Entre el libro de Hechos y el sitio de Jerusalén

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    En el año 70 d.C. Tito, por ordenes de Vespasiano, invadió Jerusalén sometiéndola a un largo sitio y luego arrasándola, profanando y destruyendo el templo, saqueándola y desolándola. Esta destrucción cumplió las profecías de Jesús relatadas por los evangelistas (ver Marcos 13, Mateo 24-25 y Lucas 21:5-28). También puedes obtener aquí mayor información sobre este evento.

    Hoy examinaremos un problema que ha desconcertado a algunos supuestos expertos y cómo se resuelve este problema desde las mismas escrituras.

    Un cuestionamiento sobre la datación de los evangelios

    Algunos críticos de la Biblia han sugerido que los evangelios se escribieron en una época tardía, cuando el sitio de Jerusalén había terminado y que los evangelistas inventaron el relato profético, narrándolo en retrospectiva.

    El libro de Hechos y la datación de los evangelios

    La Enciclopedia Virtual Ilumina consigna lo siguiente al introducir el libro de Hechos:

    “Hechos comienza con una referencia del autor a su «primer tratado», escrito para un hombre llamado Teófilo (1.1), en una clara referencia al Evangelio de Lucas (Lc 1.3). Aun cuando el autor no se menciona por nombre en su evangelio ni en Hechos, la tradición primitiva señala a Lucas como el autor de ambos libros. Ya en el segundo siglo, autores antiguos como Ireneo (ca. 180 d.C.), indican esto.”

    Unos pocos párrafos más adelante agrega lo siguiente:

    “El libro de los Hechos no registra la muerte de Pablo. Termina abruptamente durante la estancia de Pablo en Roma (28.30). El arresto domiciliario de Pablo en Roma ocurrió alrededor del año 61 d.C., lo que marca la fecha más antigua posible de la terminación del libro. Hechos no hace referencia a la caída de Jerusalén en el año 70 d.C., ni a la persecución de Nerón contra los cristianos después del incendio de Roma el año 64 d.C. Seguramente Lucas mencionaría estos hechos significativos si hubieran ya ocurrido cuando escribió. Además, las muchas referencias a la vindicación de Pablo ante las autoridades romanas no tendrían sentido si Nerón hubiera ya comenzado su vehemente persecución de los cristianos. Por lo tanto, es razonable suponer que Hechos fue escrito entre los años 60 y 64 d.C.”

    Puesto que Lucas, compañero inseparable de Pablo en sus viajes desde Troas, es universalmente admitido como autor del libro de Hechos, y puesto que está fuera también de toda duda la autoría común del libro de Hechos y del evangelio de Lucas, y dado que Hechos, de acuerdo con lo anteriormente expuesto, fue escrito entre los años 60 y 64, entonces “el primer tratado”, es decir, el evangelio de Lucas, tuvo por fuerza que ser escrito con anterioridad y ser más antiguo que el libro de Hechos.

    Este hecho SIMPLE hecha por tierra las teorías de aquellos que suponen que al relatar la caída de Jerusalén los evangelistas hablaban en retrospectiva y no de manera profética. Si aún sus libros fueron escritos antes del sitio de Jerusalén, incluso antes de la persecución de Nerón, ¿cómo podrían hablar de un hecho todavía no sucedido si no fuese de manera profética?

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    Aún más interesante resulta este hecho si consideramos la probabilidad, sugerida por los mismos críticos, de que Lucas sea el último en escribirse de los evangelios sinópticos. Si tal cosa fuese cierta, Marcos y Mateo serían aún más antiguos. El testimonio unido de estos tres libros señala, con mucha anticipación tanto en términos del momento de ser escritos como en términos del relato mismo, la maravillosa visión anticipada de Jesús de estos acontecimientos terribles, los cuales él debió profetizar por lo menos con 37 años de anticipación.

    La profecía de Mateo y su cumplimiento en nuestros días

    Para culminar la maravilla de esta profecía, Mateo la consigna como un largo discurso dividido en dos tiempos: la abominación desoladora que se cerniría sobre la ciudad de Jerusalén en la misma generación y una segunda abominación desoladora, de naturaleza semejante, que se daría de manera más GLOBAL y aterradora en los últimos días, previos a la Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo. TAN importante resulta este discurso que ha sido incorporado en la Perla de Gran Precio como parte selecta de la Versión Inspirada con el nombre de José Smith-Mateo. El mensaje más ampliamente repetido en todo este discurso se aplica con tanta certeza en aquellos primeros como en estos, los últimos días, dirigido a todos nosotros, expresado en palabras parónimas que dividen en secciones este discurso: Cuidad, Mirad, Velad. Esto destaca nuestra obligación principal como anhelantes discípulos en espera de la Segunda Venida de nuestro Señor.

    Podemos confiar en sus promesas y esperarle con todo el corazón. Cuidad, mirad, velad.

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