El Señor le enseñó a Moisés acerca de cosas y lugares sagrados. Cuando Moisés se acercó a la zarza ardiente que el fuego no consumía, el Señor ordenó: “No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es” (Éxodo 3:5). Nosotros también tenemos la oportunidad de estar en lugares santos. Los templos, los edificios de la Iglesia y los hogares de ustedes merecen su respeto porque son sagrados.
(2000, abril, Harold G. Hillam, ‘Futuros líderes,’ Liahona, mayo 2000 ¶ 8)