Las mujeres que seguían a Jesús

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    Durante su ministerio en la tierra, Jesús tuvo un trato especial hacia las mujeres. Muchas de ellas se organizaron para servirle y ayudarle durante su misión. Estas fueron las mujeres que seguían a Jesús.

    Introducción

    Jesús acababa de comer en la casa de un fariseo llamado Simón que, arrogante y lleno de prepotencia, se mostró despectivo hacia la mujer que, llegada de la calle, suplicaba el perdón del Señor con lágrimas. El Salvador aprovechó entonces para dar una sublime demostrasión de compasión, de tolerancia, de aliento y de perdón (ver Lucas 7:36-50). Tras de ello, desafió aún más las costumbres de la época al difundir su mensaje rodeado de un equipo conformado de manera sumamente selectiva y especial.

    Pasaje base

      El grupo de mujeres que seguían a Jesús

    1 Y aconteció después, que Jesús caminaba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él,
    2 y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios,
    3 y Juana, mujer de Chuza, mayordomo de Herodes, y Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

    Lucas 8:1-3

    Las mujeres que eran parte del discipulado

    De acuerdo con este pasaje de Lucas, las mujeres que seguían a Jesús viajaron con él junto con los doce y el resto de los discípulos. Podemos imaginar el tamaño de la logística y la organización: Jesús marcando el itinerario; los setenta abriendo el camino; los doce acompañándole, sirviendo y organizando; el creciente conjunto de discípulos partiendo con él o recibiéndole y, formando un grupo distinto, pero caracterizado por una indisoluble unidad, las mujeres que habían sido sanadas por él y que, en agradecimiento y devoción, habían tomado la decisión de aceptar sus enseñanzas y de ofrendarle su vida entera a través del servicio.

    Estas mujeres no tenían una característica común previa. Eran casadas o solteras, ricas o pobres, bien posicionadas o destituídas, citadinas o aldeanas, virtuosas o pecadoras que con toda firmeza de carácter habían realizado los ajustes necesarios en sus vidas para ser dignas de ser nombradas como discípulas de Jesucristo. Lo común en ellas, sin embargo, y lo sublime de su acción y de su ejemplo, era el ser dedicadas hasta la consagración. Las que tenían bienes los colocaron de inmediato al servicio del reino de Dios. A juzgar por el ejemplo de la suegra de Pedro y de Marta y María, podemos considerar que también sus residencias y propiedades estuvieron más de una vez siendo usadas para este servicio.

    Al seguir a Cristo como lo hicieron, estas mujeres siguieron el modelo con el que fueron llamados los primeros discípulos de Jesucristo (Lucas 5:27-28; Mateo 4:19; Marcos 1:18; Lucas 5:11). Porque el seguir a Jesucristo significa convertirse en su discípulo y esta fue la invitación con el que el Señor se dirigió sin distinción a todos.

      Requisitos para seguir a Jesús

    Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día y sígame.

    Lucas 9:23

    Cinco momentos cruciales

    Para la preparación de este artículo me he tomado el privilegio de analizar todos los listados en que estas magníficas hermanas aparecen listadas por nombre, según los relatos de cada uno de los cuatro evangelistas. Nadie puede revisar esos listados sin apreciar de inmediato la sabia y silente preparación que el Señor impuso sobre ellas para ayudarles a desarrollar su testimonio. Bajo la paciente influencia del Maestro las mujeres, sin siquiera proponérselo, llegaron a convertirse en importantes testigos de al menos cinco momentos cruciales en el ministerio del Señor.

