Los profetas, más que los magos y astrólogos

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Daniel y sus amigos, escogidos en medio de la cautividad

 

Durante la cautividad de los judíos en Babilonia el rey Nabucodonosor solicitó que se escogiera a un grupo de muchachos israelitas para que fueran educados en la lengua y cultura babilónicas y entraran al servicio de la corte del rey. Entre ellos se destacaron cuatro, a quienes el encargado cambió su nombre original por nombres babilónicos de la siguiente manera:

Nombre originalNombre babilónico
DanielBeltsasar
AnaníasSadrac
MisaelMesac
AzaríasAbed-nego

Daniel era el líder del grupo (el que hablaba por ellos). Estos cuatro jóvenes formaron un equipo unido que prefirió vivir la ley de salud del Señor (la Palabra de Sabiduría vigente en ese momento) y rehusó, por tanto, contaminarse con la comida del rey, que incluía vino y otros alimentos prohibidos. Como resultado de su valor moral y su obediencia el Señor les bendijo con una abundancia del espíritu de profecía y otros dones espirituales.

Mejores aún que los magos y astrólogos

Daniel 1:19–20
19 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; y así entraron al servicio del rey.
20 Y sobre todo asunto de sabiduría y de entendimiento que el rey los consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino. (Antiguo Testamento | Daniel 1:19–20)

Toda esta historia se halla en el capítulo 1 del libro de Daniel. Y tomando sólo uno de los versículos de este capítulo, el punto a dejar en la memoria por el día de hoy es este: los profetas y siervos inspirados de Dios son más confiables que el conocimiento de la magia, la adivinación o la astrología. La consulta del horóscopo no puede remplazar a la consulta de los oráculos inspirados por el Señor, es decir, a los profetas de Dios. Si nuestro corazón está volcado a Dios en lugar de estas cosas y rehusamos participar de la moda o de la corriente contaminada del mundo estaremos llenos del mismo espíritu de inspiración que hubo en Daniel y sus jóvenes compañeros, de tal manera que no requeriremos consultar a los “magos y astrólogos” que existen en el mundo. Ni aún por diversión.

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