El rol de apolos en la Iglesia cristiana de Corinto
Apolos construyó tras los pasos de Pablo de Tarso. Imagen: Endriago / Pixabay

Apolos era un judío proveniente de la gran cuidad de Alejandría. Contemporáneo del apóstol Pablo, este discípulo era bien reconocido en la Iglesia por su gran elocuencia y por su dominio de las escrituras (Hechos 18:24). Aunque al principio predicó con alguna insuficiencia, fue capacitado por Aquila y Priscila, convirtiéndose después en un poderoso misionero en Corinto (Hechos 18:25-28; Hechos 19:1).

El rol de Apolos en el crecimiento de la Iglesia

Con respecto al papel de Apolos en el fortalecimiento de la Iglesia en Corinto, Pablo de Tarso enunció: “Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento” (ver 1 Corintios 3:5-9) , si bien Pablo lo menciona como ejemplo en su poderoso llamado a la humildad (1 Corintios 4:6).

El ministerio de Apolos no se circunscribió a Corinto, y se pueden observar rasgos de su crecimiento en el liderazgo de la Iglesia. En su primera carta a los Corintios, Pablo hace referencia a su estancia en otro lugar que no especifica (1 Corintios 16:12). De manera significativa, Apolos es mencionado en conjunción con otros líderes principales de la Iglesia, como Pablo y Pedro (1 Corintios 3:22). En la cercanía de la muerte, Pablo encomendó a Tito que le cuidase con diligencia (Tito 3:13).

Referencia a Apolos en Doctrina y Convenios

En el libro de Doctrina y Convenios se vuelve a mencionar a Apolos de manera casual durante una expresión. Al describirse los tres grados de gloria y tocar el turno al reino telestial, el Señor específica que en él están quienes no recibieron el testimonio de Jesús ni hicieron los apropiados convenios y ordenanzas del evangelio, aún cuando reclamen que son “de Cristo, de Juan, de Moisés, de Elias, de Esaías, de Isaías, de Enoc”, “de Pablo, de Apolos”, o de cualquier otro movimiento (ver DyC 76:98-101). Con esta expresión, que evoca otras similares de Pablo de Tarso en 1 Corintios 1:11-13 y en 1 Corintios 3:4, la escritura hace referencia a la división entre los distintos grupos religiosos de nuestra época. La conclusión es que al final no importa a qué grupo religioso se pertenezca o cuál sea su adherencia si uno no recibe las ordenanzas y convenios que Dios ha designado desde la antigüedad para la salvación del hombre.

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