El origen del domingo de resurrección

Existe un gran interés por quienes pertenecen a diferentes iglesias por conocer la razón por la que los Santos de los Últimos Días adoran en domingo. Los Santos de los Últimos Días argumentan que lo hacen a fin de celebrar el domingo de resurreccion de Jesus, también conocido como el dia del Señor. El propósito de este artículo es mostrar, por medio de adecuada documentación,

  • Cómo es que el domingo comenzó a utilizarse como momento distintivo de reunión entre los primeros cristianos, aún hasta llegar al remplazo del sábado judío como día de reposo
  • Los actos y celebración de ordenanzas que distinguían estas primeras reuniones
  • La evidencia que tanto la Biblia como los documentos históricos proporcionan sobre el origen del domingo de resurrección como día de reposo
  • La restauración del día de reposo original en nuestros días

Jesucristo observaba el sábado como día de reposo

El Antiguo Testamento relata como es que, al final de la Creación, Dios santificó el séptimo día y mandó que se observara como día de reposo (shabbat), mandamiento que se vio institucionalizado por la ley de Moisés. Como señala el índice de tópicos de La Biblia de las Américas, “el día de reposo o séptimo día de la semana (i.e., sábado), fue dado a Israel como día de descanso para celebrar el descanso de Dios en el séptimo día después de la creación (Génesis 2:1-3; Exodo 20:8-11; Exodo 31:13-17; Nehemías 9:14)”. [1]

Una cosa que hay que destacar sobre la vida de Jesucristo es su fiel observancia del shabbat, el día de reposo judío, tal como estaba establecido en la ley de Moisés. Lucas 4:16 señala que él “tenía por costumbre” asistir a la sinagoga el día de reposo, como todos los judíos practicantes. Además “enseñaba en las sinagogas de ellos y era glorificado por todos” (Lucas 4:15). Fue en la sinagoga de Nazaret que se identificó públicamente como el Mesías por primera vez (Lucas 4:16-21), y uno de los mayores motivos de conflicto permanente con los líderes judíos se debió a su insistencia en sanar y efectuar obras buenas en el día de reposo (Mateo 12:10-14), las cuales no eran aprobadas por los fariseos debido a un mal entendimiento de la ley. Jesucristo no sólo denunció con severidad dicho malentendido, sino que se pronunció a sí mismo como Señor del día de reposo (Mateo 12:6-8). Tal como es explicado por el élder James E. Talmage, en su libro Artículos de Fe:

“Mucho antes del nacimiento de Cristo, los judíos casi habían perdido de vista tanto el propósito original del sábado como el espíritu de su servicio, y los reglamentos rabínicos con sus numerosos detalles transformaban el día en uno de incomodidad y austeridad. Nuestro Señor denunció vigorosamente esta condición, cuando respondió a aquellos que lo acusaban de curar y efectuar otras obras buenas durante el sábado: “El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado”; y entonces añadió esta profunda afirmación: “El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

“Cristo no vino para destruir la ley de Moisés, sino para cumplirla; y por medio de él, el evangelio reemplazó la ley. [2]

La resurrección de Jesus ocurrió en domingo

Ubicación temporal de la muerte y resurrección de Jesús

La resurrección de Cristo, el evento culminante de lo que llamamos en la actualidad semana santa o semana de la pasión, es uno de los eventos bíblicos que mejor están ubicados dentro de un contexto temporal. Los pasajes de la Biblia indican que se efectuó dentro del contexto de la festividad judía de la Pascua. Jesús mismo lo declaró al predecir con impresionante detalle su propia muerte apenas unos días antes de que ésta se efectuara:

1 Y aconteció que, cuando Jesús hubo acabado todas estas palabras, dijo a sus discípulos:

2 Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado (Nuevo Testamento | Mateo 26:1-2)

Jesús resucitó en domingo

Pero, además, se nos indica el momento preciso de la resurrección. Los evangelistas se concentran en enfatizar la experiencia de las mujeres como primeros testigos de la resurrección de Jesús. Tal como señala el erudito evangélico John Scott:

“Las narraciones de los cuatro Evangelios relativos a la resurrección comienzan con la visita que hicieron unas mujeres al sepulcro en las primeras horas del domingo de resurrección. Al llegar se quedaron sorprendidas al comprobar que había desaparecido el cuerpo del Señor”.[3]

