“Mientras Moisés sostenía la vara de Dios sobre la cabeza, Israel prevalecía, pero cuando dejaba caer las manos por su debilidad, Amalec prevalecía. Le dieron un asiento de piedra y Aarón y Hur le sostuvieron las manos para que las bendiciones de Dios fluyeran a Israel y sus guerreros prevalecieran y ganaran la batalla. El poder de Dios estuvo con Moisés y permaneció con él hasta que terminó su labor. [Véase Éxodo 17:8–13.] Cuando tenía el apoyo del pueblo, éste también era bendecido, y así ha sido con todos los siervos del Señor que han presidido en Israel…
“…Mientras [el Presidente] presida esta Iglesia, no importa cuántos años sean, nuestro Padre Celestial le dará fortaleza, poder, sabiduría, juicio e inspiración para hablar con Israel como es necesario que lo haga. Nosotros, al seguir a nuestro líder, debemos ser como Aarón y Hur de la antigüedad; debemos sostenerle las manos, para que por medio de él el Señor haga descender sobre nosotros y sobre este pueblo las bendiciones del cielo.” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, capítulo 6).