    1. Se convirtieron en testigos de su ministerio en Galilea. Viajaron con él “por todas las ciudades y aldeas” de Galilea, le recomendaron, le sirvieron, contemplaron sus milagros y fueron escuchas directos de sus enseñanzas.
    2. Se convirtieron en testigos de su crucifixión. Estuvieron presentes, ya sea en el camino al Gólgota, ya sea mirando desde lejos la crucifixión o bien al pie mismo de la cruz, desde donde Cristo les dedicó algunas de sus últimas palabras.
    3. Se convirtieron en testigos de su sepultura. Acompañaron al comité masculino para la preparación previa del cuerpo y la sepultura, a fin de ubicar con precisión el lugar donde sería sepultado, pensando en regresar a los dos días para culminar el cuidado del cuerpo.
    4. Se convirtieron en testigos de su resurrección. Creyendo aún en la muerte como una realidad inevitable fueron las primeras en enfrentar la ruptura del paradigma universal al contemplar con sus ojos la tumba vacía, a los ángeles y al Salvador resucitado, quien les comisionó para ser las primeras en anunciar la realidad de su resurrección.
    5. Dieron testimonio a los apóstoles. Fueron testigos a los testigos, mensajeras a los mensajeros, ángeles a los ángeles, honradas como las primeras en dar el más majestuoso de todos los testimonios que se han revelado al hombre sobre la tierra: el testimonio de un evento sin precedentes y de repercusiones inconmesurables.

    Cinco mujeres especiales

    El listado de los nombres que se obtienen al correlacionar los pasajes de los evangelistas es el siguiente. En esta tabla pongo “palomita” a las mujeres que son mencionadas por nombre en cada uno de estos cinco eventos relevantes que he mencionado, aunque esto no significa que las demás no hayan estado presentes. Simplemente, los evangelistas hacen mención especial, en cada ocasión separada, de sólo dos o tres de ellas.

    Mujeres que seguían a Jesús

    Los listados de los evangelistas hacen notar que estas no fueron las únicas mujeres que siguieron a Jesús, sino las más destacadas o dignas de mención, agrupando a las demás de forma colectiva con las palabras “otras muchas” o, simplemente “las mujeres”.

    Otras mujeres notables

    Y es que a este conjunto de nobles mujeres que aparecen en los listados principales tenemos que agregar otro conjunto que, aunque mencionadas de manera menos frecuente, tuvieron una gran influencia en el apoyo al ministerio de Cristo.

    • Estoy pensando en María, la madre de Cristo, que, con riesgo de su vida, sin duda le apoyó durante toda su formación y que le acompañó con amor y con fidelidad hasta la muerte (Lucas 2:34-35; Juan 19:25).
    • Pienso en la suegra de Pedro, que fue sanada por él y que, muy probablemente, le brindó hospedaje por un tiempo considerable (Mateo 8:14; Mateo 17:24-25).
    • Pienso en la esposa de Pedro, que fue fiel a la causa de Cristo y a su esposo, acompañándole en sus viajes y ofrendando, finalmente, su vida como mártir por causa de su inmenso amor.
    • Pienso en nuestras queridas Marta y María, que brindaron cobijo al Señor en varias ocasiones, otorgándole solaz y refugio en su casa de Betania, lugar cercano a Jerusalén, especialmente durante la última semana de su ministerio.

    Y aún a este segundo conjunto habría que agregar un tercero, constituido por aquellas mujeres que fueron directamente beneficiarias de sus milagros, tales como la viuda de Naín, la mujer sirofenicia, la samaritana junto al pozo, la mujer enferma de flujo de sangre, la pecadora en casa de Simón el fariseo y tantos, tantos casos más. Cada uno de estos episodios era un caso singular y un enfrentamiento con la sesgada cultura popular. El solo hecho de que Jesucristo se acercara a tantas mujeres, les aceptara como discípulos y se dejara seguir por ellas era ya un hecho insólito. Sin duda, muchas de ellas aceptaron agradecidas la oportunidad de convertirse en discípulos y se incluyen entre las “otras muchas” mujeres mencionadas por Lucas y el resto de los evangelistas.

    La mitad de la ministración de Jesús se dirigió a la atención de la mujer


    Jerrie Hurd
    Autor independiente SUD

    “Otras mujeres creyentes buscaron a Jesús de vez en vez durante su ministerio. Con estas mujeres el Salvador interactuó dinámicamente. Si necesitaban ser sanadas él las sanaba; si se arrepentían les perdonaba. Si les faltaba luz, les enseñaba. Significativamente, casi la mitad de sus ministraciones terrenales se dirigieron primeramente a las mujeres”


    Jesucristo se dirigió a un cuarto conjunto de escuchas, menos distinto, para declararles una profecía mientras arrastraba pesadamente la cruz hacia el Calvario. Estas no eran las mujeres que le habían acompañado en sus viajes desde el norte del país, sino las habitantes de la ciudad del sur en que ahora se encontraba. Jesús se dirigió a ellas lleno de compasión y simplemente les llamó, en colectivo, las “hijas de Jerusalén”.

