El valor relativo de la arqueología SUD
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El valor relativo de la arqueología en la doctrina SUD

Hace unos días un miembro de la Iglesia llevó a la capilla un libro de arqueología. El libro, profusa y bellamente ilustrado con fotografías de todo el continente, es una propuesta sobre arqueología del Libro de Mormón. Algunos diagramas, como aquel que comparaba las culturas del Libro de Mormón (jaredita-nefita-lamanita) con las culturas prehispánicas, eran ciertamente dignas de estudio. Había otros mapas, y lugares, y fotografías y cosas. Revisamos el libro juntos. Por algunos minutos nos regocijamos, nos sentimos embelezados por las ilustraciones, intercambiamos comentarios, nos elevamos. Después nos retiramos cada uno a su clase de Escuela Dominical y a la atención de nuestros llamamientos.

Los cuatro cajones del conocimiento

Tengo en mi archivero mental cuatro cajones en donde pongo todos los conocimientos conforme los voy adquiriendo. Los cuatro cajones están debidamente rotulados y cada uno de los rótulos empieza con una letra “I”. Los nombres de los cajones son, de arriba hacia abajo

  • Imprescindible”,
  • Importante”,
  • Interesante” e
  • Irrelevante”

Conforme los conocimientos nuevos arriban a mi escritorio, los tomo y los pongo en su cajón. Trato de no dejar ningún conocimiento fuera de su cajón, porque he experimentado el caos que proviene de dejarlos solamente sobre la mesa en completo desorden. Es muy desconcertante. Así que me he echo a la costumbre de asignarlos a un cajón inmediatamente.

El cajón de lo Imprescindible

En el cajón llamado “Imprescindible” coloco todo aquello que pertenece a mi felicidad sobre esta tierra, a la vida eterna y a la exaltación. Entender la expiación de Jesucristo y cómo se aplica a mi persona me parece imprescindible, pues sin ello no podría obtener el perdón de mis pecados, y vaya que lo necesito. Comprender los convenios que he hecho con Dios en cada ordenanza, incluyendo los convenios que hago al tomar la Santa Cena y en el templo me parece imprescindible. Aprender a amar a mi esposa y a mis hijos me parece imprescindible. Allí voy poniendo todos esos conocimientos.

El cajón de lo Importante

Luego tengo otro cajón, el cajón llamado “Importante”, que está inmediatamente por debajo del cajón rotulado “Imprescindible”. Allí voy poniendo lo que me puede ayudar en la actualidad o en un futuro para fortalecer mi carácter y adquirir habilidades nuevas. Por ejemplo, el conocimiento de un manual, o los conocimientos sobre la vida de un profeta me parecen importantes. Es importante para mí saber cómo voy a sobrevivir en un momento de emergencia, aprender a ahorrar o a llevar una agenda. Sin esas cosas no puedo vivir, o al menos no con la misma facilidad, y quiero hacer mi vida fácil. Me parece importante saber todos los detalles que puedo sobre doctrina, pero muchos los coloco aquí y no en el cajón de “Imprescindible”. La razón es que si todo tuviera prioridad uno para mí entonces nada la tendría; además me sería imposible atenderlo, y ciertamente creo que algunas cosas son más importantes que otras. El cajón de “Imprescindible” está reservado a la felicidad y a la vida eterna. Así que algunos conocimientos, como los detalles sobre la vida de un profeta, de los que puedo prescindir y aún así llegar a la exaltación, caen más bien en esta categoría de “Importante”. Y entonces los meto allí.

El cajón de lo Interesante

Abajo de este cajón está el cajón de lo “Interesante”. Lo tengo desbordado, de hecho, lo tengo que escombrar de vez en cuando. Allí pongo las cosas que me llaman la atención. Sobre todo, debo confesarlo, pongo cosas que pueden hacer atractiva mi conversación. Los chistes, los datos estadísticos, las ilustraciones, los relatos. Caray, es impresionante la variedad de lo que tengo allí dentro. Y sí, tengo que escombrar de vez en cuando porque resulta que lo que me pareció interesante en una oportunidad después deja de serlo con el paso del tiempo. De hecho, no recuerdo a veces por qué cierto conocimiento me ha parecido interesante. En esas ocasiones lo interesante es llegar a saber por qué me pareció interesante, y me he llegado a preguntar en qué carambas estaría pensando cuando lo puse en ese sitio. Me he estado volviendo cada vez más selectivo y poniendo allí cosas cada vez de mayor calidad, no siempre, porque a veces me he dejado llevar por alguna ociosidad y tentaciones, pero igual es porque se hacen cada vez más amplios mis intereses. Así que, la verdad, ¿dije de vez en cuando? Tengo que estarlo escombrando todo el tiempo.

