El salmista dijo: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tu formaste,
“Digo: ¿Que es el hombre, para que tengas de el memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?
“Le. has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra.
“Le hiciste Señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies” (Salmos 8:3-6).
Eso pone claramente de relieve la importancia de nosotros, los hijos de Dios, en el plan de la vida terrenal y la vida eterna. También tenemos la palabra del Señor a Job cuando le preguntó:
“¿Dónde estabas tu cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes inteligencia.
“¿Quien ordenó sus medidas, si lo sabes? ¿O quien extendió sobre ella cordel ?
“¿Sobre que están fundadas sus basas? ¿O quien puso su piedra angular,
“Cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38:4-7)
Hermanos y hermanas, nosotros estuvimos en ese concilio que hubo en los cielos cuando se presentó ese plan, y nos sentimos felices por el privilegio, la oportunidad y la bendición de venir a la tierra a recibir un cuerpo de carne y hueso, lo que nos permitiría enfrentarnos al bien y al mal. Mis hermanos y hermanas, que agradecidos estamos de haber tomado parte en ese plan de redención, en lugar de pensar lo que Pablo dijo a los corintios: “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los mas dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:19). ¿Estamos dispuestos a dar las gracias por las bendiciones y el conocimiento que hemos recibido?

Bibliografía

«La Gratitud», Elder Lloyd P. George, Conferencia General de abril de 1994.