Saúl

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    El celoso rey Saúl de Israel
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    Saúl fue el primer rey de Israel . Su reinado, que se extendió aproximadamente desde 1043 a.C. hasta 1010 a.C, marcó el cambio de sistema de gobierno para Israel desde un sistema de jueces hacia una monarquía, iniciando el periodo histórico del reino unido. La gestión del rey Saúl fue también importante como inicio para la consolidación de las tribus de Israel. Inicialmente un hombre humilde, llegó a ser sumamente orgulloso y celoso del poder, por lo que Dios le desechó y escogió al sencillo pastor David para sucederle en el trono. La vida y reinado de Saúl se relata en 1 Samuel 9-31, en tanto que su muerte se describe en 1 Crónicas 10:1-13.

    El final del periodo de los jueces

    Al envejecer Samuel, profeta y último juez de Israel, el pueblo israelita demandó gobernarse por un rey, a semejanza de las naciones paganas vecinas. Dios concedió esta petición aunque esto era contrario a su deseo, e instruyó a Samuel para ungir al imponente hombre de campo Saúl como rey sobre Israel. Esto inicio al periodo histórico del reino unido.

    Desarrollo del reinado del rey Saúl

    Las primeras victorias militares del rey Saúl le hicieron popular en Israel y consolidaron su posición como monarca. Sin embargo, el éxito pronto se le subió a la cabeza y se volvió celoso de su popularidad, en tanto que, gradualmente, comenzó a alejarse de Dios. Dicho alejamiento se manifestó de varias formas. Su carácter se tornó violento. Perdió la habilidad de confiar en Dios y el deseo de obedecerle. Hacia el final de su reinado sufría ya de una intensa depresión y paranoia.

    La relación del rey Saúl y David

    Saúl, incapaz de ejercer fe, se acobardó ante el desafío de los filisteos y el enfrentamiento del gigante Goliat. David fue el humilde ganador de esa batalla y acumuló además otras victorias militares. Saúl percibió como una amenaza la creciente popularidad de David, tornándose su inicial admiración en deseos asesinos. Los arranques violentos del rey Saúl de Israel llevaron a David a huir de la corte y convertirse en fugitivo. Saúl persiguió a David hasta el final de su vida, el cual ocurrió durante una batalla con los filisteos.

    La relación del rey Saúl con Dios

    Examinar la vida del rey Saúl de Israel puede conducirnos a descubrir grandes lecciones acerca de los efectos de la inactividad y la apostasía personal. El rey Saúl inició su reinado como un hombre humilde. Sus primeras victorias las acreditaba a Dios, como se puede observar en su batalla contra los amonitas, donde declaró “hoy Jehová ha traído salvación a Israel.” (1 Samuel 11:13).

    La primera gran desobediencia del rey Saúl (1 Samuel 13)

    Su ejército, sin embargo, era pequeño. Israel se impresionó por el tamaño del ejercito de los filisteos cuando los enfrentaron en el segundo año del reinado de Saúl, y terminaron huyendo ante ellos. En una sola semana, el ejército de Saúl se redujo a sólo 600 hombres. El profeta Samuel instruyó a Saúl, ante esa eventualidad, que esperara siete días para ofrecer un sacrificio pero, en su desesperación, el rey Saúl de Israel decidió no esperar y ofreció él mismo el sacrificio. Al hacerlo, impuso su autoridad civil, desconociendo la autoridad de Dios, ya que él no contaba con el sacerdocio para efectuar el sacrificio. Esta acción fue deplorada por el profeta Samuel, quien le indicó a Saúl que, por actuar “neciamente”, perdió la oportunidad para fundar una dinastía.

    Los miedos y desesperación de Saúl fueron el reflejo de una falta de fe. No sólo contaba Saúl con el doble del ejército con que contó anteriormente el juez Gedeón para enfrentar a un enemigo igualmente numeroso, sino que, por ese tiempo, su propio hijo, el príncipe Jonatán, puso el ejemplo de fe y valor al derrotar a una avanzada filistea.

    Saúl desobedece de nuevo a Dios (1 Samuel 15)

    Saúl impuso nuevamente su voluntad sobre la de Dios al ser enviado a derrotar a los amalecitas. En violación directa a las instrucciones divinas decidió perdonar la vida del rey de Amalek y conservar un valioso botín. Al ser confrontado por el profeta Samuel, el rey Saúl de Israel intentó cubrirse con mentiras, diciendo que había reservado el botín de ganado para ofrecerlo como sacrificio. Samuel le condujo a través de un lento reconocimiento de su pecado, en el cual admitió primeramente que temió al pueblo (1 Samuel 15:24) pero después intentó ganar la complicidad del profeta, instándole a honrarle delante del pueblo.

    Saúl ordena la matanza de los sacerdotes de Nob (1 Samuel 22)

    Durante su persecución a David, sus celos por el poder llegaron al grado extremo de ordenar el extermino del sacerdote Ahimelec y su compañía, que habían brindado protección a David sin saber que era un fugitivo. Dado que ningún israelita querría ejecutar esa orden, encomendó a un edomita su cumplimiento.

    Saúl consulta a una espiritista (1 Samuel 28)

    Ya alejado su corazón de Dios, Saúl consultó a una espiritista para ser guiado en una nueva guerra contra los filisteos, en una violación directa a la ley de Moisés (ver Deuteronomio 18:10-11). Esto condujo a su destrucción, pues el espíritu que apareció fue el del propio profeta Samuel, quien predijo que al día siguiente moriría el rey Saúl (1 Samuel 28:18-19).

    Lo que aprendemos del rey Saúl

    Saúl, a pesar de su físico imponente, padecía una cobardía espiritual y desarrolló una falta de humildad y de fe que le condujo a la destrucción. Aprendemos de él la necesidad de confiar en Dios y no en la fortaleza del hombre, sea cual sea nuestro llamamiento y posición en la tierra.

    Tal como el profeta Samuel le señaló, Saúl estaba más preocupado por las apariencias que por la verdadera obediencia (1 Samuel 15:22). El temor a los hombres le dominaba más que la confianza en Dios y su propia grandeza pesaba demasiado en su consciencia. Pequeñas desobediencias le condujeron a las aberraciones grandes, de las que podría librarse con tan sólo una actitud humilde como para reconocer y confesar sus pecados y desarrollar el deseo de corregirlos.

    Saúl nos recuerda que el carácter cuenta, ya que los hombres pueden ver solamente la apariencia, pero Dios conoce el corazón.

    Bibliografía

    • Larry Richards, Every man in the Bible. (Nashville: T. Nelson, 1999).
    • Biblical Event Navigator. (Bellingham, WA: Faithlife, 2014).
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