El cajón de lo Irrelevante

El último cajón es uno cuyo rótulo dice “Irrelevante”. Allí pongo todo lo que no tiene valor. Es como un inmenso bote de basura. Ese casi no lo escombro. Lo que hago es vaciarlo cuando toca limpieza. A veces rescato alguna cosa y la paso al cajón de “Interesante” y viceversa. Es impresionante la cantidad de conocimientos que me llegan que terminan destinados hacia este cajón; yo creo que son la mayoría. Las cadenas de correos generalmente las paso allí sin abrirlas (sí, es verdad que no las abro, lo siento). La mayor parte de la publicidad allí la destino. A veces la gente me recrimina porque pongo allí mucho de lo que se considera popular, incluso algunas festividades y cosas sociales. Eso me apena, si he de decir la verdad, y tengo que estarle explicando a la gente, pero es porque mis intereses han estado cambiando en una base práctica y me gusta pensar que me estoy haciendo de aspiraciones cada vez más altas. Tengo que disculparme, yo sé que no es lo mismo para todos. He metido allí palabras malsonantes y varios chismes. También algunos datos estadísticos sin interpretaciones claras, varios discursos políticos e incluso algunos datos históricos han venido a parar a este cajón. Lo vacío con cierta frecuencia, incluso lo lavo bien porque algunas cosas que he llegado a meter se ponen pegajosas.

Me he dado cuenta que, con el paso del tiempo, son más las cosas que echo hacia los cajones inferiores y menos hacia los superiores. Las cosas de los cajones superiores se han vuelto también de mayor calidad. Y me he convencido de que no puedo dejar conocimientos fuera de estos cajones, y también me he convencido de la necesidad de escombrar continuamente.

El libro de mi amigo es muy bonito y me gusta bastante. Lo he colocado con gusto en la categoría de “Interesante”.

Por qué la arqueología SUD no es algo Imprescindible

No metí el libro de mi amigo en el cajón de “Imprescindible” porque, cuando armé este archivero, decidí que en ese cajón solamente metería lo que tuviera que ver con mi felicidad en esta tierra y con la exaltación y con la vida eterna. Si bien saber sobre nuestros antepasados y sobre la correlación entre los datos de nuestros historiadores y el Libro de Mormón me parece sumamente atractivo estoy apercibido de que todo ese conocimiento no forma parte de la doctrina de la Iglesia. Las ideas de autores como John L. Sorenson y John W. Welch, por las que siento un ávido y profundo respeto, no son la clase de cosas que expondría en una clase de escuela dominical, porque no son doctrina oficial, sino una aventuración teórica, y me gustaría darle a mis alumnos y oyentes información sobre cosas más ciertas. También, debo reconocer que estas cosas me inquietan pero solo intelectualmente. Me parece un fascinante ejercicio intelectual. Pero no espiritual precisamente. Entonces, como no puedo ver la relación de estos conocimientos con la exaltación, no puedo ponerlos en el cajón de “Imprescindible”. De hecho, no creo que todo mundo tenga por necesidad que poseer esos conocimientos. Me parece que una persona puede llegar perfectamente a la vida eterna sin ellos. Se puede prescindir de ellos. Por lo tanto, me parece que no son imprescindibles.

Por qué la arqueología SUD no es algo Importante

Tampoco metí el libro de mi amigo en el cajón llamado “Importante”. Esto no es porque no sea bueno o deseable. Para mí “importante” y “bueno o deseable” son dos cosas diferentes. Todo está en función de la utilidad. Cuando armé el archivero definí “importante” como “útil para desarrollar mi carácter, mi espiritualidad y mis habilidades”. El libro no me es útil para eso. Concedo, claro está, que mi sentido de la importancia no es universal. Lo que es importante para mí pudiera no serlo para otra persona y viceversa. Por ejemplo, si yo fuera arqueólogo, un libro como este ¡claro que sería importante! Porque sería un conocimiento necesario para el desarrollo de mis habilidades. Y si yo viviese por azar en una de las zonas geográficas mencionadas en el libro sin duda me interesaría más que si no viviera en una de ellas. Si estuviese escribiendo un pequeño ensayo como este me parecería importante, porque si no, ¿sobre qué escribo?

