¿Qué es una asamblea solemne?

Una asamblea solemne es una reunión sagrada celebrada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, de importancia especial e histórica. La mayoría de las veces la asamblea solemne se celebra en una conferencia general después de que un nuevo presidente de la Iglesia comienza su servicio. En estas reuniones, los Santos de los Últimos Días de todo el mundo se reunen para mostrar su apoyo al nuevo presidente de la Iglesia y a otras personas incluidas como líderes mundiales de la Iglesia. Todos los miembros mayores de 8 años de edad participan en estas asambleas.

Propósitos de una asamblea solemne

Las asambleas solemnes se celebran en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días con tres propósitos especiales:

  1. Sostener a las Autoridades Generales de la Iglesia. Poco después de la muerte de un presidente de la iglesia, la Iglesia celebra una asamblea solemne en el Centro de Conferencias de Salt Lake para aprobar y sostener al profeta recién ordenado y a la nueva Primera Presidencia. Los miembros de la iglesia participan en el Tabernáculo y en otros lugares donde se transmiten los procedimientos.
  2. Dedicar templos nuevos o restaurados. Los miembros dignos de la Iglesia asisten a servicios de dedicación, que se llevan a cabo en los templos mismos y en otras instalaciones cercanas. En ocasiones, los centros de estaca han servido como extensiones del templo para que los miembros de todo el mundo puedan presenciar la dedicación reunidos en asamblea solemne.
  3. Instruir y alentar a los miembros de la Iglesia en sus responsabilidades. Este tipo de asambleas solemnes se lleva a cabo en los templos o en centros de estaca. Los miembros de la iglesia invitados a estas asambleas generalmente son líderes del sacerdocio.

Asambleas solemnes en el Antiguo Testamento

La Biblia describe reuniones especiales del pueblo de Israel que tienen la forma de asambleas solemnes. Israel se reunía solemnemente en el día de la fiesta de la Pascua (Éxodo 23:14–17, Deuteronomio 16: 8, 16) y el octavo día de la Fiesta de los Tabernáculos (Levítico 23:33–36; Nehemías 8:18). La dedicación del Templo de Salomón ocurrió durante la última fiesta (2 Crónicas 5: 2–3, 7: 9–11).

El carácter sagrado de la asamblea solemne

El carácter sagrado de la asamblea solemne es enfatizado en el capítulo 23 de Levítico:

36 Durante siete días ofreceréis ofrenda encendida a Jehová; el octavo día tendréis santa convocación y ofreceréis ofrenda encendida a Jehová. Es asamblea solemne; ningún trabajo servil haréis.
37 Estas son las fiestas solemnes de Jehová, que proclamaréis como santas convocaciones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda de grano, sacrificio y libaciones, cada cosa en su día,
38 además de los días de reposo de Jehová, y además de vuestros dones, y además de todos vuestros votos y además de todas vuestras ofrendas voluntarias que deis a Jehová. (Antiguo Testamento, Levítico 23:36–38 • AT, p. 215)

Asamblea solemne en la dedicación del templo de Salomón

Para la dedicación del templo de Salomón también se convocó una asamblea solemne. Este es un ejemplo de asamblea solemne que se lleva a cabo para la dedicación de un templo.

Y al octavo día hicieron una asamblea solemne, porque habían hecho la dedicación del altar durante siete días, y habían celebrado la solemnidad durante siete días. (Antiguo Testamento, 2 Crónicas 7:9 • AT, p. 724)

Asamblea solemne para la instrucción del pueblo de Dios

De manera similar, Esdras llevó a cabo una asamblea solemne durante la lectura del libro de la ley, después del retorno de los judíos a su tierra tras la cautividad en Babilonia. Este es un ejemplo de asamblea solemne que se lleva a cabo para la instrucción del pueblo de Dios.

