El historiador judío Flavio Josefo detalla una notable visión recibida por Amram, el padre de Moisés, antes del nacimiento de su hijo. En su narración, Josefo proporciona además valiosos detalles. Por ejemplo, indica que Amram era un líder y un personaje de alcurnia entre los israelitas, y que tenía una preocupación por el destino de su pueblo, la cual llevó en oración ante Dios.

La oración del padre de Moisés

“Un hombre llamado Amram, de la más noble alcurnia de los hebreos, temió que su nación se extinguiese por la falta de varones. Estaba, además, inquieto porque su mujer se hallaba embarazada, y no sabía qué medidas tomar. Recurrió con súplicas a Dios; le rogó que tuviera compasión de los hombres que no habían transgredido de ningún modo la ley de su culto, que los librara de la desgracia que los afligía e hiciera fracasar las esperanzas de sus enemigos de destruir a su nación”.

La notable visión del padre de Moisés

Dios contesta siempre las oraciones y la oración especial de Amram no fue la excepción. Fue respondida con una memorable visión que le daría una percepción sobre el futuro de su nación y su propia participación en los designios de Dios. Los siguientes párrafos de Flavio Josefo exponen una larga conversación, que nos dice mucho sobre la dignidad y el carácter espiritual del padre de Moisés.
“Dios se compadeció de él y se dejó conmover por sus súplicas. Se le presentó en sueños y lo exhortó a no desesperar de sus futuros favores. Le dijo que no había olvidado su devoción para con él, y que siempre los recompensaría, como anteriormente había concedido sus favores a sus antepasados haciéndolos crecer de un pequeño grupo hasta una gran multitud. Le recordó que cuando Abram fue sólo de la Mesopotamia a Canaán, le había concedido todas las felicidades en muchos aspectos, y haciendo además, que su mujer, que había sido estéril, pudiera concebir y le diera hijos. A Ismael y a su posteridad les dejó el país de Arabia, a los hijos de Cetura, el país de los trogloditas, y a Isaac, la tierra de Canaán.
“—Con mi ayuda —añadió—, cumplió grandes hazañas en la guerra, la cual, a menos que seas impío, debes recordar. En cuanto a Jacob, fue famoso incluso entre los extranjeros, por la grandeza y la prosperidad con las que vivió y que dejó a sus hijos, los que llegaron a Egipto siendo no más de setenta almas, mientras que vosotros sois ahora más de seiscientos mil”.

La participación de Amram en los planes de Dios

Hasta aquí, Amram debió escuchar la respuesta de Dios con sumo interés, pero lo que Dios dijo a continuación debió ocasionarle emoción y sobresalto:

“Has de saber por lo tanto que os daré a todos vosotros lo que os sea útil, y a ti particularmente lo que te hará famoso. Porque ese niño por el que, temerosos de su nacimiento, los egipcios condenaron a muerte a los niños israelitas, será tu hijo, y será ocultado de los que vigilan para destruirlo; después de ser criado de manera sorprendente, salvará a la nación hebrea de la desgracia que la aflige en Egipto. Su memoria será famosa mientras dure el mundo; no sólo entre los hebreos, sino también entre los extranjeros. Todo lo cual será consecuencia del favor que te dispensaré a ti y a tu posteridad. Tu hijo tendrá otro hermano que obtendrá mi sacerdocio, el que pasará a su posteridad después de él hasta el fin del mundo”.