El evangelista Mateo ubica cronológicamente la resurrección de Jesucristo de la manera siguiente:

Y pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. (Nuevo Testamento | Mateo 28:1)

Este pasaje despeja cualquier duda en cuanto al momento exacto de la resurrección. En primer lugar, Mateo señala con ejemplar cuidado que sucedió “pasado el día de reposo” judío, es decir, después del sábado. Todavía abunda más al decir que ocurrió “al amanecer del primer día de la semana”. Dado que el sábado judío se consideraba como el séptimo día, el primer día de la semana corresponde al domingo. Mateo está indicando que la resurrección de Jesús se efectuó el primer día de la semana, es decir, el domingo.

El testimonio unido de los evangelios respecto a la resurrección de Cristo en domingo

Los demás evangelios concuerdan con el testimonio de Mateo. Marcos relata que la resurrección de Cristo sucedió “cuando pasó el día de reposo” y “muy de mañana, el primer día de la semana” (Marcos 16:1-2). Lucas ratifica que el día de la resurrección fue “el primer día de la semana” (Lucas 24:1-2). El apóstol Juan también concuerda en que el día en que María Magdalena fue testigo de la resurrección fue “el primer día de la semana” (Juan 20:1). En suma, todos los evangelios presentan un testimonio unánime sobre el domingo como el día de la resurrección de Jesucristo.

La primera aparición de Jesús resucitado a los doce apóstoles

La aparición de Jesús resucitado a las mujeres fue sólo el primero de los eventos de ese maravilloso domingo. Tras escuchar a María Magdalena y al resto de las mujeres, los apóstoles Pedro y Juan también contemplaron la tumba vacía, convirtiéndose en testigos de la resurrección (Lucas 24:12). “El mismo día”, según el relato de Lucas, dos discípulos fueron privilegiados para ver a Jesús mientras se dirigían al poblado de Emaús (Lucas 24:13-32). Charles F. Pfeiffer, autor del Diccionario Bíblico Arqueológico, precisa:

“Una de las apariciones de Jesús el domingo de resurrección fue a dos hombres que caminaban de Jerusalén a Emaús. El pasaje de Lucas sitúa la villa a 60 estadios de Jerusalén, cerca de 17 kms. de distancia”.[4]

Estos discípulos compartieron su testimonio con los apóstoles. En algún momento del día Jesús tuvo también una entrevista personal con el apóstol Pedro (Lucas 24:33-34).

Por la tarde, los doce apóstoles de Jesús se reunieron para considerar con detenimiento los asombrosos eventos de ese agitado día y la multitud de testimonios presentados, sin saber que aún faltaba un evento portentoso:

“Y al atardecer de aquel día, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas donde los discípulos estaban reunidos por miedo a los judíos, vino Jesús, y se puso en medio y les dijo: ¡Paz a vosotros!” (Nuevo Testamento | Juan 20:19)

El apóstol Juan enfatiza nuevamente que fue ese mismo día, “el primero de la semana”, es decir, domingo, que Jesús apareció por primera vez a los doce apóstoles después de su resurrección. Tomás, sin embargo, no estuvo presente en esa primera reunión, y escuchó el testimonio del resto de los apóstoles con muchas reservas.

La segunda aparición de Jesús a los doce apóstoles

Sobre esta reserva inicial, el élder James E. Talmage explica: “Uno de los apóstoles, Tomás, se hallaba ausente cuando el Señor Jesús se apareció en la reunión de los discípulos la tarde del Domingo de Resurrección. Se le comunicó lo que los otros habían presenciado, pero esto no lo convenció; y ni el solemne testimonio, “al Señor hemos visto”, logró despertar la fe en su corazón. En su estado de escepticismo mental, exclamó: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.””[5]

El élder Talmage también enseña que no debemos ser demasiado duros con el apóstol Tomás. La resurrección, simplemente, se trataba de un hecho sin precedentes. Es difícil pensar que algunos de nosotros no hubiesen reaccionado en la misma manera.

El apóstol Juan narra que el domingo siguiente al domingo de resurrección (“ocho días después”, según la expresión antigua para señalar una semana), el incrédulo Tomás se encontraba con los otros discípulos en el aposento alto de Jerusalén, cuando Jesús apareció.

