Análisis de la introducción al evangelio de Mateo (Mateo 1:1)

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    introducción al evangelio de mateo 1:1

    Comentarios a Mateo 1:1

    1. Pasaje base

      Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: (Nuevo Testamento | Mateo 1:1)

      Introducción

      Mateo 1:1 es el primer versículo del evangelio de Mateo, pero también el primer versículo de todo el Nuevo Testamento. Es sumamente interesante notar que en este versículo, en sí, Mateo el evangelista expresa valientemente su testimonio apostólico sobre la identidad de Jesucristo como el Mesías por largos siglos esperado y plantea una manera para que otros puedan llegar a este testimonio. En este pasaje Mateo introduce la genealogía de Jesús como una de las credenciales del Mesías, ligándolo a las promesas hechas al patriarca Abraham y al rey David de que de su descendencia provendría el Cristo.

      Resumen

      Este primer versículo (Mateo 1:1) se puede considerar como la introducción a la genealogía de Jesús. A la vez, es un marcador para el capítulo de Mateo 1, que se divide en dos partes, una mostrando la genealogía de Jesús (Mateo 1:1–17) y la segunda mostrando los eventos que rodearon su concepción (Mateo 1:18–25). Cada una de estas secciones está señalada por un marcador, siendo Mateo 1:1 el marcador de la primera sección y Mateo 1:18 el marcador de la segunda. En Mateo 1:1 se introduce la genealogía de Jesucristo y se establecen los propósitos por los cuales se nos proporciona esta genealogía.

      Análisis textual

      Libro de la genealogía

      La frase “libro de la genealogía de Jesucristo” se refiere de manera particular a los primeros 17 versículos del evangelio de Mateo, donde se detalla la genealogía de Jesús desde Abraham hasta David y desde David hasta Jesús. Con esta frase no se está describiendo todo el libro de Mateo, sino sólo los versículos de Mateo 1:2–17.[1] Esta frase es interesantemente similar a las utilizadas en el libro de Génesis, cuya composición, de hecho, se puede dividir en once de estos “libros de genealogías” (un ejemplo clásico es, por ejemplo, Génesis 5).[2] En contraste con el Antiguo Testamento, que abunda en ejemplares de “libros de genealogías”, el Nuevo Testamento sólo nos proporciona una genealogía detallada que es, a saber, la de Jesucristo.

      Qué son los libros de genealogía

      Quienes critican el interés de los Santos de los Últimos Días por la genealogía harían bien en recordar que tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento comienzan como “libros de genealogía” y que las genealogías juegan un papel de importancia central a lo largo de toda la historia del pueblo de Israel. Sin ellas no se podría validar la relación especial del pueblo del convenio de Dios y, de hecho, no se podía validar la autenticidad de la misión del propio Jesucristo. Los libros de genealogía son pequeños documentos en los cuales los israelitas acostumbraban plasmar el trazamiento del árbol genealógico de una persona. Es muy interesante ver como, incluso durante épocas de apostasía como el periodo de esclavitud en Egipto o el periodo intertestamentario, los israelitas se esforzaban por conservar sus genealogías intactas.

      Por qué el evangelio de Mateo inicia con una genealogía

      El tener una genealogía daba a cada persona un sentido de pertenencia, especialmente cuando se le identificaba como un miembro del pueblo del convenio de Dios. Así mismo, podía servir para validar su derecho a un privilegio hereditario, como en el caso de los reyes o de los poseedores del sacerdocio de Aarón. En el caso de Jesucristo es precisamente importante por ambas razones, ya que él debía validarse como el Rey de reyes y como el gran Sumo Sacerdote de todo Israel. Mateo siente esta gran responsabilidad y por eso comienza precisamente con una genealogía.

      De Jesucristo

      Mateo muestra una gran osadez al comenzar su libro. La genealogía tratada era, claro está, la de Jesús, que es el personaje principal de sus escritos. Pero él no le llama por su nombre de nacimiento, Jesús. Le llama por el título de Jesucristo, desde el primer versículo, a la entrada misma de su libro. No sólo lo hace allí, sino que repite el título de manera consistente por todo el capítulo, y aún por todo su evangelio. Y es allí donde se aprecia la dimensión de su osadía, debido al significado de este título.

      Jesucristo es un nombre compuesto por el nombre de Jesús y por un título, el Cristo. Al llamarle así, Mateo está desde el principio testificando primeramente a los judíos, así como a todo el mundo, que Jesús es el Cristo, el Mesías[3] esperado por siglos por todo Israel. Esto podría haber ofendido naturalmente a los judíos, y aún así Mateo se atreve desde el principio a presentar a Jesús desde este enfoque. Pero al hacerlo no lo impone como una opinión ni presenta a Jesucristo sin sustento. Es para validar su atrevida afirmación que Mateo está proporcionando, en el capítulo 1 de su evangelio, dos de las credenciales por las que podría ser reconocida la autoridad de Jesús como Mesías:

      1. su genealogía real (Mateo 1:1–17) y
      2. las características de su prodigiosa concepción (Mateo 1:18–25).

