“Eso es lo que yo siento por la obra en este momento. Hay todavía grandes cometidos, oportunidades gigantescas delante de nosotros. Acepto con gusto esa emocionante perspectiva y siento el deseo de decirle al Señor, humildemente: ‘Dame, pues, ahora este monte’, dame esos desafíos.

“Con humildad, les hago esta promesa, al Señor y a ustedes, mis amados hermanos y hermanas, compañeros de labor en esta sagrada causa de Cristo: Seguiré adelante, con fe en el Dios de Israel, sabiendo que Él nos guiará y nos dirigirá, y que finalmente nos conducirá al logro de Sus propósitos y a nuestra tierra prometida, y a nuestras bendiciones prometidas…
“Anhelosa y fervientemente exhorto a cada uno de ustedes a hacer la misma promesa y el mismo esfuerzo, a todo líder del sacerdocio, a toda mujer de Israel, a todo varón joven, a toda mujer joven, a todo niño y niña”. (Spencer W. Kimball, “Dame, pues, ahora este monte”, Liahona, enero de 1980)