“La ley de sacrificio nos proporciona una oportunidad de demostrarle al Señor que le amamos más que ninguna otra cosa. Debido a ello, en ocasiones el curso se torna difícil puesto que se trata del proceso de perfección que nos prepara para el reino celestial y para “[morar] en la presencia de Dios y de su Cristo para siempre jamás” (D. y C. 76:62).”

Bibliografía