“Éste invitó a Tomás a que palpara sus heridas y, sobrecogido de admiración, Tomás exclamó: ‘¡Mi Señor y mi Dios!’ (Juan 20:26-29). Jesús aceptó esa designación: censuró a Tomás a causa de su incredulidad, pero no por haberlo adorado”.[6]

Se comienza a observar regularmente el domingo como día de reunión

Estas dos primeras reuniones con los apóstoles, efectuadas ambas en día domingo, sentaron el precedente para la efectuación regular de reuniones entre los primeros cristianos en el día domingo para celebrar la resurrección de Jesucristo, dando lugar a una nueva expresión, la de “el día del Señor”. Aunque era de uso regular entre los primeros cristianos se le menciona una sola vez con este sentido en la Biblia. En el Diccionario Hispano-Americano de la Misión se explica esta curiosa expresión (“el día del Señor”) de la manera siguiente:

“Frase usada por primera vez con referencia al domingo en Apocalipsis 1:10 y luego en Ignacio de Antioquia (40-117). La celebración de este primer día de la semana por parte de los cristianos está ilustrada por 1 Co. 16:2 y Hch. 20:7. La razón por la cual los primeros cristianos hicieron del domingo su Dia del Señor es que recordaban en él la resurrección de Jesús al tercer día. A este día lo llamaron Día del Señor en lugar de sabbath, que era el nombre que daban los judíos a su día de reposo y adoración”.[7]

Pasajes de la Biblia que muestran la reunión de los primeros cristianos en domingo

Que los primeros cristianos comenzaron a reunirse en domingo para conmemorar la resurrección de Jesús es hecho evidente por los pasajes bíblicos siguientes:

Los discípulos parten el pan en el día de reposo

El libro de Hechos relata como, durante su permanencia de siete días en Troas, el apóstol Pablo de Tarso discursó largamente durante una reunión de los santos en ese lugar:

Y el primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partir al día siguiente; y alargó el discurso hasta la medianoche. (Nuevo Testamento | Hechos 20:7)

Que esta reunión sucedió en domingo es hecho evidente desde el inicio de la frase (“el primer día de la semana”). Pero lo más notable es el propósito de la reunión. Los discípulos se habían reunido “para partir el pan”, tal como Jesús había enseñado a los apóstoles a hacer “en memoria de mí” (Lucas 22:19). El objetivo principal de la reunión era conmemorar la expiación de Jesucristo.

Los discípulos recogen donativos en el día de reposo

Otro pasaje digno de mención muestra que la reunión celebrada en día domingo era llevada a cabo de manera regular, y que en ella también se recogían ofrendas, a fin de facilitar su recolección por parte de los apóstoles:

Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte en su casa, guardando lo que por la bondad de Dios pueda, para que cuando yo llegue, no se recojan entonces ofrendas. (Nuevo Testamento | 1 Corintios 16:2)

Se aconseja a los primeros cristianos soportar la crítica

Oseas había profetizado ya que vendría un día en que el Señor haría cesar el día de reposo judío, así como las lunas nuevas, (Oseas 2:11) y, gradualmente, los nuevos integrantes de la Iglesia de Jesucristo fueron dejando la celebración del sábado judío por la conmemoración de la resurrección de Jesucristo. Evidencia de que el día de reposo judío fue remplazado por un nuevo día de reposo cristiano se encuentra en el consejo de Pablo:

16 Por tanto, nadie os juzgue en comida, o en bebida, o con respecto a días de fiesta, o de luna nueva, o de días de reposo, (Nuevo Testamento | Colosenses 2:16)

Que todas estas cosas habían sufrido cambio entre los primeros cristianos, en cumplimiento de la profecía de Oseas, debe ser evidente porque, ¿de qué otra manera habrían podido ser objeto de crítica los primeros cristianos, si es que seguían observando los días de fiesta, de luna nueva y los días de reposo conforme a la costumbre socialmente aceptada? Para poder ser blanco de ataques, tendrían que haber modificado esta costumbre. Pero, como vemos, la Iglesia se reunía regularmente en el primer día de la semana para “partir el pan” en memoria de la expiación de Jesucristo, para adorar y escuchar algunos discursos y para el recogimiento de ofrendas.