Amram y Jocabed: una pareja ejemplar

Amram y Jocabed se manifiestan como una pareja ejemplar. Amram comenta todo con su esposa y se esfuerzan juntos por llevar a cabo la voluntad de Dios, por lo que son favorecidos con milagros:

“Después de que la visión le hubiese informado de estas cosas, Amram despertó y se lo contó a Joquebed, su esposa. Aumentó entonces el temor de los dos, por la predicción contenida en el sueño de Amram; les preocupaba, no solamente el niño, sino también la gran felicidad que le esperaba. Pero los dolores de parto de la madre fueron de tal naturaleza que permitieron confirmar lo que Dios había anticipado, porque no se enteraron los que estaban encargados de vigilarla, debido a que los dolores fueron suaves, no la atacaron con violencia. Durante tres meses nutrieron a la criatura privadamente; después Amram, temiendo ser descubierto y caer en el desagrado del rey, con lo que morirían ambos, él y su hijo, quedando sin ningún efecto la promesa de Dios, resolvió confiar a Dios el cuidado y la salvación del niño antes que hacerla depender de su propia ocultación, por demás insegura. Estaba convencido de que Dios procuraría de algún modo la salvación del niño, para asegurar la exactitud de sus propias predicciones”.

Moisés fue salvado por medio de revelación

Mientras que la Biblia guarda silencio en este respecto, en el relato de Flavio Josefo es evidente que la salvación de Moisés se dio a partir de la revelación que recibieron sus padres. Amram, como patriarca, recibió la revelación junto con su mujer y jugó un papel en llevar a cabo el plan de Dios para la salvación de su pequeño:

“Después de que la visión le hubiese informado de estas cosas, Amram despertó y se lo contó a Joquebed, su esposa. Aumentó entonces el temor de los dos, por la predicción contenida en el sueño de Amram; les preocupaba, no solamente el niño, sino también la gran felicidad que le esperaba. Pero los dolores de parto de la madre fueron de tal naturaleza que permitieron confirmar lo que Dios había anticipado, porque no se enteraron los que estaban encargados de vigilarla, debido a que los dolores fueron suaves, no la atacaron con violencia. Durante tres meses nutrieron a la criatura privadamente; después Amram, temiendo ser descubierto y caer en el desagrado del rey, con lo que morirían ambos, él y su hijo, quedando sin ningún efecto la promesa de Dios, resolvió confiar a Dios el cuidado y la salvación del niño antes que hacerla depender de su propia ocultación, por demás insegura. Estaba convencido de que Dios procuraría de algún modo la salvación del niño, para asegurar la exactitud de sus propias predicciones”.

La participación de toda la familia

El resto del relato de Flavio Josefo repite lo que cuenta la Biblia sobre la salvación de Moisés, con una diferencia importante: todo se describe en plural. En el relato de Josefo no es Jocabed la que prepara sola la pequeña arca, sino que cuenta con la participación de Amram y, probablemente, del resto de la familia. Los verbos son “hicieron”,”untaron”, “pusieron”. Agregaré negritas para mostrar este hecho interesante:

Hicieron una arquilla de fibras de papiro con la forma de una cuna, de un tamaño suficiente para que pudiera caber un niño sin mucha estrechez. La untaron con betún, que impediría la entrada del agua por entre las junturas, pusieron en ella al niño y depositándola en el agua la abandonaron al cuidado de Dios. El río recibió al niño y lo llevó a flote. Miriam, la hermana de la criatura, se paseó por la orilla, frente a la arquilla, como le había ordenado su madre, para ver hacia dónde sería llevada. Dios demostró que la sabiduría humana no es nada, y que todo lo que el Ser Supremo quiere cumplir se realiza finalmente. Aquellos que por su propia seguridad condenan a muerte a los demás y se empeñan en lograrlo, fracasan en su propósito, mientras que otros, de manera sorprendente, se salvan y alcanzan la prosperidad en medio de sus propias calamidades; son aquellos, desde luego, cuyo peligro surge por mandato de Dios. Esa providencia se reveló en el caso de este niño, demostrando el poder de Dios”.

¿Cómo podemos seguir este ejemplo, al ser dignos de recibir la revelación de Dios en unidad como familia y colaborar todos en seguirla?

Bibliografía

  • Flavio Josefo, Antigüedades de los Judíos, ed. Alfonso Ropero Berzosa, Colección Historia, (Barcelona, España: Editorial CLIE, 2013), 102.

Originally posted 2018-02-06 04:36:00.