Las tradiciones judías nos ayudan a apreciar mejor la naturaleza de nuestro Padre Celestial en la tierna recitación de los salmos del 113 al 118, a la que se llama “Hallel”, y que se ofrece durante la festividad de la Pascua en celebración del histórico éxodo de los hijos de Israel desde Egipto y de su cruce por el Mar Rojo. Cuando llegaron al Mar Rojo, los alcanzaron los ejércitos egipcios. Por medio de Moisés, Dios abrió las aguas y “los hijos de Israel entraron por en medio del mar, en seco”. Los egipcios los siguieron. Moisés volvió a extender la mano sobre el mar “y volvieron las aguas” (Exodo 14:22, 2).

(1992, octubre, Marion D. Hanks, ‘Un Dios amoroso y comunicativo,’ Liahona, noviembre 1992 ¶ 17)