesucristo, su Hijo.
A quien has enviado.
A quien el Padre Celestial ha enviado con el fin de interceder por el hombre.

Comentarios adicionales

Los comentarios adicionales complementan el análisis textual con enfoques y perspectivas, brindando aún un mayor contexto al estudio.
A pesar de su brevedad, este pasaje de las escrituras es sorprendentemente rico en contenido y revelador en significado. Nuestra primera sorpresa es la manera en que Jesucristo define la vida eterna: como un conocimiento. En su tratamiento, se refiere a dos seres por separado y a cada uno le asigna un rol distinto. Finalmente, al referirse a sí mismo se denomina no sólo por nombre (Jesús) sino por un título distintivo y completo (Jesucristo). Trataremos estos conceptos en orden inverso para su mejor comprensión.

Jesucristo, aún más que sólo Jesús

He notado con mucha curiosidad que el mundo cristiano en general, es decir, los miembros de las diferentes denominaciones e iglesias, tienen la tendencia a llamar al Salvador en formas "amigables" y "populares". Por ejemplo, se le llama simplemente Jesús, y este es su nombre más popular. Sucede tanto en español como en inglés. Supongo que esto se debe a que es mucho más fácil llamarle así y quizá para algunos les ayude a sentirle más próximo. Es un nombramiento correcto, claro está, porque este era su nombre y porque los evangelios le llaman así en muchas ocasiones. Sin embargo, debemos reconocer que el nombre Jesús, que significa "Salvador", no pasa de ser un nombre común. Lo es en nuestra época como una manera de honrar al Salvador, pero lo era también en su época. Cualquiera podía llamarse Jesús, o cualquiera de las variantes de este nombre, como Josué o Josías. Ciertamente, el sólo nombre de Jesús no le distingue a suficiencia de otros hombres de su época ni de la nuestra. Su nombre es mucho más significativo al considerar que este no es sólo un ser llamado "Salvador", sino que es, además "el Salvador Ungido" por Dios, es decir, el Mesías. Esto es precisamente lo que significa Jesu-Cristo. El Salvador Ungido, lo que le identifica directamente como el Mesías. Es curioso, pues, para mí, observar cómo es que los Santos de los Últimos Días utilizan con tanta frecuencia esta combinación de nombre-título, con tanta liberalidad que nisiquiera lo notan. Le llaman así durante sus oraciones, durante sus ordenanzas, al referirse a su Iglesia (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días), al entonar sus himnos de alabanza, al realizar un servicio y, en general, en la dedicación de cualquiera de sus acciones hacia sus semejantes y hacia Dios. Como menciono es algo casi imperceptible, porque ni siquiera se dan cuenta. Pero mientras que para el mundo cristiano en general, el Salvador es, más popularmente, Jesús y es percibido más como un amigo; para los Santos de los Últimos Días es, más correctamente, Jesucristo, percibido como el Mesías, el Creador, el Redentor, el Juez y el Expiador del mundo. En verdad, el nombramiento completo es de un significado mucho más rico, encierra muchas más cosas. Y es por eso que no deja de ser particularmente sorprendente que el Salvador, que siempre se refirió a sí mismo mayormente con el título de "el Hijo del Hombre", en estas horas finales de su vida se refiera a sí mismo, sin ninguna cortapisa, no sólo como Jesús, sino como Jesucristo.