    Una organización femenina en el meridiano de los tiempos

    Cuando uno lee cada uno de los listados de los evangelistas por separado es difícil identificar todos los nombres que en ellos aparecen. Esto es debido a que sólo se mencionan dos o tres mujeres cada vez y a veces por sus características y no por sus nombres. Por curiosidad he puesto lado a lado los nombres que se obtienen de los listados principales, en el mismo orden en que son mencionados, obteniendo el resultado siguiente:

    Marcos 15:40-41;María MagdalenaMaría de CleofasSaloméOtras muchas
    Marcos 16:1María MagdalenaMaría de CleofasSalomé 
    Mateo 27:55-56María MagdalenaMaría de CleofasSalomé 
    Mateo 28:1María MagdalenaMaría de Cleofas  
    Lucas 8:1-3María MagdalenaJuanaSusanaOtras muchas
    Lucas 24:8-10María MagdalenaJuanaMaría de CleofasLas demás con ellas
    Juan 19:25María, madre de CristoLa hermana de MaríaMaría de CleofasMaría Magdalena

    Supongo que, con solo observar la tabla anterior, son muchas las conclusiones que vienen de inmediato a tu mente, y me gustaría conocerlas. Las mías son las siguientes:

    • El orden que se sigue en todos los listados es demasiado preciso y consistente como para ser casual.
    • Excepto en Juan 19:25 (que ya después revisaremos, porque ese pasaje es todo un caso), María Magdalena aparece siempre en primer lugar, seguida de María de Cleofas, conocida también simplemente como “la otra María”. El orden distinto en Juan 19:25 se puede explicar por la prioridad brindada en el pasaje a la madre de Cristo (el pasaje completo es aquel en donde el cuidado de María de Nazaret le es encomendado al apóstol Juan).
    • Se observa el énfasis, pues, que se hace en sólo cinco nombres, ordenados siempre en la misma secuencia, tras de lo cual se nombra a las demás mujeres simplemente como “otras muchas” o “las demás con ellas”.

    ¡Ésta situación, la de nombres que aparecen siguiendo el mismo orden en los listados de los evangelistas es la misma que también se observa cuando se consideran los nombres de los doce apóstoles de Jesucristo!

    No sé si alguien coincida conmigo, pero, para mí, esta uniformidad sólo me da una idea precisa que se refleja en una sola palabra: organización. Y es que, de acuerdo con la costumbre que, de hecho, se observa a lo largo de todas las Escrituras, al mencionar los grupos se menciona siempre de manera destacada y distinta a sus líderes. Este señalamiento, por sí solo, debería contribuir a la resolución de distintos planteamientos importantes… y abrir otros. A estas mujeres se les dio la oportunidad de aprender, de servir, de organizarse y de crecer bajo la dirección del sacerdocio. Considerando las múltiples restricciones sociales impuestas a la mujer en la sociedad de aquellos tiempos, ¡cuánto ha crecido mi aprecio por el valiente ejemplo de nuestro Salvador Jesucristo!

    Este artículo sobre las mujeres que seguían a Jesús bien podría haberse llamado “Una Sociedad de Socorro en el meridiano de los tiempos”. Pero eso sonaría muy personal y no quiero ser demasiado atrevido. Baste con afirmar que la organización de las mujeres que seguían a Jesús es, sin duda, un gran antecedente a la Sociedad de Socorro de tiempos modernos.