17 Y toda la congregación que volvió de la cautividad hizo enramadas y en enramadas habitó, porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo alegría muy grande.
18 Y leyó Esdras en el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer día hasta el último; e hicieron la fiesta solemne durante siete días, y al octavo día hubo una asamblea solemne, conforme al decreto. (Antiguo Testamento, Nehemías 8:17–18 • AT, p. 804)

El profeta Joel también solicitó que se convocara una asamblea solemne para unificar el arrepentimiento de todo el pueblo:

15 Tocad trompeta en Sion; consagrad un ayunoconvocad una asamblea solemne.
16 Reunid al pueblo; santificad la reunión. Juntad a los ancianos; congregad a los niños y a los niños de pecho; salga de su cámara el novio y de su tálamo la novia.
17 Entre la entrada y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo y no entregues al oprobio tu heredad para que las naciones no se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: ¿Dónde está su Dios?
18 Y Jehová tendrá celo por su tierra y perdonará a su pueblo. (Antiguo Testamento, Joel 2:15–18 • AT, p. 1439)

Asambleas solemnes en la era moderna

En la actualidad, al ser restaurado el evangelio, el Señor ha mandado nuevamente a su pueblo convocar asambleas solemnes en varias ocasiones. Doctrina y Convenios 88 es la revelación conocida popularmente como “La hoja de olivo”. El encabezado de esta sección explica que “la revelación se dio después que ciertos sumos sacerdotes oraron en una conferencia “por separado y en voz alta al Señor con el fin de que Él nos revele Su voluntad concerniente a la edificación de Sion”. En parte de su respuesta, el Señor solicitó repetidamente la convocatoria a una asamblea solemne.

70 Deteneos, deteneos, en este lugar, y convocad una asamblea solemne de aquellos que son los primeros obreros en este último reino.
71 E invoquen al Señor los que han sido amonestados por ellos en sus viajes, y mediten en sus corazones, por una corta temporada, la amonestación que han recibido. (Doctrina y Convenios 88:70–71 • DyC, p. 193)

Más adelante, en la misma sección, el Señor reitera la exhortación.

Por tanto, de cierto os digo, mis amigos, convocad vuestra asamblea solemne como os he mandado.
118 Y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe. (Doctrina y Convenios 88:117–118 • DyC, p. 197–198)

Al preparar espiritualmente al pueblo para la edificación del templo de Kirtland, el Señor explicó la razón del énfasis de esta exhortación.

5 Mas he aquí, de cierto os digo que hay entre vosotros muchos que han sido ordenados, a quienes he llamado, pero pocos de ellos son escogidos.
6 Los que no son escogidos han cometido un pecado muy grave, pues andan en tinieblas al mediodía.
7 Y por esta causa os di el mandamiento de convocar vuestra asamblea solemne, a fin de que vuestros ayunos y vuestros lamentos suban a los oídos del Señor de Sabaot, que interpretado quiere decir el creador del primer día, el principio y el fin. (Doctrina y Convenios 95:5–7 • DyC, p. 212)

Esto es muy semejante a la llamada al arrepentimiento por parte del profeta Joel, en el Antiguo Testamento.

Dos años más tarde, en una revelación dada a Lyman Sherman, el Señor le instruye esperar con paciencia su ordenación, que debería hacerse en la ocasión de una asamblea solemne (DyC 108:4). Dicha asamblea solemne se realizó para la dedicación del templo de Kirtland, como se menciona en la oración dedicatoria para este templo:

6 Y en vista de que has declarado en una revelación, dada a nosotros, en la cual nos llamas tus amigos, diciendo: Convocad vuestra asamblea solemne como os he mandado;
7 y por cuanto no todos tienen fe, buscad diligentemente y enseñaos el uno al otro palabras de sabiduría; sí, buscad palabras de sabiduría de los mejores libros; buscad conocimiento, tanto por el estudio como por la fe;
8 organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios;
9 para que vuestras entradas sean en el nombre del Señor; vuestras salidas sean en el nombre del Señor; y todas vuestras salutaciones sean en el nombre del Señor, con las manos extendidas hacia el Altísimo.
10 Y ahora, Padre Santo, te rogamos que nos ayudes con tu gracia a nosotros, tu pueblo, al convocar nuestra asamblea solemne, a fin de que se haga para honra tuya y para tu divina aceptación;
11 y de una manera que seamos considerados dignos, ante tu vista, de lograr el cumplimiento de las promesas hechas a nosotros, tu pueblo, en las revelaciones que se nos han dado;
12 para que tu gloria descanse sobre tu pueblo y sobre esta, tu casa, que ahora te dedicamos, a fin de que sea santificada y consagrada, y para que tu santa presencia esté continuamente en ella;
13 y para que todas las personas que pasen por el umbral de la casa del Señor sientan tu poder y se sientan constreñidas a reconocer que tú la has santificado y que es tu casa, lugar de tu santidad. (Doctrina y Convenios 109:6–13 • DyC, p. 257–258)

Por mandato del Señor, el profeta José Smith convocó una asamblea solemne el 27 de marzo de 1836 en el Templo de Kirtland y en una escuela cercana. Hablando de la ordenanza del lavamiento de los pies, el Profeta instruyó sobre esta reunión.

