Segunda Venida, monte de los olivos, artículo de fe 10
Fruto del Olivo. Cuando el Señor venga pondrá pie sobre el Monte de los Olivos. Imágen por ulleo / Pixabay

Introducción

Se me ha pedido que trate de explicar el décimo artículo de fe. Comentaba a mi esposa que, junto con el Artículo de Fe número 13, el artículo 10 es uno de los más complejos. Establece cuatro hechos:

1. Que Israel será recogido y restaurado;

2. Que Sión será edificada en este continente;

3. Que Jesucristo reinará personalmente sobre la tierra y

4. Que la tierra será renovada para recibir su gloria paradisiaca.

El problema

La complejidad de este artículo se debe no sólo al número de temas abordados, sino a que con cada uno se despiertan muchas preguntas que, si no son bien tratadas, pueden llevar a una comprensión incorrecta. Por ejemplo, ¿Qué es Israel? ¿Qué es Sión? ¿Qué es eso de las Diez Tribus y por qué tienen que ser restauradas? ¿A qué se refiere el artículo con “gloria paradisiaca”?

La solución

Con el fin de facilitar la comprensión de este artículo, lo dividiré en solamente dos aspectos, para

1. comprender qué bendiciones se perdieron con las diferentes apostasías del pasado y

2. cómo es que el Señor planeó su restauración.

Es conveniente que, mientras hablo, tengan a la vista el décimo artículo de fe. Para ir comprendiendo los diversos elementos que se mencionan en este artículo, es imprescindible que echemos un vistazo rápido a la historia de Israel.

La pérdida

Israel, el pueblo del convenio de Dios

Cuando hablamos de Israel, nos referimos al pueblo del convenio de Dios. Los primeros once capítulos del libro de Génesis muestran como Dios, después de la caída, seleccionó a un grupo familiar para representarle sobre la tierra, escogiéndolo de acuerdo con su fidelidad. Esta selección, que se muestra en Génesis por medio de once genealogías, tiene su punto culminante en los capítulos del 12 al 25, en la historia del profeta Abraham.

El convenio de Abraham

Dios estableció un convenio especial con el profeta Abraham que es uno de los puntos más rememorados en los cuatro libros canónicos. El convenio de Abraham se menciona por primera vez en Génesis 12:1–3, se repite en varios otros pasajes de la Biblia y se explica con mucho detalle en la Perla de Gran Precio. En este convenio, Dios prometió al profeta Abraham que, si era fiel a Dios, tendría una posteridad innumerable, por medio de cuyo sacerdocio serían bendecidas todas las naciones de la tierra. A esta posteridad se darían ciertas tierras. Este último aspecto dentro del convenio de Abraham se conoce como el convenio de la tierra.

Dios refrendó el convenio que hizo con Abraham con su hijo Isaac y luego con su nieto, Israel. Los doce hijos que tuvo Israel fueron el origen de las doce tribus de Israel. En memoria del convenio de Abraham, el pueblo que surgió a partir de Israel es conocido en las Escrituras como “el pueblo del convenio de Dios”.

El establecimiento de Israel

El pueblo de Israel se estableció primero en Egipto. Un faraón les invitó a vivir en lo mejor de la tierra de allí, pero otro faraón les esclavizó. Tras 400 años, Moisés les liberó, y Josué les introdujo en la tierra que había sido prometida a Abraham. Josué también les repartió la tierra prometida, dando una heredad o porción de la tierra a cada tribu.

Los tres estados de gobierno de Israel

En esa tierra, las doce tribus vivieron primero bajo un sistema de jueces, pero este derivó después a una monarquía. Durante los reinados de tres reyes (Saúl, David y Salomón) pudieron conservarse unidos pero, después, su desobediencia al convenio hizo que la nación se dividiera en dos reinos.

• En el reino del norte, llamado Efraín o Israel, se mantuvieron diez tribus y media;

• en tanto que en el reino del sur, llamado Judá, se quedó la otra tribu y media.

La dispersión de Israel

Debido a que Israel persistió en su desobediencia, el reino del norte fue asolado en 721 a. C. por Asiria y las Diez Tribus que lo componían fueron dispersadas. Les conocemos como las Diez Tribus Perdidas.