El apóstol Juan recibió la visión de Apocalipsis en domingo

El apóstol Juan describe el inicio de su memorable visión del Apocalipsis con estas palabras:

10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta (Nuevo Testamento | Apocalipsis 1:10)

Aunque esta es la única mención en la Biblia del término “el día del Señor” con el sentido de la conmemoración de la resurrección de Jesucristo, existen otros pasajes que muestran que los santos (los miembros de la Iglesia de Jesucristo) comenzaron a reunirse regularmente en domingo con ese mismo sentido conmemorativo. John Court, en su comentario sobre el Apocalipsis, rememora:

“Con respecto a la sugerencia de reuniones cristianas el primer día de la semana, Apocalipsis debe compararse con Juan 20:19; Juan 20:26; Hechos 20:7 y 1 Corintios 16:2 (véase también Didache 14:1 e Ignacio, A los Magnesianos 9:1 [que dice] ‘De origen judío… es la semana de siete días, y la reunión semanal de adoración que en la Iglesia pronto sería transferida del sábado al domingo, el día de la Resurrección’ (T. Klauser, A Short History of the Western Liturgy Oxford 1979, p. 6).[8]

De esta manera, Court no solo enuncia que hay evidencia bíblica, interna, sobre el uso del domingo como día sagrado de reunion para los primeros cristianos, sino que, además, los autores de los primeros siglos, como Ignacio y la Didaché, se refirieron también a esta costumbre. Court agrega:

“La influencia de la adoración dominical es fuerte en el Apocalipsis”.[9]

Efectivamente, algunas escenas del Apocalipsis muestran actos de adoración que se parecen mucho a los servicios de adoración de la Iglesia Primitiva, según se describen en el Nuevo Testamento y en los escritos de los autores de los primeros siglos. Esto incluye el canto de himnos de alabanza y oraciones de adoración y de acción de gracias.

Evidencia de la observancia del domingo entre los primeros cristianos

El Diccionario Bíblico Lexham observa: “Escritos del siglo II dan testimonio de una observancia del domingo que parece haber derivado de la observancia que mantuvieron las primeras congregaciones cristianas”.[10]

John M. Court hace notar: “Por el tiempo de Justino Martir, a mitad del segundo siglo de la era cristiana, la reunión dominical para la enseñanza de la palabra y la [distribución del] sacramento se había vuelto convencional (ver 1 Apología 65-67)”[11]

Las enseñanzas de los Doce o Didache, un documento anónimo muy antiguo en forma de manual de conducta descubierto en 1875[12], informa, en su capítulo 14, verso 1: “Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio. Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio. Pues, éste es el dicho del Señor: “En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones” “[13]

La locución latina para designar al Señor era Dominus, palabra de la que se deriva nuestra actual designación del primer día de la semana, el Domingo. Por otra parte, para los romanos este era el día del sol, como se le llama aún en el idoma inglés (Sun-day). Según Justino Mártir (Primera Apología, 1.67): «En el día que tiene su nombre del sol (día del sol), todos los (hermanos) que viven en ciudades o en el campo, se reúnen en un lugar común, y se leen las memorias de los apóstoles (los Evangelios) o los escritos de los Profetas, en cuanto el tiempo lo permite…. Realizamos nuestras reuniones en el día domingo, porque es el primer día en que Dios ha quitado las tinieblas, formando la materia y creado el mundo. Y porque Jesucristo, nuestro Redentor, en el mismo día resucitó de entre los muertos. Pues el día antes del sábado lo crucificaron, y el día después del sábado, precisamente el domingo, apareció a los apóstoles y discípulos, y les enseñó aquellas verdades que hemos expuesto a vuestra consideración.»[14]

En el Diccionario Bíblico Lexham se recoge la evidencia de un documento cuya principal peculiaridad es la de no provenir de una fuente cristiana, sino de los enemigos del cristianismo de la época: “La correspondencia de Plinio con Trajano (que muestra la típica actitud negativa hacia el cristianismo primitivo), registra: “Que era su costumbre en un día fijo reunirse antes del alba y recitar por turnos una forma de palabras a Cristo como a un dios; y se ataban a un juramento de no cometer ningún crimen, ni hurto, robo ni adulterio, de no faltar a su palabra, y de no negar una fianza cuando se la exigieran” (Plinio, To the Emperor Trajan). El día fijo al que Plinio se refiere era el primer día de la semana”.[15]

