El Monte de la Transfiguración, muerte de Moisés, seres trasladados sud
En el Monte de la Transfiguración, Moisés apareció junto con Elías, ambos como seres trasladados.

La muerte de Moisés, un objeto de estudio fascinante

El pasaje erróneamente etiquetado como la “muerte de Moisés” en la mayoría de las Biblias ha sido motivo de perplejidad para numerosos eruditos evangélicos que se sienten confusos por el tipo de lenguaje utilizado por la descripción del autor de este pasaje. Es, por una parte, impensable que la muerte de Moisés haya sido registrada por el propio Moisés. Pero existen, además, ciertas peculiaridades que hacen pensar que Moisés no murió realmente y que su muerte ha sido descrita únicamente como una referencia.

El inquietante pasaje sobre la aparente muerte de Moisés

Los versículos en Deuteronomio 34:5-7 parecen documentar la muerte de Moisés, pero lo hacen en un lenguaje muy peculiar. Debemos tomar en cuenta lo siguiente:

  • Obviamente, Moisés no registró su propia muerte. Esto lo hizo alguien más, quien tomó los escritos de Moisés y los concluyó con lo mejor de su conocimiento.
  • El versículo de Deuteronomio 34:6 es continuidad del versículo anterior. La frase “lo enterró” se refiere a Jehová, que es a quien hace referencia el versículo cinco. Moisés, de acuerdo con esta expresión, fue “sepultado por Jehová”. Al entender del escritor, no lo enterró hombre alguno, sino el Señor.
  • El versículo seis indica, además, que nadie conoce el lugar de su sepultura.

En otras palabras, el escritor da por sentado que Moisés murió y que fue sepultado. Esto es lo que alcanza a entender, porque Moisés no está más con ellos. Pero al mismo tiempo reconoce que no conoce el lugar de su sepultura y que el Señor hizo algo con él.

La relación de Moisés con los seres trasladados

Las escrituras contienen otras instancias de seres cuya muerte y sepultura fue desconocida. Un caso típico es el caso de Enoc, el séptimo patriarca desde la línea de Adán. Génesis 5:24 indica que “desapareció, porque le llevó Dios”. Pablo de Tarso, al mencionar a Enoc entre sus “héroes de la fe”, es más explícito. Él dice que Enoc fue trasladado.

5 Por la fe Enoc fue trasladado para no ver la muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios. Y antes que fuese trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. (Nuevo Testamento | Hebreos 11:5)

En realidad, no sólo Enoc, sino todo su pueblo, fue llevado al cielo en esta calidad (DyC 38:4; DyC 45:11-12). Otros ejemplos de seres trasladados, personas que fueron llevados por Dios sin probar la muerte, incluyen al profeta Elías (2 Reyes 2:11), a Juan el Amado (Juan 21:22-23; DyC 7) y a los tres nefitas (3 Nefi 28:7). El pasaje concerniente a los tres nefitas, el cual se puede encontrar en el Libro de Mormón, es el más descriptivo de todos, pues nos informa no sólo los efectos que tiene la traslación (3 Nefi 28:7–10), sino que también nos proporciona detalles en cuanto a la transformación que tiene lugar en el cuerpo para que la traslación se lleve a cabo (3 Nefi 28:38-40). La Guía para el Estudio de las Escrituras se refiere muy brevemente a este cambio en su definición sobre los “seres trasladados”.