Tampoco estoy diciendo que la investigación sobre geografía no sea importante en el contexto de la Iglesia. Por supuesto que lo es. José Smith escribió que es algo que debe hacerse; investigar nuestro pasado, saber más sobre los pueblos del Libro de Mormón, sacar a luz más cosas. Es importante, es edificante y debe publicarse, y debe hacerse, y qué bueno que existan estos libros y que los lean muchos miembros (y no miembros) de la Iglesia. Pero, en orden de prioridad, me pregunto si todos y cada uno de los miembros de la Iglesia deberían de conocer “geografía mormona” y si es útil para todos. Me pregunto si es algo que servirá para edificar su carácter, su espiritualidad y sus habilidades. Mi respuesta particular es no, por lo menos no podría poner esta atención en un orden de prioridad que ocupe el número uno. Por lo tanto, lo coloqué por el momento en el cajón de “Interesante”, y lo sacaré de allí en cuanto sea más útil para mí de lo que es ahora. La doctrina ocupa en el cajón “Importante” un lugar más digno para mí que la teoría y la especulación en este preciso momento.

Sin embargo, hay un lugar de relevancia para la arqueología SUD en la Iglesia, dentro de ese maravilloso contexto. Si prometen tenerme paciencia haré mi mejor esfuerzo para explicarme.

Hay expertos en técnica pero no en doctrina

Tanto la Biblia como el Libro de Mormón son volúmenes de escritura sagrada, que por ser muy recurridos ocupan un lugar prominente en el cajón de “Imprescindible”. De hecho, están en la misma entrada del cajón y hay que pasar por ellos para llegar a las otras cosas. Yo creo que son libros maravillosos, llenos de cultura y promoción del conocimiento. Hay en ellos cosas increíbles. Aunque tengo la firme seguridad de que sus autores, que fueron simplemente guiados por el Espíritu de Dios, nunca tuvieron el propósito de ayudarnos a cultivar nuestro intelecto. Dejaron ese trabajo a nuestras escuelas y universidades; su propósito fue, más bien, el de cultivar nuestro espíritu, ayudarnos a venir a Cristo y guiarnos hacia lo mejor de lo que vendrá en la eternidad.

Un ejemplo majestuoso de preparación

Admiro mucho el conocimiento y el tacto de Pablo de Tarso. Me encanta, por ejemplo, su discurso de “el Dios no conocido”, en Hechos 17, que le demuestra como un intelectual humilde, como un hombre de estudio meticuloso y, de hecho, como todo un erudito. Admiro también a Isaías, que demuestra un habilidoso manejo experto del lenguaje hebreo. Estoy apabullado por dicha habilidad, y por todo lo que puedo aprender de ella me encuentro agradecido. Igualmente que por David, y ni qué decir de Juan y su conocimiento metafórico. Con todo, no creo que ninguno de ellos quisiese hacer gala o presunción de su conocimiento, sino que pienso que más bien lo usaron para un propósito mayor, y que no escribieron en base a su conocimiento y experiencia, sino que lo hicieron siguiendo el dictado del Espíritu de Dios.

Al entender esto, considero sus conocimientos y habilidades útiles sólo en cuanto a que sirven para ese propósito mayor que persiguieron. ¿Cómo es que los conocimientos de Isaías o de Pablo se usaron para ayudarme a venir a Cristo y a adquirir de él la vida eterna? Este es el punto. Si tuvieron un error al expresarse, y seguramente por ahí lo tuvieron, no quiero empeñarme en buscarlo, y si lo encuentro no me apresuro a criticarlo. Les aprecio más por arriesgarse a pesar de sus errores para mi beneficio. Les considero muy valientes por ello. Para mí, los errores de precisión que hay en las Escrituras, en cuanto uno u otro punto de caracter temporal o intelectual, no invalidan su propósito espiritual y principal que es el que nos lleva a obtener la vida eterna.

Abiertos al cambio

Así que permanezco abierto a la posibilidad de esos errores y de ninguna manera me parecen por ello las Escrituras menos importantes ni estoy dispuesto a removerlas de su posición de “imprescindibles”, porque cumplen a la perfección con su propósito, que es espiritual. Son útiles, son edificantes, son divinas. Cuando las leo siento el Espíritu del Señor, y cuando siento ese Espíritu me edifico y me perfecciono.

