Una de las grandes pruebas de nuestra integridad es cómo reaccionamos ante la burla. Tenemos, por ejemplo, la metáfora planteada en el sueño de Lehi, según se relata en 1 Nefi 8, en el Libro de Mormón, en el cual los inicuos señalaban burlonamente con el dedo a quienes se esforzaban por alcanzar el fruto del árbol de la vida. El profeta Lehi expresó que muchos, al ser señalados así desde “el edificio grande y espacioso” se apartaron del camino. “Todos los que les hicieron caso”, dice Lehi, como una pista de lo imprudente que es hacer caso a estos señalamientos. Muchos de los que se perdieron seguro fueron víctimas de la soberbia y el orgullo intelectual. Pensaron que leer críticas contra la Iglesia y sus líderes no tendría efecto sobre ellos e insensiblemente se llenaron de orgullo y perdieron el Espíritu de Dios. En cambio, los que simplemente ignoraron la burla pudieron obtener la salvación y la vida eterna.

Pero quizás la prueba más grande que tengamos que enfrentar sea la prueba de Job, en la que sus propios amigos fueron el instrumento de su escarnio. ¡Cuán perseverantes debemos de ser para resistir! Y cuán afortunados somos si contamos con amigos verdaderos, que confían en nosotros y nos alientan a vencer nuestros desafíos. Debemos agradecer a Dios por estos amigos. ¿Y qué tal si, aún más, somos nosotros esta clase de amigos?