¿Nos vamos directo al cielo después de la muerte?

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Mientras lloraba cerca del sepulcro, María Magdalena tuvo un encuentro con el Señor Jesucristo recién resucitado, convirtiéndose así en el primer testigo de la resurrección. Durante el encuentro, Jesús le dijo estas importantes palabras, que nos ayudan a aumentar en forma significativa nuestra comprensión de lo que sucede después de la muerte.

2 Comentarios

  1. Interesante como siempre Juan Pablo, solo me quedé pensando en los pasajes de Alma 40:11-14, sobre todo en el 11 que dice: “…los espíritus de todos los hombres, sean buenos o malos, son llevados de regreso a ese Dios que les dio la vida.” de hecho del 12 al 14 ya hay una separación de los justos y los malvados, cuestión que me ha hecho reflexionar sobre el mundo de los espíritus, sé que ahí esperaremos el juicio y mientras también se está predicando y en la prisión esperan los que desean ser salvos a través de la obra genealógica, entonces ¿cómo podría comprender ambas escrituras Juan 20:17 y Alma 20:11-14 ???
    Gracias de antemano, saludos.

    • Hola, Gladys. En Alma 20, tanto en el versículo 11 como en el 14, se aclara que la descripción de este pasaje corresponde al estado transitorio “entre la muerte y la resurrección” (versículo 11). A pesar de que el versículo 11 dice que “son llevados de regreso a ese Dios que les dio la vida” no se trata de una descripción del regreso final a Dios, sino de un cambio de estado solamente. Estando sin cuerpo estamos en la misma condición en que estuvimos antes de venir a la tierra, lo cual puede describirse como un regreso, pero aún no estamos de regreso a la presencia del Padre. Es por eso que Jesucristo explicó a Magdalena que aún no había subido a su Padre (Juan 20:17).

      Como has dicho, en el mundo de los espíritus hay una separación entre “el paraíso” (versículo 12) y “las tinieblas de afuera” (versículo 13) o cárcel espiritual. La parábola del rico y Lázaro (Lucas 16) describe en términos muy vívidos esa separación. Sin embargo, Jesucristo subió al paraíso para organizar allí las fuerzas misionales que pudieran predicar el evangelio a quienes estuvieran en la cárcel espiritual. Tras la resurrección de Jesucristo ese esfuerzo misional ha continuado hasta hoy en día (ver 2 Pedro 4:6).

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