“No podéis ahora comprender la ordenanza por la que estáis tan ansiosos, ni la pudo explicar Gabriel para el entendimiento de vuestras oscuras mentes, pero esforzáos para estar preparados en vuestros corazones, sed fieles en todas las cosas, para que cuando nos reunamos en asamblea solemne, es decir, cuando Dios nombre a los miembros oficiales que se deberán reunir, debemos estar enteramente limpios… El orden de la casa de Dios ha sido y siempre será el mismo, aún después que Cristo venga; y después que terminen los mil años, será igual; y finalmente entraremos al reino celestial de Dios y gozaremos de él para siempre.” (Historia de la Iglesia, vol. 2 pág. 308–309.)

Durante la reunión, los santos sostuvieron a José y a otros líderes de la Iglesia en sus llamamientos, José ofreció la oración dedicatoria para el nuevo templo, y los líderes de la Iglesia se instruyeron unos a otros y dieron testimonio, lo que condujo a una gran efusión del Espíritu de Dios (D. y C. 88 : 70; 108: 4; HC 2: 410 – 28).

En la tan esperada asamblea solemne en el templo, muchas personas tuvieron poderosas experiencias espirituales, las cuales afirmaron que fueron una investidura de poder. José Smith escribió: “El Salvador se apareció a algunos, mientras que ángeles ministraron a otros, y ciertamente fue un Pentecostés y una investidura que se recordará por mucho tiempo, porque el sonido se extenderá a todo el mundo desde este lugar, y los acontecimientos de este día se transmitirán sobre las páginas de la historia sagrada a todas las generaciones, como el día de Pentecostés”. Otras manifestaciones y visiones acompañaron la dedicación del Templo de Kirtland esa misma semana (Matthew McBride y James Goldberg, Revelaciones en contexto).

Los primeros lavamientos y unciones fuera de la Escuela de los Profetas tuvieron lugar en una asamblea solemne efectuada en el templo.

Los posteriores lavamientos y unciones, incluso el lavamiento de pies, formaron parte de los preparativos para la asamblea solemne que tuvo lugar en el recién dedicado Templo de Kirtland, y estos lavamientos fueron una importante característica de la asamblea solemne en sí. (Matthew McBride y James Goldberg, Revelaciones en contexto).

Una revelación recibida en Nauvoo indicaba que el templo sería el lugar designado para la celebración de las primeras asambleas solemnes en la Iglesia restaurada del Señor Jesucristo.

38 Porque por esta causa le mandé a Moisés que construyera un tabernáculo, para que lo llevaran consigo por el desierto, y que construyera una casa en la tierra de promisión, a fin de que se revelaran las ordenanzas que habían estado ocultas desde antes que el mundo fuese.
39 Por tanto, de cierto os digo que vuestras unciones y lavamientos, y vuestros bautismos por los muertos, y vuestras asambleas solemnes y memoriales para vuestros sacrificios por medio de los hijos de Leví, y para vuestros oráculos en vuestros lugares santísimos en donde recibís conversaciones, y vuestros estatutos y juicios, para el principio de las revelaciones y fundamento de Sión, y para la gloria, honra e investidura de todos sus habitantes, son conferidos mediante la ordenanza de mi santa casa, que a mi pueblo siempre se le manda construir a mi santo nombre. (Doctrina y Convenios 124:38–39 • DyC, p. 287–288)

El mandamiento de convocar asambleas solemnes para ocasiones especiales se dispuso de manera permanente con las siguientes palabras:

4 Por tanto, preparaos, preparaos, oh mi pueblo; santificaos, juntaos vosotros, oh pueblo de mi iglesia, sobre la tierra de Sion, todos vosotros a quienes no se ha mandado permanecer.
5 Salid de Babilonia. Sed limpios los que lleváis los vasos del Señor.
6 Convocad vuestras asambleas solemnes y comunicaos a menudo los unos con los otros. Invoque todo varón el nombre del Señor. (Doctrina y Convenios 133:4–6 • DyC, p. 318)

