¿Sólo puede existir la página oficial de la Iglesia?

Algunos miembros de la Iglesia, cuando ven un enlace a los Biblicomentarios, dicen cosas como esta: “Hay que recordar que la doctrina se obtiene de la página oficial de la Iglesia, no de los Biblicomentarios”. Y con ello parecieran decir, “no lean esto, no es oficial, no vale la pena”. Realizar un sitio como los Biblicomentarios supone mucho esfuerzo. Hay que leer las Escrituras y muchos otros materiales. Hay que pensar cómo compartir el aprendizaje del evangelio en forma clara. Hay que escribir y resolver un sin número de cuestiones técnicas. Es, después de todo ello, desalentador encontrar declaraciones como esta, máxime cuando surgen de miembros de la Iglesia, no sólo porque descartan todo ese trabajo de un plumazo como si no fuera importante, sino especialmente porque reflejan un profundo mal entendimiento de la posición y la doctrina de la Iglesia. Permítanme aclararme.

En qué es correcta y en qué no esa declaración

Primero que nada, en sí, la declaración tiene un trasfondo cierto. La Iglesia tiene una página oficial y si uno quiere una posición doctrinal u oficial sobre cierto asunto es la fuente que debe consultar. No hay vuelta de hoja en ello. Pero yo jamás he declarado que los Biblicomentarios son una revelación oficial o una fuente de doctrina. El papel de los Biblicomentarios no es remplazar la página oficial de la Iglesia ni los cursos de estudio oficiales de la Iglesia. Son un esfuerzo particular; revisen el sitio y verán que aclaro eso en cada pie de página. La Iglesia no sólo permite sino que estimula el estudio del evangelio (vean los discursos de los élderes M. Russell Ballard y Quentin L. Cook en los últimos años) y ha alentado a los miembros a crear blogs en torno al estudio de temas doctrinales. Entonces, los Biblicomentarios son eso, auxiliares para el estudio del evangelio. Y, para que los estudios sean algo mejor que una opinión o un punto de vista particular, están documentados en una extensa bibliografía, basados en las declaraciones de las Autoridades Generales, en los estudios de eruditos SUD y en todo buen material disponible.Los Biblicomentarios, pues, parten del estudio de las Escrituras para brindarle orden y contexto y proponer métodos de estudio que puedan guiar a los miembros de la Iglesia a recibir revelación personal. Dado que son comentarios documentados, no debe extrañar que hagan referencia al sitio oficial con mucha frecuencia, así como a los estudios clásicos del evangelio, que es donde los miembros pueden encontrar mucha más y mejor información.

La Iglesia estimula los blogs y el estudio organizado del Evangelio

Quienes piensan que como miembros de la Iglesia sólo debemos consultar los sitios oficiales de la Iglesia y ninguna otra cosa tal vez no se están dando cuenta de lo radical de su pensamiento.

  • Primero que nada, esa forma de pensar no representa la posición de la Iglesia. Repito, es la Iglesia misma la que ha estimulado esta clase de estudio entre sus miembros, tal como las escrituras recomiendan también la lectura de “los mejores libros” además de las escrituras.
  • Segundo, suponer que un miembro no puede escribir un blog por cuenta propia en adición a los materiales oficiales de la Iglesia es como suponer que ningún miembro tiene derecho a discursar en la reunión sacramental o a predicar el evangelio, porque no es una Autoridad General. ¿Cómo aprenderían los miembros el evangelio sin estos esfuerzos hermosamente diseñados para el perfeccionamiento de los santos?

Piensen que en vez de predicar el evangelio de forma privada, lo estoy haciendo de manera pública, eso es todo. Y que, al hacerlo, respondo precisamente a la invitación de las Autoridades Generales de la Iglesia.

La hermosa labor de los escritores independientes SUD

Un punto más: las obras particulares de los miembros de la Iglesia no tienen que ser autorizadas por la Iglesia (precisamente porque son particulares). La Iglesia no autoriza o desautoriza cada obra particular de sus miembros, sea un blog, un libro, videos o cualquier otra forma de publicación. Les alienta, en cambio, a generar material, a hacer publicaciones en torno al evangelio, a contar su propia historia, a expresar su testimonio, a difundir el evangelio a su manera. Esta ha sido una invitación frecuente de las Autoridades Generales a lo largo de los años. Lamentablemente, sólo los miembros norteamericanos han respondido con entusiasmo a esta invitación. Sólo consultando la Librería del Congreso he recopilado más de ocho mil títulos de libros escritos sobre el evangelio y la Iglesia. Unos pocos son los materiales oficiales de la Iglesia y de las Autoridades Generales. La inmensa mayoría de esos libros, más de ocho mil, es la obra de autores independientes. Si la Iglesia proscribiera la obra de los autores independientes SUD estos libros no sólo no existirían, sino que tampoco serían publicados por Deseret Book, que es la editorial de la Iglesia. Pero precisamente allí encontrarán una buena porción de estos libros, que para nada son materiales oficiales de la Iglesia, pero que la misma Iglesia promueve, como parte de un estudio particular del evangelio. La obra de los autores independientes ha sido muy valiosa al permitir enfoques especializados sobre temas poco abordados pero necesarios o al generar incluso obras de ficción que a veces llegan a salpicar la pantalla grande.

Conclusión

Resumiendo: los Biblicomentarios no son una obra oficial de la Iglesia y nunca lo serán. Son un esfuerzo de naturaleza privada, llevado a cabo mayormente por un solo hombre, su servidor (aunque con gusto daría la bienvenida a otros autores). Están propensos a errores, sí, como toda clase, instrucción o discurso, pero se trata de minimizar esa posibilidad por medio de una extensa documentación, que es su principal valor agregado, al dar orden y claridad al estudio del evangelio. En ese sentido es solamente una propuesta, como en realidad deberían existir muchas más, para facilitar la comprensión y la difusión del evangelio restaurado de nuestro Señor Jesucristo.