Dios nos da mensajes de instrucción o de aliento con objeto de capacitarnos para hacer Su voluntad; muchas veces lo hace a fin de prepararnos para una tarea determinada. Ese fue el caso de Moisés y el mensaje que provino de la zarza ardiente. Debemos mantener nuestra vida en orden para que, cuando recibamos esa clase de mensaje diciéndonos qué quiere el Señor que hagamos, podamos responder. Es preciso que nos aseguremos de estar en situación de reconocerlo y llevarlo a cabo.
(2004, abril, James E. Faustᵇ, ‘¿Recibieron el mensaje correcto?,’ Liahona, mayo 2004 ¶ 24)

Originally posted 2018-02-07 00:02:00.