El origen del nombre cristianos en la Biblia

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    El origen del titulo cristianos en la Biblia
    El nombre "cristianos" comenzó como un apodo para distinguir a los seguidores de Cristo.

    El origen del nombre "cristianos"El nombre “cristianos” tiene mucho que ver con la responsabilidad de cada discípulo de Jesucristo de tomar sobre sí su nombre. No sólo indica la calidad que tenemos de seguidores de Jesucristo, implica también nuestra voluntad de representarle en pensamiento, en palabra y en acción. La responsabilidad de tomar sobre sí el nombre de Cristo era ya bien reconocida por los discípulos de su Iglesia mucho antes de que comenzara a utilizarse el término cristianos. Obsérvese, por ejemplo, el uso del nombre de Cristo en las dos veces que aparece (una en forma de pregunta y otra en forma de respuesta) en la revelación dada por Jesucristo al líder de la Iglesia en Damasco, Ananías, acerca de la conversión de Pablo de Tarso (Hechos 9:13-15).

    El nombre “cristianos” en el Nuevo Testamento

    Curiosamente, en el Nuevo Testamento el nombre “cristianos” no tiene origen dentro de la Iglesia de Jesucristo, sino fuera de ella. Era aplicado a los seguidores de Cristo, pero inicialmente no como un término honroso, sino despectivo, con la intención de descalificar a quienes creían en la fe de Jesús de Nazaret.

    El crecimiento de la Iglesia de Jesucristo en Antioquía

    La primera vez que tenemos noticia del nombre “cristianos” éste viene como un resultado de la persecución que, a partir de la muerte de Esteban, obligó a los discípulos a esparcirse. Conforme se esparcían, a donde iban, en lugar de atemorizarse, los miembros de la Iglesia difundían también las buenas nuevas, predicando el evangelio. Así, comenzaron a fundar comunidades separadas entre sí, aunque jamás desconectadas de la sede de la Iglesia, entonces en Jerusalén.

    La predicación del evangelio tuvo un éxito sobresaliente en Antioquía de Siria, un lugar situado, de hecho, fuera de Israel (pero que no hay que confundir con otro lugar situado más al oeste y que llamamos, para distinguirlo del anterior, Antioquía de Psidia). Dado el rápido crecimiento de esta congregación, Bernabé, uno de los líderes viajantes principales (lo que hoy llamaríamos Autoridades Generales de la Iglesia) fue enviado para ayudar a que la Iglesia fuese bien establecida en ese lugar. Eso involucraba, como podrás imaginarte, las labores ministrativas, como asegurar que se predicara la doctrina correcta, pero también las administrativas, como establecer el liderazgo y la organización de la Iglesia. Bernabé, según lo describe la Escritura, era un “hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe” y logró un éxito misional impresionante porque, a partir de su llegada “una gran multitud fue agregada al Señor” (Hechos 11:24). Por esa razón, Bernabé recordó a un discípulo llamado Saulo y le llevó a Antioquía para que le ayudara en el ministerio. Poco había de sospechar que algún tiempo después serían compañeros en la aventura misional de mayor impacto en la creciente Iglesia. Por ahora, se contentaron con reunirse en Antioquía de Siria con los nuevos discípulos y en fortalecer la Iglesia en ese lugar, que llegaría a ser después la segunda sede más importante de la Iglesia. “Enseñaron a mucha gente; y los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez en Antioquía” (Hechos 11:26).

    El pasaje no dice, sin embargo, que ellos mismos se hayan aplicado el nombre “cristianos”, sino más bien implica que fueron llamados así desde afuera, por quienes observaban, seguramente con asombro, quizás también con recelo, la expansión asombrosa de este creciente movimiento.