      Estas credenciales servirían de manera inicial a sus lectores para validar la identidad de Jesús como el Cristo.

      Hijo de David

      Al generar su genealogía, Mateo tiene el propósito de demostrar, principalmente, que Jesús desciende directamente de dos personajes. El primero es David. ¿Por qué era importante demostrar que Jesús descendía de David? Por dos razones.

      1. Primero, para demostrar que Jesús era el heredero legal al trono de David. Este propósito es muy importante para comprender la genealogía de Jesús provista por Mateo, pues para demostrar esta herencia legal Mateo hace numerosos ajustes a su genealogía que eran permitidos para enfatizar algunas conexiones y para mejorar la presentación. Es por ello que la genealogía de Jesús según Mateo tiene varias diferencias con la provista por Lucas, que prescinde de dichos arreglos.[4] El demostrar a Jesús como Rey muestra que podía ser considerado como el Rey de Israel, Rey de los judíos y, de hecho, el Rey de reyes.
      2. Segundo, era importante a causa de que a David se le prometió que de su linaje vendría el Mesías (2 Samuel 7:12; Salmos 89:3; Salmos 132:11; Isaías 9:6; Isaías 11:1). Una de las credenciales de Jesucristo consistía en mostrar que cumplía con las características de la promesa hecha a David y que, siendo heredero directo al trono de Israel, cumplía con una de las particularidades que las profecías exigían del Mesías[5] (Lucas 1:32–33; Lucas 1:69; Juan 7:42; Hechos 13:23). Del cumplimiento de esta promesa se extrae el título con el cual el pueblo se refirió a Jesús con frecuencia, según nos relata el Nuevo Testamento, el de “hijo de David” (por ejemplo, en Mateo 9:27; Mateo 15:22; Mateo 22:42–45). Uno de los nombres por los que Jesús se identificó a sí mismo es “la raíz y descendencia de David” (Apocalipsis 22:16).

      Hijo de Abraham

      Pero, además, la genealogía de Jesús según Mateo está presentada de tal manera que los judíos pudieran reconocer que Jesucristo era israelita y heredero del convenio de Abraham. Este personaje, Abraham, es importantísimo en toda la Biblia, a causa del convenio especial que Dios hizo con él. En dicho convenio se prometió a Abraham, entre otras cosas, que a través de su descendencia serían bendecidas todas las naciones de la tierra (Génesis 12:3; Génesis 22:18). Esta promesa tiene cumplimiento en la elección del pueblo escogido de Dios, Israel. Pero de manera aún más específica se centra en un solo personaje, tal como lo hace notar Pablo de Tarso en Gálatas 3:16. Este personaje, que vendría a través del linaje de Abraham, sería el Mesías, el Salvador de toda la tierra. Los judíos estaban bien familiarizados con este aspecto de la profecía y de ahí la importancia de hacer notar que Jesucristo, además de ser “hijo de David”, era además “hijo de Abraham”. Tanto a Abraham como a David se les profetizó que a través de su descendencia vendría el Cristo.

      Conclusión

      Desde los tiempos del Antiguo Testamento existían numerosas profecías acerca de que el Mesías provendría a través de la descendencia tanto de Abraham como de David. Al proveer una genealogía, Mateo registra de manera concreta y admirable el cumplimiento de ambas predicciones proféticas, demostrando que Jesús de Nazaret, a quien él atrevidamente llama desde la primera vez “Jesucristo”, cumple con las características esperadas del verdadero Mesías, que sería tanto el “hijo de Abraham”, heredero de la promesa del convenio de Abraham, como el “hijo de David”, heredero de la autoridad y privilegios correspondientes al Rey de reyes esperado por todo Israel.

      Bibliografía y notas finales


      1. Bruce R. McConkie, Doctrinal New Testament Commentary, tomo 1  ↩
      2. Daniel H. Ludlow, Companion to Your Study of the New Testament: The Four Gospels, 1982  ↩
      3. Los títulos Mesías y Cristo tienen el mismo significado, siendo Cristo el equivalente griego al título hebreo Mesías. Ambos términos significan “el Ungido”, lo cual implica que el Mesías sería el elegido de Dios para reinar sobre el trono de Israel como Rey de reyes. La elección de los reyes, en el mundo antiguo, era confirmada por medio de la ceremonia ritual de la unción.  ↩
      4. Mientras que el objetivo editorial de todo el evangelio de Mateo consiste en demostrar a su audiencia judía que Jesús es el Mesías; el propósito editorial del evangelio de Lucas consiste en presentar a su audiencia gentil a Jesús como el Hijo del Hombre. Estos propósitos distintos dan origen a un tratamiento diferente de la genealogía de Jesús para cada evangelista.  ↩
      5. La descendencia abrahámica y davídica de Jesús es el tema de numerosos pasajes de las Escrituras. A manera de ejemplo, el lector puede consultar Génesis 12:3; Salmos 132; Isaías 11; Jeremías 25:5. Ver también Gálatas 3:16 y DyC 113:1.  ↩
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