Qué son los libros apócrifos y cómo considerarlos

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Pasaje base

Doctrina y Convenios 91:1–2
De cierto, así dice el Señor concerniente a los libros apócrifos: Contienen muchas cosas verdaderas, y en su mayoría se han traducido correctamente;

2 hay muchas cosas en ellos que no son verdaderas, que son interpolaciones de los hombres. (Doctrina y Convenios|Doctrina y Convenios 91:1–2)

Relación de los evangelios apócrifos con María Magdalena

Al estar preparando el biblicomentario sobre María Magdalena para concluir la serie “Las mujeres que siguieron a Jesús” me ha parecido prudente hacer algunas anotaciones previas.

Qué son los libros apócrifos

Existen sobre María Magdalena muchos mitos, algunos alimentados por autores que han citado erróneamente los llamados evangelios apócrifos como “pruebas concluyentes” de su punto de vista particular sobre el tema. Es verdad que el descubrimiento de estos documentos constituye un hallazgo notable desde el punto de vista histórico, pero no pueden ser considerados propiamente para la descripción de las enseñanzas y eventos históricos que dieron origen a la Iglesia de Jesucristo. La razón es porque se encuentran desfasados en tiempo y lugar y, además, porque se tienen, de hecho, dudas sobre su autenticidad que no han sido despejadas. De hecho, es por eso que se les considera aún como libros apócrifos. Aprovecho para hablar un poco sobre este tema, ya que es uno que suscita numerosas dudas y es, en realidad, un tema base para la comprensión de muchos otros.

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Qué son los libros apócrifos

La palabra “apócrifo” (απόκρυφος) es una palabra griega que significa “oculto” o “secreto”. Se ha generado mucha confusión en torno a lo que significa el término “libros apócrifos”. Un libro “apócrifo” es aquel del que se duda que haya sido escrito por quien dice haber sido escrito, en el tiempo en que dice haber sido escrito o hasta en el lugar en que dice haber sido escrito. Si tienes dudas sobre su veracidad en cuanto al autor, el tiempo y el lugar puede que tengas dudas también sobre la veracidad de su contenido. Mientras no se despejan esas dudas se le considera apócrifo y, por tanto, no se le considera como un libro inspirado ni se le incluye en el cánon de libros sagrados y aceptados por la Iglesia.

Libros apócrifos del Antiguo Testamento

El primero que usó este término fue Jerónimo de Estridón, un autor del cuarto siglo, al referirse a las discrepancias entre la versión septuaginta y el Tanaj hebreo, mostrando que la primera contenía libros que no fueron aceptados por los judíos en la segunda colección. El papa Dámaso I publicó en 374 una lista de los libros que a partir de esa fecha debían ser considerados como canónicos y pidió a Jerónimo utilizar esta lista para elaborar una Biblia con 46 libros en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento. Jerónimo detectó y señaló debidamente esta discrepancia en siete libros del Antiguo Testamento que son, entonces, los primeros que han sido considerados como “libros apócrifos”.

Libros apócrifos de la Biblia católica

La Iglesia católica conserva aún estos libros en su cánon (conocidos, por lo tanto, como “libros apócrifos de la biblia católica”), mientras que las demás iglesias cristianas los rechazan debido a las dudas surgidas desde entonces sobre su autenticidad.

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Los libros apócrifos del Antiguo Testamento en total

A esta lista de siete libros del Antiguo Testamento se agregaron luego otros más, hasta constituir la siguiente lista de quince.