    El nombre “cristiano” y la predicación de Pablo de Tarso

    Encontramos varios años más tarde al mismo Saulo que acompañó a Bernabé para el establecimiento de la Iglesia en Antioquía, llamado también Pablo de Tarso y convertido ahora en un aún más poderoso misionero a los gentiles, es decir, a aquellos que no eran israelitas, y a quienes por primera vez se predicaba el evangelio en forma abierta, lo que traía consigo muchos desafíos nuevos debido a la confrontación de las diferentes culturas e ideas. Debido a la persecución que los judíos antagonistas desataron contra aquellos que se atrevían a predicar el nombre de Cristo, Pablo se hallaba en esta ocasión prisionero. En realidad no había cargos sostenibles contra él pero, al igual que hoy en día sucede deplorablemente muchas veces, la corrupción de los oficiales le mantuvo preso y el proceso judicial se hizo extremadamente largo. Como veremos en otra ocasión, Pablo hubiese podido salvar su libertad y su vida si no hubiese sido por esta lamentable corrupción. Sin embargo, Dios, que troca las adversidades en beneficios para el bienestar de sus santos y el crecimiento de su reino, tenía un propósito para Pablo mientras estuviese preso, y era el poder predicar el evangelio ante líderes locales y autoridades influyentes.

    Uno de estos líderes a quienes Pablo de Tarso tuvo oportunidad de predicar fue el rey Agripa (los reyes en ese momento eran un poco como los gobernadores actuales), descendiente del rey Herodes el Grande (de hecho, si lo quieres llamar por su nombre completo, tendrías que llamarlo Herodes Agripa). Esta predicación a un rey fue un cumplimiento parcial de la promesa del Señor a Ananías que mencionamos durante la apertura de este artículo (¿recuerdas? en Hechos 9:15-16). A éste rey Pablo dio un discurso tan bien informado, directo, inspirado y poderoso, y le habló con tanta seguridad y autoridad, aún revelándole sus propios y ocultos sentimientos, que conmovió el corazón de Agripa con profundidad, de tal manera que se sintió constreñido a exclamar:

    “Por poco me persuades a hacerme cristiano” (Hechos 26:28).

    Pablo no resistió el mote de “cristiano” que el rey le aplicaba a él y a todos los que profesaban seguir la religión de Cristo. En vez de eso, con una respuesta por demás admirable, se refirió con gozo a su propia condición y a su esperanza de que todos los que escucharan la palabra fueran hechos gozosos como él “excepto estas cadenas” (Hechos 26:29).

    Por esto podemos darnos cuenta de que el nombre “cristianos”, a pesar de ser originalmente peyorativo, fue bien aceptado por los discípulos de la Iglesia, ya que, sin querer, expresaba bien la naturaleza de su movimiento, es decir, el ser seguidores y representantes del nombre de Cristo.

    Forma en que Pedro utiliza el nombre “cristiano”

    En la tercera y última mención del nombre “cristiano” en la Biblia el término es utilizada nada menos que por Pedro, el sucesor de Jesucristo en la tierra a la cabeza de la Iglesia (en términos modernos, el presidente o profeta de la Iglesia). Pedro usa la palabra en un momento en que la persecución es aún más intensa que en los años anteriores, con miembros de la Iglesia siendo torturados y muriendo, tratados civil y judicialmente como si fueran la peor clase de criminales. Pedro usa entonces la palabra como aliento, para recordarles la necesidad de mantener una buena conducta distintiva y la honra que supone el no ser criminales, sino representantes de la mayor causa posible que pudiera hallarse sobre la faz de la tierra:

    “14 Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el espíritu de gloria y de Dios reposan sobre vosotros. Ciertamente, por ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.
    15 Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por meterse en asuntos ajenos.
    16 Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios en ello.
    (Nuevo Testamento | 1 Pedro 4:14–16, énfasis agregado)

    Podemos darnos cuenta que, después de algunos años, vemos también ahora el uso de la palabra como un uso común. Aún así, Pedro a lo que se está refiriendo es al cargo que les está siendo imputado (así como anteriormente dice “como homicida”, ahora dice “como cristiano”), no a la designación común e interna de los miembros de la Iglesia.

    ¿Cuál era la designación común entre los propios miembros de la Iglesia? Existe abundante evidencia de que el nombre que ellos ocupaban para nombrarse a sí mismos era bastante distinto de lo esperado. Esta evidencia ocupará otro artículo, a fin de que podamos revisarla con detalle. Por ahora, cierro este fragmento, en el que hemos comentado el uso del nombre “cristianos” en la Biblia, esperando recibir sus comentarios abajo de este artículo. En el próximo artículo seguiremos examinando, sin embargo, el uso del nombre “cristianos” en las Escrituras, pues aún nos falta por analizar el uso del nombre “cristianos” en América, que empezó a ocuparse de hecho antes de la venida de Cristo, según podemos constatar en el relato del Libro de Mormón.