Un siglo después, el reino del sur fue también devastado y sus habitantes fueron llevados cautivos a Babilonia. Cuando los persas conquistaron Babilonia, los israelitas fueron capaces de retornar a su tierra y reconstruir su ciudad y su templo. Más tarde serían también conquistados por los griegos y después por los romanos.

El reino prometido

La dispersión de las Diez Tribus, la cautividad en Babilonia y el dominio de persas, griegos y romanos hizo que los israelitas realmente anhelarán la liberación prometida por los profetas desde tiempo antiguo; los cuales predijeron el advenimiento de un rey de Reyes que tendría un reinado de paz no sólo sobre Israel, sino sobre toda la tierra. A este reinado de paz se le conocía como el reino de Dios sobre la tierra, o también con el término de Sión. Tal como se le describe en el libro de Moisés: “El Señor llamó Sión a su pueblo, porque eran uno en corazón y voluntad, y vivían en rectitud; y no había pobres entre ellos.” (Perla de Gran Precio | Moisés 7:18) Al rey de Reyes que dirigiría este reino, se le conoce con el nombre del Mesías.

El advenimiento del Mesías

Sin embargo, el largo deterioro moral de Israel hizo que confundieran los tiempos y las profecías y que fueran incapaces de reconocer al Mesías cuando vino entre ellos. Jesucristo fue asesinado por el mismo pueblo que debió recibirle con los brazos abiertos. Antes de transcurrir el primer siglo de la Iglesia cristiana, todos sus apóstoles y la mayoría de sus líderes habían sido asesinados y las doctrinas de Jesucristo fueron tergiversadas. Comenzó la noche de la gran apostasía.

La restauración

José Smith

Hasta 1820, con la Primera Visión, se restauró la guía de profetas sobre la tierra y, en el curso de muy pocos años, Dios volvió a vertir revelación desde los cielos sobre los “muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios” (Artículo de Fe # 9).

El mandamiento del recogimiento

Uno de los primeros mandamientos dados por Dios al profeta José Smith tenía que ver con la obra del recogimiento de Israel. Había que identificar al Israel disperso y recogerlo nuevamente, en preparación para la Segunda Venida de Jesucristo.

Las dos facetas del recogimiento

El recogimiento de Israel, tal como es enseñado en las revelaciones dadas a los profetas modernos, comprende dos facetas: la espiritual y la literal.

El recogimiento espiritual

La predicación del evangelio

El recogimiento espiritual de Israel se lleva a cabo al predicar el evangelio en todas las naciones y ofrecer el bautismo a todos los hijos de Dios. Por medio del bautismo, aquellos que tienen sangre israelita son recogidos en el pueblo del convenio de Dios y aquellos que no la tienen son adoptados dentro del mismo.

La bendición patriarcal

La bendición patriarcal nos ayuda a identificar después la tribu de Israel a la que pertenecemos. Cada tribu de Israel tiene una tarea específica que lograr para el establecimiento del Convenio de Abraham, es decir, que con nuestro sacerdocio serán benditas todas las naciones de la tierra.

El sellamiento en el templo

Finalmente, en la ceremonia del sellamiento o matrimonio celestial, se pronuncian magníficas promesas en relación con la aplicación del Convenio de Abraham para con cada uno de nosotros. El élder Bruce R. McConkie ha explicado que, mientras el bautismo es el convenio de salvación, el matrimonio celestial es el convenio de exaltación. Todas las promesas del sellamiento en el templo tienen que ver con la exaltación, y en ella el Convenio de Abraham es renovado con nosotros.

El recogimiento literal

El recogimiento es literal

Pero, además de esto, el artículo de fe usa la palabra “literal” para indicar que la profecía del recogimiento de Israel es también física, además de espiritual. Además de proporcionar las ordenanzas, el Señor permitirá a Israel recuperar las tierras que le fueron asignadas en las bendiciones dadas a Abraham, Jacob y Moisés a este respecto. Un cumplimiento parcial de esta promesa se dio después de la restauración cuando los judíos llegaron a poseer nuevamente el estado de Palestina, antes llamado Canaán. El profeta Éter explica que la tierra de herencia para la tribu de José es este continente de América. Y bajo la dirección de José, se llevará también la restauración de la tierra a cada una de las tribus, incluso las que hoy se encuentran perdidas entre las naciones.

