En el segundo tomo de sus “Antigüedades de los Judíos”, Flavio Josefo describe una inesperada razón por la que los egipcios cobraron tanto odio contra los israelitas. Después de exponer que los egipcios, una vez liberados del dominio de los hicsos o reyes pastores, se tornaron sumamente ociosos y miraron con envidia la prosperidad israelita, Josefo indica que un evento fuera de lo común hizo crecer la animosidad entre los egipcios.

La profecía egipcia acerca del nacimiento y misión de Moisés

“Estando de este modo las cosas, se produjo un acontecimiento que excitó aún más a los egipcios en su deseo de exterminar a nuestra nación. Uno de los escribas sagrados, hombres que son muy astutos para predecir los acontecimientos futuros, dijo al rey que por aquella época nacería un niño israelita que, cuando fuera hombre, derribaría el dominio de los egipcios y exaltaría a los israelitas. Superaría a todos los hombres en virtudes y obtendría una gloría que perduraría por todos los siglos”.

La reacción de Faraón ante la profecía sobre Moisés

Esta, según Josefo, fue la razón que impulsó al Faraón a ordenar la matanza de todos los niños varones, primero a través de las parteras y después por medio de sus mismos padres.

“El rey tuvo tanto miedo que, de acuerdo con la opinión de ese hombre, ordenó que mataran a todos los niños que les nacieran a los israelitas, arrojándolos al río; dispuso, además, que las parteras egipcias vigilaran a las mujeres hebreas y observaran a los recién nacidos, porque quería que cumplieran esas funciones con las mujeres hebreas las parteras que, por ser compatriotas del rey, no infringirían sus órdenes.

“Mandó también que los padres que desobedecieran y trataran de salvar la vida de un niño fueran muertos ellos y sus familias.

“Fue una gran pesadumbre para los afectados, no sólo porque los privaban de sus hijos y porque siendo sus padres debían colaborar en la destrucción de sus propias criaturas, sino también porque aquella medida conduciría al exterminio de toda la nación. Esta era la desdichada situación”.

Nadie puede oponerse a los designios de Dios

La conclusión final de Flavio Josefo, al mirar en retrospectiva la forma en que Moisés fue milagrosamente salvado, es la de que la voluntad de Dios prevalece por encima de toda la oposición que pueda disponer el hombre:

“Pero nadie puede oponerse a los designios de Dios, ni aunque imagine diez mil recursos sutiles; porque ese niño que había pronosticado el sagrado escriba, fue criado y ocultado a la vista de los observadores nombrados por el rey. El que lo había pronosticado no se equivocó en las consecuencias de ese hecho, que ocurrieron de la siguiente manera”.

Bibliografía