Abraham, que condujo a Isaac en aquella desgarradora jornada hasta el monte Moriah, iba fielmente a donde el Señor quería que fuera (véase Génesis 22). También lo hizo David, cuando salió de las filas de los ejércitos de Israel para responder al desafío del gigante Goliat (véase 1 Samuel 17). Ester, inspirada para salvar a su pueblo, recorrió un mortífero sendero para enfrentar al rey en el aposento real (véase Ester 4-5). “A donde me mandes iré, Señor” fue la motivación que tuvo Lehi para abandonar Jerusalén (véase 1 Nefi 2) y su hijo Nefi para volver en busca de los preciados anales (véase 1 Nefi 3). Se podrían citar cientos de otros ejemplos de las Escrituras.

Todas esas almas fieles demostraron su obediencia a la guía del Señor y la fe que tenían en Su poder y bondad. Como lo explicó Nefi: “Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7).

Bibliografía

  • «Adonde me mandes iré» Elder Dallin H. Oaks, Conferencia General de octubre de 2002,.