“Después del sacrificio supremo del Salvador, se hicieron dos ajustes en [la ley de sacrificio]. El primero es que la ordenanza de la Santa Cena reemplazó a la del sacrificio; y el segundo es que ese cambio se centró, no en el animal de una persona, sino en la persona misma. En un sentido, el sacrificio cambió de la ofrenda al oferente.

“…Tras Su ministerio terrenal, Cristo elevó la ley de sacrificio a una nueva altura… En vez de que el Señor requiera nuestros animales y granos, ahora desea que nos despojemos de toda impiedad. El vivir esta excelsa ley de sacrificio llega hasta el alma misma de la persona. El élder Neal A. Maxwell, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: ‘El verdadero sacrificio personal no ha consistido nunca en poner un animal sobre el altar, sino en la disposición de poner en el altar el animal que está dentro de nosotros y dejar que se consuma’. (‘Absteneos de toda impiedad’, Liahona, julio de 1995, pág. 78).

“…Cuando vencemos nuestros deseos egoístas y ponemos a Dios en primer lugar de nuestra vida, y hacemos convenio de servirle a toda costa, entonces estamos viviendo la ley de sacrificio” (Elder M. Russell Ballard, “La ley de sacrificio”, Liahona, marzo de 2002, pág. 17).

Originally posted 2017-11-15 11:46:26.

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