El Dr. Russell M. Nelson estaba en Manzanillo, México, en febrero de 1978, asistiendo a reuniones médicas con un grupo de doctores con quienes se había graduado hacía 30 años. De repente, uno de los doctores enfermó de gravedad al sufrir intensas hemorragias internas en el estómago. Bajo circunstancias normales, cualquiera de los médicos presentes podría haberlo tratado. Pero en aquel remoto pueblo pescador sin hospitales cercanos, ni aviones que pudieran volar de noche y sin equipo médico, se dieron cuenta que no podían ayudarlo, al ver a su colega sufrir.

“Era imposible convertir en acción todo el conocimiento y preocupación combinados para prestar ayuda a nuestro amigo, al tiempo que veíamos que su vida se escapaba delante de nuestros ojos. Nos era imposible detener la hemorragia”, dijo el presidente Nelson.

El hombre pidió una bendición. Varios de los doctores que poseían el Sacerdocio de Melquisedec respondieron de inmediato y el Dr. Nelson actuó como portavoz. “El Espíritu dictó que la hemorragia cesaría y que el hombre continuaría viviendo, y que regresaría a su hogar y a su profesión”. El hombre se recuperó y regresó a su hogar.

“Es muy poco lo que el hombre puede hacer por sí mismo para sanar a los cuerpos enfermos o quebrantados”, dijo el presidente Nelson. “Si ha recibido instrucción, es más lo que puede hacer; si tiene una capacitación médica avanzada, puede hacer un poco más. El verdadero poder para sanar es un don de Dios. Él ha dispuesto que una porción de ese poder se utilice mediante la autoridad de su sacerdocio para beneficio y bendición de la humanidad, cuando todo lo que el hombre pueda hacer por sí mismo quizás no sea suficiente”.
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Originally posted 2018-04-01 06:44:29.