Democracia vs monarquía realistas
Los realistas deseaban regresar a la monarquía y abatir los derechos y privilegios del gobierno democrático.

El Libro de Mormón describe cómo se rescató la libertad del pueblo bajo la amenaza de los realistas, un grupo de disidentes que querían instaurar una opresiva monarquía en su búsqueda de poder y prestigio.

Cómo surgió la amenaza realista

Transcurría el gobierno de Pahorán I como juez superior de la tierra de Zarahemla. En el año 67 a.C. se presentó una división mayor entre el pueblo con respecto a las leyes de gobierno que se encontraban entonces vigentes. Existía un conjunto de personas bien acomodadas, dotadas con poder e influencia, y que se consideraban de alta alcurnia e “ilustre linaje” (Alma 51:8). Llevados por un sentimiento de soberbia y sed de poder, tenían la aspiración de que el gobierno del país fuese una monarquía en lugar de un gobierno libre. Su primera iniciativa fue la de enviar un memorial exigiendo que fuese modificada la ley pero, al ser este memorial descartado por Pahorán I, iniciaron una disputa entre el pueblo.

La derrota inicial de los realistas por elección democrática

Tomando el nombre de “realistas” para distinguirse, los que deseaban la modificación del sistema de gobierno por el sistema de monarquía formaron un partido opuesto al de los “hombres libres” quienes deseaban retener a Pahorán I como juez superior para mantener la libertad que ofrecía el gobierno de jueces instituido desde los días de Mosíah II. Ante la amenaza de perder sus libertades y derechos, los “hombres libres” hicieron convenio “de mantener sus derechos y los privilegios de su religión mediante un gobierno libre” (Alma 51:6).

Conforme a la ley, se convocaron elecciones para dirimir el asunto conforme a “la voz del pueblo”, de manera democrática. El parecer popular resultó en la preservación del sistema de jueces.

La traición de los realistas ante la invasión de Amalickíah

La derrota de los realistas en las elecciones coincidió con un nuevo ataque desde la frontera sur de parte de Amalickíah, un disidente nefita que se había aliado anteriormente con los lamanitas. Viéndose frustrados, los realistas, en lugar de responder a la convocatoria de tomar las armas contra el invasor, decidieron negarse a ello y permitir así, a través de la pasividad, que la tierra de Zarahemla quedara bajo el dominio de sus enemigos.

El capitán Moroni, jefe del ejército nefita, consideró esto como traición y envió un memorial para que se obligara a los realistas a tomar las armas para la defensa de la tierra, el cual fue aprobado por la voz del pueblo (Alma 51:14-16). Cuatro mil de los realistas fueron abatidos en la primera batalla y sus jefes sobrevivientes fueron encarcelados en la espera de una mejor oportunidad para juzgarlos. El resto aceptó su derrota y se unió al ejército de Moroni para defender al pueblo contra el invasor Amalickíah.

El resultado de la guerra contra Amalickíah

La cruenta guerra que comenzó en ese instante duró cinco largos años, los cuales culminaron con la victoria de los nefitas, ganada principalmente a través de la estrategia de Moroni y el éxito de Helamán y los 2,000 jóvenes descendientes del pueblo de conversos lamanitas conocido como “el pueblo de Ammón”. Al final de la guerra, los hombres libres que habían sido desalojados de Zarahemla por disidentes nefitas que se habían adherido a la filosofía de los realistas fueron restaurados a sus hogares. Pahorán I, el juez principal, fue también restablecido a su oficio. La libertad prevaleció en la tierra y las leyes que garantizaban su ejercicio fueron preservadas (ver Alma capítulos del 51 al 62).

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