Las asambleas solemnes en la actualidad

Este mandamiento de convocar asambleas solemnes se ha cumplido al seguir la enseñanza de que “todas las cosas se hagan de común acuerdo en la iglesia, con mucha oración y fe” (Doctrina y Convenios 26:2). En las ocasiones en que fallece un presidente de la Iglesia, el nuevo profeta es sostenido en la Iglesia en armonía con esta ley del común acuerdo. Se presenta a la membresía mundial a la nueva Primera Presidencia y los miembros tienen oportunidad de sostenerle en forma sagrada, tal como se relata en el libro de Éxodo cuando Moisés “le contó a la gente todas las palabras del Señor” y “el pueblo respondió con una sola voz” (Éxodo 24:3).

En la ocasión del sostenimiento del Presidente Gordon B. Hinckley, el élder David B. Haight explicó el orden que se sigue en el sostenimiento de un nuevo presidente de la Iglesia.

En las asambleas solemnes se sigue un modelo que las distingue de otras reuniones generales de la Iglesia en las que se hace el sostenimiento de oficiales. Ese modelo, que fue establecido por el profeta José Smith, consiste en que los quórumes del sacerdocio, empezando por el de la Primera Presidencia, se ponen de pie y, levantando la mano derecha, manifiestan su disposición a sostener al Presidente de la Iglesia como Profeta, Vidente y Revelador, no sólo con ese acto sino también con su confianza, su fe y sus oraciones. Los quórumes del sacerdocio de la Iglesia dan su voto de esa manera. Después, todos los miembros se ponen de pie y hacen la misma manifestación. Los otros lideres de la Iglesia se sostienen de igual manera en sus llamamientos respectivos. (”Las Asambleas Solemnes”, Elder David B. Haight, Conferencia General de octubre de 1994).

El élder Haight también enfatizó el carácter de convenio de este sostenimiento.

Cuando sostenemos al Presidente de la Iglesia con la mano levantada, no solo reconocemos ante Dios que el es el poseedor legal de todas las llaves del sacerdocio, sino que también hacemos convenio con Dios de que obedeceremos la dirección y los consejos que recibamos por medio de Su Profeta. Este es un convenio solemne… La primera asamblea solemne tuvo lugar en el Templo de Kirtland, el 27 de marzo de 1836. El profeta José Smith registro que, después de seguir el procedimiento de votación que he descrito, “les profetice a todos que si sostenían a esos hombres en sus llamamientos … el Señor los bendecirá … [y] en el nombre de Cristo, recibirían las bendiciones del cielo” (History of the Church, 2:418). (”Las Asambleas Solemnes”, Elder David B. Haight, Conferencia General de octubre de 1994).

El presidente Gordon B. Hinckley explicó al año siguiente:

La práctica del sostenimiento es mucho mas que el rito de levantar la mano; es el compromiso de sostener, de apoyar y de ayudar a quienes han sido elegidos. (”Esta obra está dedicada a la gente”, Pte. Gordon B. Hinckley, Conferencia General de abril de 1995).

Algunas dedicaciones de templos sumamente relevantes, como la dedicación del templo de Nauvoo, congregaron a la Iglesia en forma mundial, sirviendo las estacas como extensiones sagradas del templo en esas ocasiones, para que todos los miembros dignos pudiesen participar de esta dedicación.

Bibliografía

  • Encyclopedia of Mormonism, “Solemn Assemblies”
  • Matthew McBride y James Goldberg, Revelaciones en contexto, (Matthew McBride; James Goldberg, 2016).
  • “La Asamblea Solemne y el sostenimiento de oficiales de la Iglesia”, Liahona, julio de 1986, pág. 68.
  • Bruce R. McConkie, Doctrina Mormona, “Lavamiento de los pies”.
  • “Las Asambleas solemnes”, élder David B. Haight, conferencia general de octubre de 1994.
  • Mormon Newsroom, ”Solemn Assembly”
  • LDS Living, ”Everything You Need to Know About the Solemn Assembly This Conference”
  • ”Esta obra está dedicada a la gente”, Pte. Gordon B. Hinckley, Conferencia General de abril de 1995.

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