El Espíritu Santo es quien testifica que Jesucristo es el Hijo Amado de un Padre Celestial que nos ama y que desea que vivamos eternamente con Él como familias. Incluso con los indicios de ese testimonio, sentimos el deseo de servirle y de guardar Sus mandamientos, y cuando persistimos en hacerlo, recibimos los dones del Espíritu Santo para brindarnos poder en nuestro servicio, entonces vislumbramos más claramente la mano de Dios, tanto que con el tiempo no sólo lo recordamos, sino que llegamos a amarle y, mediante el poder de la Expiación, a ser más semejantes a Él.

(2007, octubre, Henry B. Eyring, ‘¡Oh recordad, recordad!,’ Liahona, noviembre 2007 ¶ 26)

 

Originally posted 2018-02-21 06:05:30.