Creo que algunos están tan atentos a la ortografía que no pueden leer con claridad ningún libro porque en todo lugar encuentran alguna falta y pierden el mensaje principal. Tan inútil como juzgar un libro por su portada es juzgarlo por la falta de un acento sobre una í, que a lo mejor hasta se trata de un defecto de impresión.

La geografía y el Libro de Mormón

Algunos se preocupan porque es tan difícil ubicar geográficamente los lugares mencionados en el Libro de Mormón. Existen varias posibilidades sobre ello, ninguna concluyente.

A lo largo de mi vida como miembro de la Iglesia he visto a varios miembros emocionarse por un hallazgo arqueológico hasta las lágrimas y blandirlo como la prueba real y contundente de que el Libro de Mormón es verdadero. Aunque al principio me emocioné como todos ellos con el tiempo he aprendido a tomar cierta distancia, al comprender que la edificación que se desprende de ello es relativa. Es que al hablar de arqueología no estamos hablando de la doctrina, sino de la técnica y de la ciencia, una ciencia que, por naturaleza, es del hombre y que es evolutiva y perfectible.

La estela de Izapa: arqueología, no doctrina

imgPor ejemplo, hay muchos miembros que son particularmente “devotos”, podría decirse, hacia la estela de Izapa, la que algunos llaman “la piedra de Lehí”. Hace muchos años un arqueólogo SUD creyó ver en ella a Lehi, rodeado de sus cuatro hijos y en dirección a la figura central del árbol de la vida; una representación del sueño de Lehi. Desde entonces, y en base a nuevos descubrimientos, otros arqueólogos SUD han propuesto otras interpretaciones, incluso poniendo en tela de juicio la primera versión. Esto no es una falta de integridad en la doctrina de la Iglesia, porque se trata de arqueología, no de doctrina, y la arqueología es por naturaleza perfectible. Las teorías del pasado pueden ser rebasadas por nuevas teorías, con base a nuevos descubrimientos. Porque se trata de eso, de teorías, de técnica, de percepción, de interpretación, de opinión. La arqueología es intrínsicamente especulativa. Hacer ciencia es, inevitablemente, especular, en base a los nuevos descubrimientos.

La verdadera prueba del Libro de Mormón

El miembro que reúne esta evidencia con la esperanza de “probar” a sus amigos que la Iglesia es verdadera, o que el Libro de Mormón lo es, sin duda comete un error básico. La doctrina, según lo explicó Jesucristo, se prueba con la obediencia a la doctrina. Las cosas de Dios, según indica la Biblia, sólo se pueden comprender por medio del Espíritu. El intentar “probar” las cosas del Espíritu con evidencia intelectual sólo producirá, en el mejor de los casos, una conversión intelectual, la cual no será suficiente cuando se enfrente a las dificultades y a las pruebas. Porque lo que debe ser puesto a prueba no es el intelecto, sino la fe.

Existe, claro está, un método para probar la fe, parecido al método científico (véase Alma 32). Se trata de experimentar con las cosas y comprobarlas. Pero aún así los resultados son de carácter espiritual y la prueba sólo puede funciona sobre una base individual. Cuando se trata de la fe y de la relación con Dios cada quien, por su propia voluntad, debe hacer su propia prueba. Los datos técnicos probables o aún cuando fueran certeros, no pueden sustituir esta prueba (Eter 12:6).

Es lo mismo, pero al revés

No es el propósito de las Escrituras proporcionar los datos técnicos sino contribuir a la prueba espiritual. Al considerarles sobre una base exclusivamente técnica se les toma, inevitablemente, fuera de contexto.

Por qué cuenta la Biblia con más evidencia

Algunos señalan, y aún reclaman, que la Biblia cuenta con muchos hallazgos geográficos mientras que los hallazgos geográficos precisos sobre el Libro de Mormón son sumamente escasos. A quienes se angustian con esto habrá que recordarles que el tiempo que el Libro de Mormón lleva impreso es muy reciente si se le compara con el tiempo que lleva impresa la Biblia. Y es mucho menor la cantidad de personas que han leido el Libro de Mormón y que han mostrado interés en él. Los investigadores ciertamente han sido pocos.

Sucede con esto como con los libros de la Iglesia. Todo mundo quiere que se traduzcan al español, pero nadie dice yo. Otros, en lugar de aprender inglés, han decidido esperar a que se traduzcan, lo cual, en estas circunstancias, sucederá sin duda en el Milenio. Necesitamos menos críticos, y más investigadores serios, dispuestos a investigar por sí mismos, metiendo las manos a la tierra, en lugar de limitarse a repetir lo que hayan leido. También necesitamos más recursos y más tiempo.

