El egoísta consumado usa a los demás, pero no los ama. ¡Cuídense los Urías del mundo! (véase 2 Samuel 11:3-17). Siglos antes de Cristo, el profeta Jacob advirtió a los hombres impuros: “Habéis quebrantado los corazones de vuestras tiernas esposas y perdido la confianza de vuestros hijos por causa de los malos ejemplos que les habéis dado” (Jacob 2:35). Cuando el amor se enfría, que se cuiden también los pobres y necesitados, porque se les abandonará como sucedió en Sodoma (véase Mateo 24:12; véase también Ezequiel 16:49). Aunque parezca extraño, cuando los egoístas dejan de ser pequeños a sus propios ojos, ¡todos los demás empiezan a encogerse! (véase 1 Samuel 15:17).

«Arrepintámonos de nuestro egoísmo», Elder Neal A. Maxwell, Conferencia General de abril de 1999.