“Al contemplar la ley de sacrificio en nuestra vida, contemplemos también el entorno en el que vivimos. Las bendiciones que hemos recibido en nuestra época son grandiosas y debemos resguardarnos celosamente de la ingratitud. El Señor dijo: “Y en nada ofende el hombre a Dios, ni contra ninguno está encendida su ira, sino contra aquellos que no confiesan su mano en todas las cosas” (D. y C. 59:21). El espíritu de la ley de sacrificio promueve la gratitud.”

Bibliografía

• M. Russell Ballard, "La ley de sacrificio", Liahona. marzo de 2002