Al considerar la función de los profetas, es importante que comprendamos que, en primer lugar, son llamados por Dios y que Él testifica al mundo de su llamamiento. En el antiguo Libro de Abraham se describe un acontecimiento que ocurrió en la vida premortal, cuando Dios contempló los espíritus que había creado: “Y vio Dios que estas almas eran buenas, y estaba en medio de ellas, y dijo: A éstos haré mis gobernantes; pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos; y me dijo: Abraham, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer” (Abraham 3:23).
Sobre Samuel, el profeta del Antiguo Testamento, las Escrituras dicen: “Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová” (1 Samuel 3:19-20).

«El llamado de advertencia de los profetas», Elder Shirley D. Christensen, Conferencia General de octubre de 2003,.