El Instituto Neal A. Maxwell (antes F.A.R.M.S.) se ha dedicado a eso con bastante asiduidad. Hay un puñado de organizaciones más, tanto dentro como fuera de la Iglesia, y SUD como no SUD. Aún así, sus números son muy pocos. Es entonces absurdo esperar que haya tanta evidencia arqueológica sobre el Libro de Mormón como sobre la Biblia. No se ha contado ni con el mismo tiempo ni con los mismos recursos, y es tan simple como eso. Si están dispuestos a esperar a que el Libro de Mormón tenga de publicado lo que lleva la Biblia, y a que tenga la misma difusión, y a que se cuente con los mismos recursos podemos reanudar nuevamente la conversación.

Los puntos fuertes del Libro de Mormón

Pero es curioso observar, en cuanto a datos técnicos, la forma en que la Biblia y el Libro de Mormón son complementarios. Porque lo que a la Biblia le sobra en cuanto a datos geográficos y arqueología le falta en cuanto a referencias cronológicas precisas. Se ha perdido la cronología de eventos y hasta libros enteros, como es el caso del libro de Joel. Y este es precisamente el punto fuerte del Libro de Mormón. Con la bendición de abarcar una historia de sólo 1,024 años (en comparación con los más de 4,000 bíblicos) la cronología del Libro de Mormón está tan profusa y precisamente detallada que se ha podido llevar un seguimiento de ella a pie de página y hacer gráficas y trazar patrones. Pasa eso también en otros renglones, como la genealogía. En el Libro de Mormón las genealogías son muy precisas. En la Biblia se duplican o se traslapan o se llegan a perder segmentos enteros (lo cual es una pista de lo que ha sucedido con la Biblia). Pero centrémonos solamente en el espacio (geografía) y el tiempo (cronología) y podremos contemplar la forma en que el Libro de Mormón y la Biblia son tan complementarios.

Es natural que la Biblia tenga grandes cismas cronológicos, porque el rango de tiempo que abarca es más grande, llegando incluso a una documentación de la Creación y los primeros tiempos, el Génesis. He observado que cuanto más se aleja uno hacia atrás en el tiempo más difícil es documentar con precisión las cosas. Y así, es imposible trazar, con los solos datos técnicos aportados por la Biblia, el tiempo de muchas cosas.

La geografía y la Biblia

Todos los lugares que no encontramos de la Biblia

Para quienes piensen que la Biblia tiene una documentación geográfica perfecta, les invito a documentar la ubicación geográfica de todo lo que se menciona en los primeros capítulos de Génesis, antes de Abraham. Descubrirán que existen tantas teorías sobre geografía y cronología del Génesis como nubes en el cielo. Y que son tan evolutivas como esas mismas nubes. Nuevamente les recuerdo que el propósito de la Biblia no es aportar datos técnicos, sino contribuir a la conversión espiritual. Sin recurrir a la revelación sino solo a los datos técnicos, no podemos saber con certidumbre dónde están ubicados algunos de los ríos del jardín de Edén, dónde estaba la tierra a la que fue expulsado Adán, dónde se ubicaba Nod, dónde vivió Noé y dónde descansó el arca. No sabemos la ubicación precisa de Sodoma y Gomorra. Hay dos ubicaciones posibles en el mapa para Ur de los caldeos, así como hay dos ubicaciones posibles para el monte Sinaí.

De hecho, yéndonos a tiempos más recientes, tampoco tenemos ubicados con precisión algunos lugares del Nuevo Testamento. No sabemos con precisión, por ejemplo, dónde se bautizó Jesucristo, ni dónde fue sepultado.

Con base en la suposición

Se han sacralizado lugares, se han tomado fotos de ellos y se han convertido en lugares turísticos sin una base precisa, basándose solamente en la presunción o en la tradición. Por lo tanto, lo que muchos presumen como un conocimiento cierto sigue siendo en realidad una teoría, y como tal es un conocimiento perfectible. Nuevos descubrimientos nos podrían apuntar mañana a otros lugares y los lugares turísticos de hoy podrían quedar en el polvo y el olvido. Por supuesto, como siempre, habrá intereses que no quieren que pasen esas cosas. Pero la ciencia es la ciencia y la verdad es la verdad, y el afán del hombre por buscar la verdad es insaciable. Como debe de ser.