Personas que experimentan un cambio de manera que no padecen el dolor ni la muerte hasta el momento de su resurrección a la inmortalidad. (Guía para el Estudio de las Escrituras | S Seres trasladados)

Alma y Moisés como seres trasladados

El Libro de Mormón incluye un pasaje en el que se comparan las extrañas circunstancias de la desaparición de Alma con la de Moisés. Al comentar la desaparición de Moisés, la explica de la siguiente manera:

18 Y cuando Alma hubo hecho esto, salió de la tierra de Zarahemla como si fuera a la tierra de Melek. Y ocurrió que no se volvió a saber de él; y de su muerte y de su entierro, nada sabemos.
19 He aquí, esto sí sabemos, que fue un hombre justo; y se afirmó en la iglesia que fue arrebatado por el Espíritu, o sepultado por la mano del Señor, así como lo fue Moisés. Mas he aquí, las Escrituras dicen que el Señor tomó a Moisés para sí; y suponemos que también ha recibido a Alma para sí en el espíritu; por tanto, es por esta razón que nada sabemos concerniente a su muerte y entierro.
(Libro de Mormón | Alma 45:18–19)

Las expresiones “arrebatado por el Espíritu”, “sepultado por la mano del Señor” y “llevado por el Señor” son, entonces, equivalentes y son indicativos de que una persona ha sido convertida por el Señor en un ser trasladado, es decir, que ha sido llevado por el Señor sin pasar por la muerte.

El ministerio de Moisés como ser trasladado

En el caso particular de Moisés, la razón por la que el Señor le preservó se debía a que tenía un propósito especial. Moisés tenía las llaves del recogimiento de Israel y, en esa calidad, había de participar aún en eventos significativos para la historia de toda la Iglesia. Los autores de los evangelios reconocen su presencia en un evento de suma importancia,  el del Monte de la Transfiguración, sucedido entre la confesión de Pedro y el último viaje de Jesús.

El ministerio de Moisés se extendió más allá de los límites de su existencia terrenal. José Smith enseñó que Moisés, junto con Elías el profeta, vino al Monte de la Transfiguración y allí confirió las llaves del sacerdocio a Pedro, Santiago y Juan (Mateo 17:3–4; Mar. 9:4–9; Lucas 9:30; DyC 63:21). (Guía para el Estudio de las Escrituras | M Moisés)

En una época más reciente, Moisés también participó en una asombrosa visión recibida por el profeta José Smith y Oliverio Cowdery en el templo de Kirtland, el 3 de abril de 1836. En esta ocasión, el profeta Moisés les entregó las llaves que él poseía y con eso les habilitó para llevar a cabo su propia misión asignada por el Señor sobre la tierra.

11 Después de cerrarse esta visión, los cielos nuevamente nos fueron abiertos; y se apareció Moisés ante nosotros y nos entregó las llaves del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del norte.(Doctrina y Convenios 110:11)

Gracias a esa participación se dio por iniciada la gran obra del recogimiento de Israel en los últimos días, como parte del cumplimiento de las profecías al respecto y en preparación para la gloriosa Segunda Venida de nuestro Señor Jesucristo.

Conclusión

El profeta Moisés no murió, sino que fue trasladado. El escritor de los últimos pasajes de Deuteronomio obró con lo mejor de su conocimiento al registrar la muerte de Moisés, pero reconociendo que hacía una suposición al respecto, pues no podía aportar detalles sobre su muerte y sepultura. Lo que podía afirmar con buen conocimiento es que había sido “sepultado por el Señor”, una fraseología que también se usó para el caso de la desaparición del profeta Alma y que le vincula con el caso de otros seres que desaparecieron llevados por el Señor en circunstancias similares y a quienes se conoce como “seres trasladados”. Estos seres han sufrido una transformación en su cuerpo para no pasar por la muerte hasta el día de la resurrección.

La razón por la que el Señor preservó a Moisés tenía que ver con el cumplimiento de su misión sobre la tierra, la cual iba mucho más allá del corto periodo de su vida terrenal y tenía relación con eventos significativos del plan de salvación para la humanidad, en preparación de la restauración del evangelio en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, llevada a cabo por Dios a través del Profeta José Smith, como preparación para la humanidad en la víspera de la Segunda Venida de Jesucristo.

Agradezcamos al Señor por toda la anticipación con la que preparó un plan de salvación para la humanidad y por la preservación de Moisés como un instrumento en sus manos para llevar a cabo tan sagrada misión.

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