Hace ya mucho tiempo, cuando era un joven converso, un misionero pasó por la capilla del único barrio que tenía entonces Celaya. Estaba reunido con otros jóvenes y, al ver las fotos de las Autoridades Generales en una revista Liahona, expresó: “No soy profeta, pero voy a hacer una profecía. Thomas S. Monson llegará a ser el presidente de la Iglesia”. El Espíritu Santo tocó mi corazón en esa ocasión y le creí, porque sentí y percibí exactamente lo mismo, pero lo reservé hasta ver el cumplimiento de su declaración, que sucedió hace diez años. Entonces no sólo no me tomó por sorpresa el llamamiento del presidente Monson como el nuevo profeta de la Iglesia, sino que expresé mi testimonio con inmenso gozo, recordando aquella sencilla y atrevida profecía de un misionero de paso en un barrio singular.

Hemos visto el desarrollo de la Iglesia en estos diez años y es fácil acostumbrarse a la presencia de los seres amados. No obstante, la Iglesia comenzó a romper un récord histórico: el récord de los líderes más longevos en el cuadro de las Autoridades Generales de la Iglesia. Y entonces pasaron cosas correspondientes. Perdimos tres apóstoles al hilo. En plena conferencia general, perdimos al élder Robert D. Hales. Y hoy lamentamos la partida del presidente Thomas S. Monson.

Pero decir “perder” es sólo una expresión. Comenté a alguien en Facebook que la muerte de una persona noble no es ocasión de tristeza, sino de gozo, por causa de nuestra esperanza en Cristo. Porque, a pesar del vacío que nos deja a nosotros, no puede haber para él sino una bendición que rebasa toda descripción. Y por tanto, su posición es envidiable. Él ha partido para rencontrarse con su amada Frances, y con nuestro Salvador Jesucristo, a una misión que supera las expectativas de todo cuanto pudo lograr sobre esta tierra y a un servicio que dará mayor loor y gloria a nuestro Dios.

Para honrarle, debemos continuar con nuestro estudio de las Escrituras, aplicándolas para aprender por la experiencia, tanto por el estudio como por la fe. Y la fe es activa, es viva. He preparado una serie de artículos que nos ayuden a aprender más sobre la vida de nuestro amado presidente Monson. Y siento un vivo entusiasmo por aprender y escribir más sobre este plan de estudio diario del Antiguo Testamento. Descanse en paz nuestro amado presidente Thomas Spencer Monson.