  • 1 Esdrás
  • Adiciones al libro de Ester
  • Carta de Jeremías
  • La oración de Manasés
  • 2 Esdrás
  • Sabiduría de Salomón
  • Oración de Azarías
  • 1 Macabeos
  • Tobit
  • Eclesiástico
  • Susana
  • 2 Macabeos
  • Judith
  • Baruc
  • Bel y el dragón

 

Libros apócrifos del Nuevo Testamento

Qué son los libros apócrifos De manera más o menos reciente (siglos XIX y XX) se fueron agregando también a la lista documentos recién descubiertos relacionados con el Nuevo Testamento. En este sentido la palabra “apócrifo” (oculto) no se refiere únicamente ya a las dudas sobre la autenticidad histórica, sino también a las dudas sobre la autenticidad doctrinal, ya que estos libros presentan “versiones alternativas” del evangelio. Se habla entonces de “enseñanzas ocultas” de Jesucristo reservadas sólo para el conocimiento de algunos “iniciados” que serían los únicos en poder obtener la vida eterna. Muchos de estos libros fueron escritos por los gnósticos u otros grupos que fueron considerados como herejes (es decir, apóstatas o disidentes) por sostener estos puntos de vista diferentes a las enseñanzas originales de Jesucristo.

Al no ser reconocidos como canónicos, los libros apócrifos no tienen autoridad doctrinal. A pesar de eso, han ejercido una influencia notable sobre el arte y se evidencía su presencia en la iconografía y en la pintura religiosa, que han servido, entonces, como vehículos de sus enseñanzas.

Qué son los evangelios apócrifos

Los llamados “evangelios apócrifos” o “extracanónicos” son una sub-colección entre los libros apócrifos, escritos en torno a la figura de Jesús de Nazaret. Los manuscritos de Nag Hammadi se encuentran clasificados en esta sub-colección. Con relación a los cuatro evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) los evangelios apócrifos tienen notables diferencias en cuanto estilo, autoría y contenido. Todos, en general (y esto es importante), se estiman haber sido escritos mucho después que los evangelios canónicos.

Colección de evangelios apócrifos en torno a María Magdalena

Sobre la relación del tema que nos ocupa, y que es la historia de María Magdalena, sólo siete de los evangelios apócrifos se refieren a ella en alguna forma. Las menciones, sin embargo, son sólo casuales. Es digno de notarse que ninguno de estos evangelios toma a María Magdalena como personaje principal. A continuación les comparto la tabla que he podido elaborar como parte de mi documentación.

Nombre del documentoEscrito en elDeclaraciones sobre María Magdalena
Evangelio de TomásSegundo sigloDenota que Jesús autorizó a María Magdalena a unirse a los discípulos y que la mujer únicamente se salvará “volviéndose como hombre”.
Evangelio de PedroDeclara que Jesús no sintió dolor al estar sobre la cruz y que Poncio Pilato fue hecho inocente de su muerte. Se describe a María Magdalena como “una mujer discípulo de Jesús” y se destaca su presencia en la mañana de resurrección.
El diálogo del SalvadorDescribe un supuesto diálogo esotérico entre Jesús y sus discípulos, incluyendo a María Magdalena. Se destaca su capacidad y conocimiento sobresaliente.
La Sofía de JesucristoDescribe un supuesto diálogo esotérico entre Jesús y sus discípulos, incluyendo a María Magdalena.
Pistis SofíaTercer sigloDescribe un supuesto diálogo esotérico entre Jesús y sus discípulos, incluyendo a María Magdalena. Se destaca su conocimiento y espiritualidad sobresaliente. Jesús le promete darle a María Magdalena todo el conocimiento, por encima de los apóstoles.
El evangelio de MaríaSegundo sigloPedro consulta a María Magdalena como fuente de conocimiento, “porque él te amó más que a nosotros”. Los discípulos, sin embargo, cuestionan su revelación. Leví la defiende, “porque el Salvador la ha hecho digna”.
El evangelio de FelipeTercer sigloColección de conceptos gnósticos. Dos de ellos mencionan a María Magdalena. En el primero cita a María Magdalena como compañera de Jesús (koinonos à compañero, a). En la segunda describe, además, a Jesús besandole en la boca. Existe una posibilidad (cuando se ponen estas declaraciones en contraste con las secciones 58-59 del mismo documento) de que no se esté hablando de un beso real sino de la transmisión de conocimiento.