Las diez tribus perdidas

Por cierto, el élder James E. Talmage comenta, acerca de las Diez Tribus del norte:

“De los pasajes de las Escrituras que se han considerado, claramente se desprende que aun cuando muchos de aquellos que pertenecen a las Diez Tribus están esparcidos entre las naciones, fue llevado un número suficientemente grande, como grupo, para justificar la retención del nombre original; y actualmente está viviendo en algún lugar donde el Señor lo ha escondido. Como se ha dicho antes, después de visitar a los nefitas el Cristo resucitado fue a ellos. Su regreso representa una parte muy importante del recogimiento, una de las características de la dispensación del cumplimiento de los tiempos” (Artículos de Fe, capítulo 18).

El restablecimiento de Sión

Las promesas de las escrituras establecen que, una vez que el pueblo del convenio de Dios expulse la corrupción entre ellos y crezca en santidad podrá ser establecido como el reino de Dios sobre la tierra, es decir, como el pueblo de Sión. A este pueblo, Dios le ha designado ya una capital en el territorio del condado de Jackson, en el estado de Missouri. Y las escrituras también prometen que, cuando llegue ese momento, Sión, la ciudad de santidad edificada por Enoc, descenderá del cielo para reunirse en gozosa unión con la Sión que se edifique en la tierra, lo cual será el establecimiento definitivo del reinado milenial de Jesucristo para toda la tierra.

La renovación de la tierra

Cuando ese momento llegue, la tierra también cambiará, y pasará de la condición telestial que ahora conocemos a la condición más santa de un estado terrestre. A este cambio se le conoce como el estado paradisiaco de la tierra, que es el estado del que gozaba la tierra antes de la caída y que no es la exaltación todavía. El león dormirá con el cordero y el niño jugará con las serpientes sin peligro, porque habrá paz sobre toda la tierra.

La exaltación de la tierra

Esta condición durará mil años, al término de los cuales se librará la última gran batalla entre las fuerzas del bien y del mal. Una vez derrotado Satanás para siempre se llevará a cabo la última resurrección y el juicio final, y es entonces cuando la tierra y aquellos que hayan sido fieles a Dios sobre ella recibirán su gloria definitiva y su exaltación.

Conclusión

Leamos ahora el Artículo de Fe número 10 y comprobemos cómo la explicación anterior nos ayuda a comprender y a recordar mejor sus cuatro elementos:

Artículo de Fe número 10

Creemos en la congregación literal del pueblo de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión (la Nueva Jerusalén) será edificada sobre el continente americano; que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca. (Perla de Gran Precio | Artículos de Fe:10)

Testimonio final

Testifico que el Señor, en su grandiosa misericordia, nos ha hecho nacer en esta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, la última hora dada a la tierra previa a la Segunda Venida, dentro del linaje escogido de Israel y armados con el poder del sacerdocio para el cumplimiento del convenio de Abraham, dentro del plan de salvación. Somos José, somos quienes llevamos a cabo el gran recogimiento. Hemos hecho convenios con Dios y hemos recibido su sacerdocio con el fin de bendecir a las naciones. Y nos preparamos para la venida de Jesucristo y el establecimiento de Sión, el reino de Dios.

La sección 56 de Doctrina y Convenios termina con estas palabras:

18 Pero benditos los pobres que son puros de corazón, cuyos corazones están quebrantados y cuyos espíritus son contritos, porque verán el reino de Dios que viene con poder y gran gloria para libertarlos; porque la grosura de la tierra será suya.

19 Porque he aquí, el Señor vendrá, y con él su galardón; y recompensará a cada hombre, y los pobres se regocijarán;

20 y su posteridad heredará la tierra de generación en generación, perpetuamente. Y ahora termino de hablaros. Así sea. Amén. (Doctrina y Convenios 56:18–20)

Y el himno número 6 nos hace la pregunta:

Israel, Jesús os habla; escuchad al Salvador. Ved romper un alba nueva para el pueblo del Señor. Israel, ¿por qué demoras aún en sendas de error?

Y extiende la gozosa invitación:

A Sión venid, pues, prestos, y cantad a Dios loor.

Que, en el espíritu de este maravilloso artículo de fe, podamos buscar con nuestro corazón y nuestros actos el establecimiento del reino de Dios, para que podamos ser considerados herederos del convenio de Abraham y ciudadanos de Sión, el reino de Dios, es mi oración que dejo con ustedes en el nombre de Jesucristo. Amén.

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