La confusión proveniente de la apostasía

A la muerte de los apóstoles y antes de la terminación del primer siglo gran parte de las enseñanzas originales de la Iglesia de Jesucristo comenzaron a desvirtuarse y a ser sustituidas por costumbres de los entornos griegos o romanos. A este remplazo de las prácticas y enseñanzas originales de la Iglesia de Jesucristo se le conoce como la Gran Apostasía. Esta corrupción de la enseñanza original de Jesucristo continuó, a pasos lentos durante los primeros siglos y a pasos agigantados durante los siglos posteriores hasta llegar al estado actual en nuestros días.

A pesar de toda la evidencia anterior, la creencia sobre el día de reposo se ha diversificado entre las iglesias cristianas hasta ocupar diferentes posturas. El autor Greene-McCreight observa que las tradiciones cristianas actuals pueden ubicarse en una de tres posiciones (Greene-McCreight, “Restless,” 227-30):

  1. Adherencia al sábado judío: Esta postura defiende que los cristianos deben observar el día de reposo en sábado, de la misma manera en que se describe en el Antiguo Testamento y en la ley de Moisés.
  2. Transferencia del sábado al domingo: Esta postura defiende que la Iglesia Primitiva migró de la observancia del sábado a la observancia del primer día de la semana.
  3. El día del Señor abierto: Esta postura, más laxa, establece que los cristianos son libres de las regulaciones ceremoniales, pero tradicionalmente adoran en domingo.[16]

Que no haya un acuerdo absoluto en un tema que ha quedado por demás demostrado en las Escrituras del Nuevo Testamento y en los escritos de los autores de los primeros siglos es una evidencia, por sí, de la ausencia de revelación uniforme en el cristianismo moderno y, por ende, de la existencia de una apostasía.

La restauración del día del Señor en los días modernos

El objeto del día del Señor, observado por los primeros cristianos el domingo, es la adoración y conmemoración de la resurrección de Jesucristo, y tiene un propósito de enseñanza: “Tradicionalmente la iglesia se ha reunido en el día del Señor para tales actividades como la adoración (en particular para la Cena del Señor), la lectura y enseñanza de las Escrituras, compañerismo, oración, disciplina y ofrendar (Hechos 2:42; Hechos 20:7; 1 Corintios 5:1-13, especialmente vers. 4; 1 Corintios 16:1-2; Hebreos 10:25)”.[17]

El 7 de agosto de 1831 el profeta José Smith recibió una revelación en la que el Señor Jesucristo, comunicándose nuevamente en nuestra época, ratifica el día domingo como el día de reposo cristiano y clarifica de gran manera el propósito de este día glorioso.

8 Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en rectitud, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito.

9 Y para que más íntegramente te conserves sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

10 porque, en verdad, éste es un día que se te ha señalado para descansar de tus obras y rendir tus devociones al Altísimo;

11 sin embargo, tus votos se ofrecerán en rectitud todos los días y a todo tiempo;

12 pero recuerda que en éste, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos, y ante el Señor.

13 Y en este día no harás ninguna otra cosa sino preparar tus alimentos con sencillez de corazón, a fin de que tus ayunos sean perfectos, o en otras palabras, que tu gozo sea cabal.

14 De cierto, esto es ayunar y orar, o en otras palabras, regocijarse y orar. (Doctrina y Convenios 59:8-14)

Las promesas que el Señor extiende a quienes se congreguen en este día para adorarlo son altamente deseables:

15 Y si hacéis estas cosas con acción de gracias, con corazones y semblantes alegres, no con mucha risa, porque esto es pecado, sino con corazones felices y semblantes alegres,

16 de cierto os digo, que si hacéis esto, la abundancia de la tierra será vuestra, las bestias del campo y las aves del cielo, y lo que trepa a los árboles y anda sobre la tierra;

17 sí, y la hierba y las cosas buenas que produce la tierra, ya sea para alimento, o vestidura, o casas, alfolíes, huertos, jardines o viñas;

18 sí, todas las cosas que de la tierra salen, en su sazón, son hechas para el beneficio y el uso del hombre, tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón;

19 sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el alma.

