Después de muchos días de sufrimiento, de haber sido reprendido por quienes debían haberlo consolado, y después de haber sufrido prácticamente todo dolor imaginable, Job por fin tiene una audiencia con El Señor, algo que él había solicitado anteriormente (Job 7:17-21 ). A simple vista pareciera que este es uno de esos casos donde se aplica la frase de “ten cuidado con lo que pides” ya que Jehová le reprende, Job se arrepiente y reconoce la grandeza de Dios. Sin embargo, si prestamos atención nos daremos cuenta que más que un regaño el Señor ensancha el conocimiento que Job tenía sobre la grandeza, el poder, y el conocimiento de Dios. También observaremos que debido a esta magnífica interacción con su Creador, Job llega a comprender aún más acerca del plan de salvación y por último, su proceso de refinación queda completo para después ser bendecido aún más de lo que había tenido antes, con el doble de todo.

Jehová ha estado en control desde el inicio

Como un buen maestro, Jehová le muestra a Job su poder y conocimiento al enumerar sus creaciones de una manera lineal, es decir, desde el principio. Sin embargo en vez de comenzar desde “los cielos y la tierra” (Gen 1:1) como empieza el Génesis, el Señor comienza dando un paso atrás para que su hijo pueda tener una comprensión aun mayor del alcance de su brazo, por tal razón empieza a hablar de la vida pre terrenal. Jehová le dice:

4 ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber, si tienes entendimiento.

5 ¿Quién dispuso sus medidas, si lo sabes? ¿O quién extendió sobre ella cordel?

6 ¿Sobre qué están fundadas sus bases? ¿O quién puso su piedra angular,

7 cuando alababan todas las estrellas del alba, y se regocijaban todos los hijos de Dios?

Estos versículos nos recuerdan que la obra de Jehová no comienza al organizar la tierra en la que vivimos sino mucho antes, ayudándole a Job a comprender que Él ha estado en control de la situación desde el principio, dando forma y propósito a cada cosa que fue puesta y organizada sobre la tierra. No estaría lejos de la realidad el pensar que esto pudo haber fortalecido la fe de Job al saber que si el Señor estuvo pendiente de cada detalle ¿no estaría pendiente y en control también de la vida de su siervo Job? ¿no estaba al tanto su Creador de todas sus dificultades vividas y sus tormentos?

Se enumeran las creaciones del Señor

En los siguientes versículos y en el capítulo 39, Dios enlista a Job las creaciones de sus manos en un orden similar al del relato de la creación en Génesis 1. Se mencionan a la tierra, los mares, la luz, la lluvia, las estrellas, así como a los animales. En todas estas preguntas retóricas que El Señor hace, Job recuerda que a pesar de sus obras justas, no puede compararse con su Dios en sabiduría, poder y entendimiento. No hay una sola de estas preguntas que él pueda responder, y si bien esto nos podría parecer altanero o presuntuoso de parte de la deidad, el propósito de esto era que Job pudiera recordar con quién estaba conversando, a quién podría tener toda la confianza y fe para actuar. Debió caer en Job el conocimiento de que no estaba lidiando con un dios “amateur” sino con el padre del cielo y la tierra, con un ser todo poderoso, omnisapiente, pero sobre todo, con un Padre Celestial y un Jesucristo que le amaban y sabían que era lo mejor para él.

Ni el behemot ni el leviatán

Job tiene la oportunidad de responder en el capítulo 40 y lo hace de la manera más natural y comprensible que pudiéramos imaginar, su sinceridad conmueve y nos recuerda de su bondad y su humildad:

4 He aquí que yo soy insignificante; ¿qué te responderé? Mi mano pongo sobre mi boca.

5 Una vez he hablado y no responderé; aun dos veces, mas no volveré a hablar.

El Señor empieza a describir a dos bestias indomables como el behemot y al leviatán, símbolos de destrucción y caos. De las versiones que se dan de que animales podrían ser en la actualidad, lo más acertado sería decir que el behemot es un hipopótamo y que el leviatán una bestia marina similar a un cocodrilo. Aun cuando nadie puede tener de mascota a estos feroces animales ni cambiar su naturaleza, ninguno de ellos puede más que Jehová su creador. Y si no pueden las bestias feroces, los elementos o la misma tierra, la pregunta que el Señor externa cobra mucho sentido para nuestro día a día:

41:10 ¿Quién, pues, podrá estar delante de mí?

Job responde humildemente

Ante éste cúmulo de evidencias Job responde de nuevo con su característica humildad

Y respondió Job a Jehová y dijo:

2 Yo sé que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti.

3 ¿Quién es el que oculta el consejo sin conocimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía, cosas demasiado maravillosas para mí, que no sabía.

Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás.

5 De oídas había oído de ti, mas ahora mis ojos te ven.

6 Por tanto, me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza.

Impresiona el que alguien descrito en el inicio como alguien “… perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (Job 1:8) pueda decir que se arrepiente y que por fin conoce a su Dios, una muestra más de que nuestro aprendizaje es para toda la vida y de que podemos ser mejores de lo que nosotros mismos creemos.

Job es restituido

Una vez que el Señor condena a sus amigos “porque no habéis hablado de mí lo recto, como mi siervo Job.” (Job 42:7), el Señor restituye a Job y termina con mucho más de lo que tenía antes de empezar su dolorosa travesía de purificación y refinamiento:

10 Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando este hubo orado por sus amigos, y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.

11 Y vinieron a él todos sus hermanos, y todas sus hermanas y todos los que antes le habían conocido; y comieron con él pan en su casa, y se condolieron de él y le consolaron de todo aquel mal que Jehová había traído sobre él; y cada uno de ellos le dio una pieza de plata y un zarcillo de oro.

12 Y bendijo Jehová los postreros días de Job más que los primeros, porque tuvo catorce mil ovejas, y seis mil camellos, y mil yuntas de bueyes y mil asnas.

13 Y tuvo siete hijos y tres hijas.

No pasa desapercibido que el Señor haya dado el doble de sus posesiones y que le haya dado el mismo número de hijos que tenía al principio (Job 1:2). Podría parecer que en ese caso no aplicaba la bendición reciente, pero esto no es así, pues desde una perspectiva eterna, sus primeros hijos que fallecieron seguirán siendo suyos por toda la eternidad como una gran familia.

Job nos enseña que al igual que Cristo, los demás profetas y así como cada uno de nosotros, que debemos de salir y atravesar el mar de situaciones y pruebas que nos permitirán refinarnos y dejar atrás lo que nos estorbe en nuestro progreso, para que después podamos ser merecedores de participar de las bendiciones de la exaltación. Debemos en cierta medida experimentar nuestro propio calvario adecuado a nuestras circunstancias y capacidades en algún momento de nuestra vida. Por lo tanto la historia de Job es la historia de cada uno de nosotros.

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