Dos seres separados y distintos

Al expresar el poderoso concepto que encierra este versículo llama la atención la elección de las palabras. Nada le habría costado a Jesucristo, y hubiera sido mucho más breve, decir simplemente "la vida eterna es el conocimiento de Dios". Pero no es esto lo que hizo. Dejó en claro que no se trata de un sólo dios, sino de dos seres, a quienes nombra de manera separada y distinta. Al Padre Celestial, que es a quien se dirige durante la oración, le llama "el único Dios verdadero", remarcando (muy en contexto con el resto de su discurso) que es el único Dios a quien debemos dirigir nuestra adoración. Después usa una conjunción ("y") para separar en concepto al siguiente ser a mencionar, que es él mismo. Igualmente, deja en claro, después de haber mencionado al Padre como Dios, que él, Jesucristo, es el enviado de Dios para obrar en bien de la redención del hombre. Este es un mensaje repetido con frecuencia en el evangelio de Juan. En el mismo discurso él había mencionado en otras palabras este mismo principio, definiendo con ello su propia misión: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí" (Juan 14:6). Uno puede ver, por tanto, la consistencia en estos pasajes al señalar las personalidades de Dios el Padre y de Su Hijo como entidades separadas y distintas. Una, el Padre, con autoridad sobre el otro, el Hijo. Uno como enviado del otro. Uno como la única forma en que el hombre puede llegar al otro. Personalidades y funciones distintas. Esta es la razón por la cual Jesucristo eligió una expresión más elaborada, destacando esta diferencia de entidades y funciones, en lugar de sólo decir que "la vida eterna es el conocimiento de Dios". La distinción que él hizo es, sin duda, parte fundamental de este conocimiento, sin el cual otras cosas no pueden sencillamente percibirse.

La vida eterna consiste en un tipo de conocimiento

Y esta es la sorpresa mayor que reserva este pasaje: la vida eterna se fundamenta en un conocimiento. Pero ¿cómo es este conocimiento? La mayoría de las personas a las que uno pregunte dirán que creen en Dios. ¿Es este conocimiento suficiente? Al indagar con más curiosidad y preguntarles directamente si conocen a Dios muchos de ellos, quizás la mayoría, arriesgarán su propia opinión, la forma en que suponen que es Dios. Pero, en términos de ganar la vida eterna, ¿será esta suposición un conocimiento suficiente?

Quizás esta manera, muchas veces relativa, de percibir a Dios, se base en un convencimiento, compartido por mucha gente, de que a Dios en realidad no puede conocérsele. Mucha gente se ha sentido influida por ese concepto que dice que Dios es incomprensible. ¿De dónde surgió esa peregrina idea? Pues... del Concilio de Nicea. En el siglo IV después de Cristo, alrededor del año 325 y bajo el auspicio del emperador Constantino, se efectuaron una serie de reuniones en las cuales se abordaron distintas problemáticas doctrinales, entre ellas la de la Trinidad. Y al definir a Dios llegaron a ese concepto, el de que Dios era en realidad incomprensible. En mi opinión, alguien está mintiendo, porque si Dios es incomprensible, ¿qué hacemos entonces con esto que declara Jesucristo, que su conocimiento es la vida eterna? Si Dios es en verdad incomprensible entonces nadie puede tener la vida eterna. Y no tendría sentido que hubiese venido Jesucristo, ¿para qué? De modo que la vida eterna es el conocimiento de Dios y eso indica claramente que podemos llegar a conocer a Dios. Completamente. Pero entonces, ¿qué clase de conocimiento? Y ¿hasta dónde?Yo creo que el tipo de conocimiento al que Jesucristo se refería involucra muchísimo más que una simple creencia, y mucho más que una opinión. Es más, me atrevería a afirmar que, si bien los libros nunca dejan de ser necesarios y pueden ayudarnos, es un conocimiento que ni siquiera se encuentra en los libros. Me atrevo, y podría decir que con mucho conocimiento de causa, que se trata de un conocimiento vivencial. ¿Quién conoce mejor a una persona que aquel que se coloca en sus zapatos, que estudia su vida, que se involucra en sus causas, que realiza sus acciones, que aprende a pensar como él piensa, a sentir como él siente, a vivir como él vive? Al aprender sobre Dios y Jesucristo (en las Escrituras, en las palabras de los profetas y apóstoles y en las revelaciones personales conducidas por el Espíritu Santo) y luego poner en práctica lo aprendido, siguiendo su ejemplo, aprendemos a vivir como él vive. Y esa es la vida eterna: la clase de vida que Dios vive. La experiencia que tengamos en la tierra nos prepara para la experiencia, mucho más avanzada y más gloriosa, que podremos tener en los cielos.

