Eventualmente, Babilonia siguió el patrón de los conquistadores anteriores y en 539 a.C. fue sobrepasada por Ciro el Grande. Por 200 años los persas siguieron una política de alentar la construcción de grupos nacionales dentro de su imperio. Durante el régimen persa, los muros de Jerusalén fueron reconstruidos y, a través de la guía de Esdras y de Nehemías, los judíos recuperaron una semblanza de soberanía y de libertad temporal y espiritual.