(Doctrina y Convenios 59:15-19)

Al término de esta revelación el Señor presenta su firma inconfundible.

22 He aquí, esto va de acuerdo a la ley y los profetas; por tanto, no me molestéis más en cuanto a este asunto.

23 Aprended, más bien, que el que hiciere obras justas recibirá su galardón, sí, la paz en este mundo y la vida eterna en el mundo venidero.

24 Yo, el Señor, lo he hablado, y el Espíritu da testimonio. Amén.

(Doctrina y Convenios 59:22-24)

En conformidad con esta revelación, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se reúnen en el día domingo, el día del Señor, para conmemorar la expiación, muerte y resurrección de Jesucristo, para brindarse servicio unos a otros y para ser enseñados en las palabras de libertad y vida eterna. Como expone el élder James E. Talmage en su libro Artículos de Fe:

“La Iglesia acepta el domingo como el día de reposo cristiano y proclama la santidad de ese día. Admitimos sin argumento que bajo la ley mosaica se había designado y se observaba el séptimo día como el día santo, y que el cambio de sábado a domingo fué una particularidad de la administración apostólica que siguió al ministerio personal de Jesucristo”[18].

Hoy en día la práctica de los primeros cristianos, los miembros de la Iglesia cristiana primitiva, ha sido restaurada por medio de la revelación directa de nuestro Señor Jesucristo a través de profetas modernos, que reciben la comunicación de Dios tal como en los tiempos de la Iglesia primitiva.


  • [1] 2000. LBLA indice de topicos. La Habra, CA: Foundation Publications, Inc.
  • [2] James E. Talmage, Artículos de Fe, pág. 495
  • [3] Stott, John. 2007. Cristianismo Básico. (Ed.) Adriana Powell. (Trans.) René Padilla. 4a ed. Barcelona;Buenos Aires;La Paz: Ediciones Certeza Unida.
  • [4] Pfeiffer, Charles F. 2002. Diccionario bíblico arqueológico. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano.
  • [5] James E. Talmage. Jesús el Cristo.
  • [6] Stott, John. 2007. Cristianismo Básico. (Ed.) Adriana Powell. (Trans.) René Padilla. 4a ed. Barcelona;Buenos Aires;La Paz: Ediciones Certeza Unida.
  • [7] Deiros, Pablo A. 2006. Prefacio a la Edición Electrónica. Diccionario Hispano-Americano de la misión. Bellingham, WA: Logos Research Systems.
  • [8] Court, John M. 1999. Revelation. Sheffield: Sheffield Academic Press.
  • [9] Court, John M. 1999. Revelation. Sheffield: Sheffield Academic Press.
  • [10] Salcedo, Efrain. 2014. Señor, Día del. (Ed.) John D. Barry & Lazarus Wentz. Diccionario Bíblico Lexham. Bellingham, WA: Lexham Press.
  • [11] Court, John M. 1999. Revelation. Sheffield: Sheffield Academic Press.
  • [12] Bruce R. McConkie, Doctrina Mormona, bajo “Apostólicos, Padres”
  • [13] Salcedo, Efrain. 2014. Señor, Día del. (Ed.) John D. Barry & Lazarus Wentz. Diccionario Bíblico Lexham. Bellingham, WA: Lexham Press.
  • [14] Deiros, Pablo A. 2006. Prefacio a la Edición Electrónica. Diccionario Hispano-Americano de la misión. Bellingham, WA: Logos Research Systems.
  • [15] Salcedo, Efrain. 2014. Señor, Día del. (Ed.) John D. Barry & Lazarus Wentz. Diccionario Bíblico Lexham. Bellingham, WA: Lexham Press.
  • [16] Beal, Matthew S. 2016. Ten Commandments. (Ed.) John D. Barry, David Bomar, Derek R. Brown, Rachel Klippenstein, Douglas Mangum, Carrie Sinclair Wolcott, Lazarus Wentz, Elliot Ritzema & Wendy Widder. The Lexham Bible Dictionary. Bellingham, WA: Lexham Press.
  • [17] 2000. LBLA indice de topicos. La Habra, CA: Foundation Publications, Inc.
  • [18] James E. Talmage, “Artículos de Fe”, página 493

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