Citas citables

Déjame compartirte alguna de las citas que tuve que estudiar mientras preparaba este artículo. Toma nota de que todas las traducciones son mías y son traducciones libres.
El primer principio del evangelio


"El primer principio del evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios" (José Smith- "Enseñanzas del Profeta José Smith", 427)

2 Comentarios

  1. Hay un error de criterio:
    Podemos conocer a Dios, en razón a cuanto El nos revela.
    Jesús mismo antes de irse anunció que el Espiritu Santo iría completando la revelación.
    Más Dios es infinito y es demasiada vanidad pensar que con nuestro cerebro humano somos capaces hoy de comprender a Dios ser infinito.
    El Concilio de Nicea justo a esto se refería, de que en esta vida no nos es posible comprender más que en una mínima parte a Dios. Las desviaciones de la doctrina han surgido porque muchos de manera simplista creen haber comprendido en su totalidad a Dios

    • Hola, mi estimado Fernando. Haz dicho varias cosas con las que concuerdo profundamente. La primera es que "podemos conocer a Dios en razón a cuanto Él nos revela". Efectivamente, sin ayuda de Dios nos sería imposible conocerlo. Luego nos dices que "Jesús mismo antes de irse anunció que el Espiritu Santo iría completando la revelación". Lo cual también es cierto. Estos dos puntos que estableces implican la necesidad de revelación continua para conocer a Dios y poder lograr la vida eterna. Sin esta revelación no podemos lograr esa vida eterna que todos anhelamos. En Amós 3:7 nos dice que Dios canaliza esa revelación a través de sus siervos los profetas. Por tanto, es necesario que en la Iglesia verdadera de Jesucristo haya profetas y que se siga recibiendo revelación, tal como fue recibida por Pedro, Juan el amado y Pablo de Tarso después de la resurrección de Jesucristo, por sólo mencionar unos pocos. Hechos 13:1 nos informa de la existencia de profetas en la Iglesia y Efesios 2:19–20 nos dice que son indispensables en la Iglesia (ver también Efesios 4:x).

      Ahora bien, con todo esto, nos damos cuenta que Dios ha preparado, sin duda, el medio para llegar a conocerlo, porque no nos está pidiendo algo imposible, sino algo perfectamente posible, a la medida de la capacidad humana. Es cierto que no se puede conocer a Dios por completo en esta tierra. Esa preparación continúa después de la muerte, en el mundo espiritual. Y entonces, en el juicio, se nos aplicará la gracia sobre aquello que no hayamos podido lograr, porque, como un profeta de Dios lo estableció en las Escrituras "es por gracia que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos". Entonces seremos salvos por medio de la expiación de Jesucristo, porque nadie se puede salvar sino a través de esta expiación.

      Bueno, habiendo dicho lo anterior, en busca de mayor claridad, te comentaré que los santos de los últimos días creemos que hoy en día existen profetas, tal como en los días de la Iglesia primitiva y que Dios se sigue comunicando con la humanidad por este medio. Creemos en todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos concernientes al reino de Dios. Creemos, tal como tú lo has expresado, que conforme Dios más nos revela más podemos llegar a conocerlo; si bien coincidimos contigo en que Él es infinito en poder, sabiduría y bondad. Ninguno puede clamar que ha llegado a comprenderlo en su totalidad. Sin embargo, diferimos del Concilio de Nicea en que nadie puede llegar a comprenderlo. Sin duda, haciendo todo lo que nos es posible y una vez que la gracia sea aplicada sobre nosotros ¡claro que todos llegaremos un día a conocerlo, tal como nosotros ahora somos por él conocidos!

      9 porque en parte conocemos, y en parte profetizamos;
      10 mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
      11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.
      12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.
      (Nuevo Testamento | 1 Corintios 13:9–12)

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