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    ID de entrada: 26149
    James E. Talmage

    En la antigüedad estaba prohibido perjurarse o hacer juramentos, sino cuando era necesario entrar en convenio solemne con el Señor; pero en la dispensación del evangelio, el Maestro prohibió el juramento en cualquier forma, y explicó la atrocidad de jurar en vano. Grande pecado era, y por cierto aún lo es, jurar por el cielo, que es el trono de Dios; o por la tierra, creación suya, y la cual El llama el estrado de sus pies; o por Jerusalén, considerada por aquellos que juraban como la ciudad del gran Rey; ni aun por la propia cabeza de la persona, porque es parte del cuerpo que Dios ha creado. Prescribiéronse la moderación, la firmeza y la sencillez en la forma de hablar, así como la exclusión de voces expletivas, blasfemias y juramentos.

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