FORT MYERS, Florida. – Siendo un presidente de estaca muy ocupado, no es raro que Joseph Lindsay pase la mayor parte de su día en un típico domingo dentro de una casa de reunión mormona. Pero ayer fue un día de reposo como ningún otro para el líder de la Estaca Fort Myers Florida.

El presidente Lindsay y su esposa, Stacy, pasaron el domingo acurrucados en el interior del edificio del barrio Bonita Springs mientras el huracán Irma rugía y aullaba afuera. Los Lindsays no estaban solos. Treinta y dos misioneros de tiempo completo sirviendo en el área de Fort Myers se unieron a ellos para acompañarse el fin de semana.

Aparte de algunos episodios de fiebre de cabina, todos resistieron la tormenta en buena forma.

“La espera fue la parte más difícil”, dijo el presidente Lindsay, quien permaneció el lunes en la casa de reunió con los misioneros, mientras que la energía eléctrica y el agua corriente se iban restaurando en toda la región.

“Ha sido una gran bendición que la tormenta haya amainado en nuestra área”, dijo.

Los líderes mormones que viven a lo largo de lo que fue la trayectoria de Irma en Florida comenzaron a hacer evaluaciones de los daños iniciales el lunes y comprobaron el bienestar de sus miembros. El arduo trabajo de contactar a las personas y recolectar información probablemente tomará varios días. Muchas personas de la estaca de Fort Myers y otros evacuaron sus hogares y no volverán por varios días.

Antes de la llegada de Irma, los misioneros que se hallaban en áreas vulnerables recibieron instrucciones para prepararse con alimentos, agua y otras provisiones. También fueron trasladados a áreas seguras fuera de sus residencias, según se vio necesario.

El huracán Irma nunca será olvidado en Florida o en las islas del Caribe. Decenas han muerto y muchos otros han perdido sus hogares, negocios, vehículos y barcos en el desastre.

Mientras tanto, muchos en Florida el lunes sufrieron apagones generalizados y interrupciones de teléfonos celulares.

Los residentes de Miami temían enfrentar un golpe directo de Irma. En tanto que la trayectoria del huracán viajó sobre por todo  lo largo del lado del oeste de la Florida, su alcance masivo fue sentido dramáticamente a través de la mayor área de Miami.

“Dijeron que el huracán nos hizo poco, pero esa fue la más dura situación por la que he pasado”, dijo el presidente de la Estaca de Miami Florida, Matthew Davis, quien vive en el barrio El Portal de la ciudad.

Junto con otros 6 millones de habitantes de Florida, el presidente Davis no tenía energía eléctrica en su casa el lunes. No espera que la electricidad en su casa sea restaurada pronto.

“Un enorme árbol cayó en el jardín de mi vecino y arruinó  una línea eléctrica”, dijo.

El presidente Davis ha estado en contacto con sus obispos, y los informes son generalmente favorables en su estaca. No hubo informes de ningún daño grave a los hogares de los miembros. Todavía estaba esperando que los caminos se despejen para aventurarse y hacer evaluaciones de las capillas en sus estacas.

Está preocupado por sus hermanos Santos de los Últimos Días y sus amigos que viven a lo largo de las regiones más afectadas a lo largo de la costa del Golfo y en los Cayos de la Florida.

“Estamos planeando ayudarlos tan pronto como podamos”, dijo.

Jesús y Nancy Muñoz viven al norte de Miami en Miramar. La pareja mormona cerró sus puertas el sábado y esperó la llegada de Irma.

Jesús admite que no durmió mucho durante el tempestuoso fin de semana.

“El ruido del viento era terrible”, dijo. “La parte más difícil fue estar dentro de la casa, oyendo todo ese ruido, pero sin poder ver lo que estaba pasando afuera”.

Cuando finalmente salieron de su casa el lunes, los Muñoz se sintieron aliviados al ver que el daño a su propiedad se limitaba a árboles caídos que diezmaban el paisaje. Se han unido a las legiones de floridanos que están limpiando sus patios y haciendo evaluaciones personales de la ira de Irma.

El huracán causó daños considerables en Nápoles, en la costa suroeste de la Florida. El obispo de Nápoles, Michael Dalby, informó el lunes que muchos de sus miembros evacuaron la zona antes de la llegada de la tormenta. No había electricidad ni agua corriente en muchas partes de la ciudad costera, por lo que es probable que pasen  varios días para que los Santos de los Últimos Días puedan evaluar completamente el daño.

El obispo encuentra consuelo al saber que otros están buscando en la Florida y toda la región afectada por Irma.

“Sé que nuestros líderes de la Iglesia están preocupados y que tenemos su apoyo”, dijo.

Fuente: LDS Church News | Deseret News

Traducción y adaptación por Juan Pablo Marichal Pablo Marichal Catalán 

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