Introducción

En este artículo vamos a clarificar el sentido de la expresión con la que uno se topa en Exodo 1:8. Cuando lees este pasaje por primera vez, te da la impresión de que el Faraón no llevaba registros, o que carecía del conocimiento histórico de su país. Siendo que José había sido para Egipto un héroe, porque había sido un excelente administrador y había salvado a la nación de una carestía prolongada por siete años desde una posición nada menos que como segundo en el gobierno de Egipto, el lector que se asoma allí por primera vez con razón se pregunta, ¿cómo es posible que hubiese un Faraón que no conociese a José y no tuviera noticia de su capacidad espiritual y su heroísmo?

El significado de la palabra “conocer” en contexto

Para poder responder este cuestionamiento, escarbemos primero un poco en el significado de las palabras utilizadas en este versículo. Veamos, el verbo hebreo que se ha traducido como “conocer” en Exodo 1:8 es yd’ (יָדַע). El hebreo no tiene vocales, pero lo puedes leer como yadá. El diccionario de Strong, en su entrada 3045, asigna a esta palabra múltiples significados, todos los cuales tienen relación con el conocimiento. Estos significados se distinguen de acuerdo con el contexto.

El significado que se aplica aquí es “reconocer”. Strong explica que yadá puede usarse de esta manera como eufemismo o inferencia. El nuevo faraón no reconocía las buenas obras de José y, por consiguiente, tampoco los privilegios de la nación israelita que José había establecido en lo mejor de Egipto. No se trataba, pues, de que el Faraón no supiera acerca de José, sino de un desconocimiento voluntario. Es decir, de una reacción de desprecio y rechazo hacia ese conocimiento.

Por qué el faraón no conocía a José

Es necesario explicar un poco esa reacción. En 1730 a.C., Egipto fue invadido por los hicsos, un pueblo de ascendencia semita conocido también en los textos de los historiadores antiguos, como Maneto, como “los reyes pastores”. Tras esta conquista, dos dinastías completas de faraones, la 15° y la 16°, provinieron de los hicsos. Ellos gobernaron Egipto hasta 1570 antes de Cristo.

Los hicsos, siendo semitas, se sintieron identificados con José y su familia, que eran también descendientes de Sem y que compartían el oficio del pastoreo. Los hicsos favorecieron, pues, a los israelitas. Faraón brindó a José y a su familia la tierra de Gosén, en la ubicación más fértil de Egipto, para su establecimiento. La capital de gobierno establecida por los hicsos, Qantir, estaba, de hecho, cerca de este lugar. Mientras los hicsos perduraron en el trono egipcio, los israelitas fueron reconocidos y favorecidos.

La rebelión egipcia contra los hicsos

Pero resulta que los egipcios en sí no eran principalmente pastores, sino agricultores, y no sentían particular placer en ser invadidos. A su tiempo, alrededor del año 1570 antes de Cristo, los hicsos fueron derrotados por medio de una maniobra política y los faraones volvieron a ser de procedencia netamente egipcia. Para la época en que nació Moisés reinaba probablemente Ramsés Meriamón o su hijo, Amenofis.

La manera egipcia de rebelarse contra un mal episodio era “borrar todo su recuerdo de la historia”, tanto de los registros históricos como del lenguaje. Eso hicieron con los hicsos y, de paso, también con José. Todo recuerdo de José y de sus logros y contribuciones fue borrado de la memoria, de las inscripciones de los monumentos y de toda conversación. El nuevo faraón, pues, no estaba interesado en preservar el recuerdo de José. Le despreciaba, le desconocía.

Por consiguiente, todo lo que se relacionaba con José era aborrecible. El crecimiento en número del pueblo israelita se empezó a ver con creciente recelo e incomodidad y llegó a parecer deseable para los egipcios su subyugación e incluso su exterminio.

Conclusión

La expresión de Exodo 1:8, que habla del surgimiento de un nuevo rey que no conocía a José, debe interpretarse no como una falta de conocimiento, sino como un rechazo a José, a los semitas en conjunto y a todo lo que les representara, por parte del nuevo rey de Egipto. Esta es la motivación que debe tenerse presente más adelante, conforme uno lee las detestables decisiones tomadas por el rey y que estaban fundamentadas en este rechazo.

Bibliografía

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