El valor relativo de la arqueología en la doctrina SUD

Un trato justo al Libro de Mormón

Lo justo es que tratemos al Libro de Mormón al menos de la misma manera en que tratamos la Biblia. Nadie se ha convertido espiritualmente a Jesucristo por haber encontrado la Biblia perfecta en cuanto a datos históricos. No es esa la fuente de su conversión espiritual, y si se han convertido sólo se ha convertido intelectualmente. Pero la conversión que Dios espera es la conversión espiritual, y el propósito de la Biblia no es aportar datos técnicos, sino ayudar al hombre a convertirse a Dios espiritualmente y alcanzar la felicidad y la vida eterna. Lo mismo sucede con el Libro de Mormón. Lo importante, dice Nefi, son las cosas del Espíritu.

Retorno a la humildad

Algunos sentirán su fe debilitada al contemplar lo mucho que nos falta por conocer en cuanto a datos técnicos y arqueológicos (porque en ello descansa su fe). Otros, por el contrario, sentirán su fe fortalecida al comprender la forma en que Dios nos protege para enfocarnos más en las cosas del Espíritu. Y se sentirán más libres para acercarse a Dios en la forma y por las causas correctas.

Luego, ¿deberíamos descartar toda investigación técnica o tecnológica? ¡No, claro que no, por el contrario! Deberíamos hacer más y más de estas investigaciones y buscar la bendición de Dios, para poder tener en un futuro el cuadro completo de las cosas. Pero no debemos hacer a Dios esperar por nuestra conversión hacia Él todo ese tiempo. Porque, en orden, primero viene, lo Imprescindible, luego lo Importante, después lo Interesante y hasta el último lo Irrelevante.

Yo creo que, en un mundo repleto de la búsqueda de cosas autoevidentes y de píldoras y soluciones rápidas, nos vendría bien y sería muy saludable vencer nuestra soberbia y tener un retorno a la humildad. Reconocer que Dios sabe todas las cosas y las revelará en su propio y su debido tiempo. Y que muchas de las cosas de Dios se pueden alcanzar mejor por Sus medios, no los nuestros; como por ejemplo, por el inefable don de la revelación. Y sé lo difícil que es comunicar lo que Dios revela al alma, pero una vez que se tiene es, para quien lo posee, algo tan cierto y tan real como aquello que se nos da a conocer por los sentidos. Haríamos bien en no subestimar tan intestimable sentido y don espiritual. Porque, ¿bajo qué base pretendemos conocer más que Dios sobre las cosas, y pretender limitarlo a Él a nuestros medios? Sus canales de comunicación con el hombre han sido perfectos desde el inicio de los tiempos.

Si nosotros nos sujetamos a Él, si lo servimos y si vivimos a Su manera, estos sentidos se despiertan en nosotros y nos hacemos sensibles a los susurros de Su Espíritu Santo. Una vez despertada esa sensibilidad el gozo es continuo, mientras que el sentido de la competencia y el orgullo espiritual aniquila esos sentidos y nos hace egoístas e insensibles, negando la experiencia que aún no conocemos, pero que otros, los que en verdad siguen a Dios, disfrutan de manera cotidiana, como parte de una forma de vida.

Aquellos gobiernos que han pretendido suprimir o proscribir la espiritualidad en el hombre no han podido subsistir a la prueba de la historia, que repite una y otra vez esta lección: que la espiritualidad es parte inherente del hombre y que el reconocimiento de la vida espiritual es la única forma de garantizar la felicidad humana. Dios, que sabe todas las cosas, eleva nuestra perspectiva de la felicidad aún a un plano mayor: el del gozo de la felicidad eterna.

Lo quiero en mi archiverito

Me ha costado trabajo mantener mi archivero en orden, pero ¡cómo le he tomado cariño! Me ayuda a enfocarme en las cosas en su debida prioridad. Trato de mantener la mayor parte del tiempo en los primeros dos cajones, y, cuando Dios me regala para mi descanso un poco de tiempo libre, me deleito en contemplar lo que tengo en el cajón de Interesante.

Creo que iré hoy a visitar a mi amigo. Tiene un libro que me gusta mucho. Sin duda es bastante digno de ponerlo en mi cajón de “Interesante” y contemplarlo un rato, un largo rato, para mi deleite intelectual. Quiero también mucho a mi amigo, y me deleito con él. Es posible que, partiendo de allí, terminemos platicando sobre algunos asuntos que van en el cajón de lo “Importante”.

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