    Las mujeres principales al servicio de Jesús, una por una

    En los próximos artículos estaré abordando contigo el estudio de lo que sabemos de cada una de estas mujeres y de los momentos relevantes en que acompañaron al Salvador y le sirvieron, para acompañarles en su preparación como testigos. El conjunto completo de estos artículos podrá encontrarse en la serie “Las mujeres que siguieron a Jesús”. Ya he dedicado un artículo a la esposa de Pedro y otro al descubrimiento de la identidad de “la otra María”. Nos falta la revisión de la influencia de María Magdalena, Juana, Salomé, Susana y, ¿por qué no?, también de nuestras amadas Marta y María, que con tanto valor sirvieron a Cristo. La vida de María, madre de Cristo, es un tema que merece otro tipo de tratamiento y atención, por lo que no la incluiré en esta serie.

    El caso de Susana

    Una excepción solamente: me adelanto con la vida de Susana, porque es demasiado sencilla. Su nombre sólo aparece en el pasaje tomado como base de este artículo, Lucas 8:1-3. Fuera de su nombre no conocemos nada sobre ella. (Un grupo musical mexicano, “La Onda Vaselina”, cantaba hace unos años que ella tenía un ratón, pero esto es todo lo que puede averiguarse sobre ella. J Es broma, por supuesto. Perdón, no pude aguantarme. :)).

    El amor de Jesucristo por la mujer

    Lucas es un evangelista especial, que se caracteriza por el acercamiento personal a Jesucristo, detallando los eventos más conmovedores. El evangelio de Lucas es el evangelio donde aparecen más escenas del trato de Jesucristo con las mujeres. Pero no por ello los demás evangelistas dejan de relatar ocasiones especiales. Juan, en particular, es asombrosamente detallado en lo concerniente al testimonio de la resurrección.

    En todas las ocasiones, en todas las circunstancias, Jesús dio a las mujeres un trato especial, aún cuando entraba en confrontación con las costumbres de la época. Así es que los mismos discípulos se sorprendieron escandalizados cuando le vieron dirigiéndole la palabra a una mujer, junto a un pozo. ¡Una mujer, y además, samaritana! Y no menos sorprendente es que haya sido tocado por una mujer con flujo de sangre, algo sobre lo que pesaba una restricción en la ley de Moisés y, ¡en vez de ser sancionada, esta fue curada por completo! No había forma de presentar una objeción ante la evidencia incombatible del milagro efectuado y, sin embargo, ¡cuán perturbadora era esta evidencia! No puede hacer más que traer a la memoria el pasaje de 2 Nefi:

      Jesucristo invita a todos a venir a él

    Porque ninguna de estas iniquidades viene del Señor, porque él hace lo que es bueno entre los hijos de los hombres; y nada hace que no sea claro para los hijos de los hombres; y él invita a todos ellos a que vengan a él y participen de su bondad; y a nadie de los que a él vienen desecha, sean negros o blancos, esclavos o libres, varones o mujeres; y se acuerda de los paganos; y todos son iguales ante Dios, tanto los judíos como los gentiles.

    2 Nefi 26:33

    ¡Qué privilegiada debe sentirse hoy cada mujer que es llamada igualmente al discipulado en nuestra época, tal y como fueron llamadas las mujeres de estos días antiguos! ¡Cuán cerca de Jesús estuvieron ellas, cuán cerca de Jesús deben considerarse ustedes! ¡Cuán dignas de aprender de él, de ser consideradas sus discípulos, de “servir unidas” y de brindar, en todo lugar, en toda ocasión y en todo momento, su valioso e inestimable testimonio!

      La multitud vio, oyó y dio testimonio

    Y la multitud vio y oyó y dio testimonio; y saben que su testimonio es verdadero, porque todos ellos vieron y oyeron, cada cual por sí mismo; y llegaba su número a unas dos mil quinientas almas; y se componía de hombres, mujeres y niños.

    3 Nefi 17:25

    Que Dios les bendiga, mujeres, al edificar con sencillo pero indomable valor el humilde y abnegado servicio que se requiere la majestuosa edificación del Reino de Dios.


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    Capítulos de las Escrituras relacionados con este comentario

    Mateo 08
    Mateo 17La transfiguración
    Lucas 02
    Lucas 08
    Juan 19

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