“Prestemos atención al lenguaje de las Escrituras cuando describen el nivel de sacrificio que el Señor requiere de nosotros: “…ofrecedle vuestras almas enteras como ofrenda [a Dios]” (Omni 1:26, véase también Mosíah 2:24). “…[presentad] vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios” (Romanos 12:1). El Señor mismo ha dicho que debemos observar nuestros “convenios con sacrificio, sí, cualquier sacrificio que yo, el Señor, mandare” (D. y C. 97:8). El sacrificio que el Señor nos pide es que nos despojemos por completo del “hombre natural” (Mosíah 3:19) y de toda impiedad con él asociada. Cuando nos entreguemos por completo al Señor, Él llevará a cabo un cambio poderoso en nosotros, y nos convertiremos en personas nuevas, justificadas, santificadas y nacidas de nuevo con Su imagen en nuestros rostros (véase Mosíah 5:2; Alma 5:14; Moisés 6:59–60).”

Bibliografía

  • Ballard, M. Russell: La ley de sacrificio. En: Liahona marzo de 2002, pág. 17.