 

Los evangelios apócrifos y la creencia en el matrimonio de Jesús

Contrario a una creencia popular y a una información falsa difundida por autores como Dan Brown, sólo el evangelio de María y el evangelio de Felipe contienen algunos párrafos que pudieran ser considerados como declaraciones de que María Magdalena haya sido compañera o esposa de Jesús. Sin embargo, estos párrafos tienen un significado ambiguo y, por su naturaleza manifiestamente oculta o esotérica, se les puede dar también otros sentidos. No son, así, en forma alguna concluyentes, por lo que no es, en realidad, sabio utilizarlos si es que se quiere respaldar doctrinalmente ese punto de vista. Se les puede citar, de manera ocasional, cuando se quiere hacer un trazamiento de índole histórica (no doctrinal), sin querer, en este caso, establecerlos como una prueba contundente.


Dudas sobre la autenticidad de los evangelios apócrifos

Existen varios problemas que llevan a dudar sobre la autenticidad y veracidad de los evangelios apócrifos.

  • No sabemos quién escribió estos documentos, ya que el nombre utilizado como nombre del documento no es el nombre de su autor, sino el de un personaje sobresaliente.
  • Debido a que los documentos fueron escritos hasta mucho después de la vida de Jesús (hasta ya entrados el segundo y tercer siglo, en pleno avance formativo de la gran apostasía), existe una mayor probabilidad de un sesgo en la descripción de hechos y enseñanzas. Mientras más cercano un documento a los hechos, mayor probabilidad de veracidad, y estos empiezan a estar algo lejos de los hechos relatados en ellos. Por supuesto, ninguno fue escrito por o bajo la influencia de un testigo presencial.
  • Todos estos documentos reflejan las enseñanzas y doctrinas particulares del gnosticismo, el cual se considera como una ramificación disidente (apóstata) del cristianismo original. Existe, pues, una fuerte probabilidad de que los documentos se hayan elaborado tan sólo para reflejar la enseñanza gnóstica y no como origen de la misma.

Por las anteriores razones, los documentos anteriores han sido catalogados como apócrifos, es decir, que existen serias dudas sobre su autenticidad. Por lo tanto, aunque es necesario conocer su existencia, no podemos darles la misma autoridad que debemos darle a los libros canónicos o a los documentos cuya autenticidad ha sido mejor verificada. En otras palabras, sí pueden contener alguna información útil, pero no podemos abandonarnos a tomar en serio, a pie juntillas, todas sus palabras.

Posición de la Iglesia de Jesucristo en cuanto a los libros apócrifos

A continuación menciono la posición particular de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sobre los libros apócrifos en general. En 1833, encarrerado ya con la traducción de la Biblia, el profeta José Smith preguntó al Señor si sería necesario traducir también los libros apócrifos, recibiendo la siguiente respuesta.

Doctrina y Convenios 91:1–6
De cierto, así dice el Señor concerniente a los libros apócrifos: Contienen muchas cosas verdaderas, y en su mayoría se han traducido correctamente;

2 hay muchas cosas en ellos que no son verdaderas, que son interpolaciones de los hombres.

3 De cierto os digo, que no es necesario que los libros apócrifos sean traducidos.

4 Por tanto, quien los lea, que entienda, porque el Espíritu manifiesta la verdad;

5 y el que sea iluminado por el Espíritu logrará beneficio de ellos;

6 y el que no reciba por medio del Espíritu no puede beneficiarse. Por consiguiente, no es necesario que sean traducidos. Amén. (|Doctrina y Convenios 91:1–6)




Conclusión

Es una cuestión de cultura general de todo buen cristiano reconocer la existencia de los libros apócrifos, en general, así como la razón de las dudas sobre su autenticidad. Sin duda se reconoce su posición como documentos históricos, pero ya que no son documentos de primera mano y debido a las “interpolaciones de los hombres” que contienen, deben ser considerados con mucho cuidado y bajo el discernimiento del Espíritu. En el caso particular de los “evangelios apócrifos” la posibilidad de interpolación es aún mayor, ya que son documentos que existieron únicamente entre los círculos gnósticos del segundo y tercer siglo y pudieron ser elaborados únicamente para justificar la enseñanza gnóstica y no para reflejar eventos reales.

Por estas razones, en un enfoque doctrinal no sería prudente tomar los evangelios gnósticos como base en un estudio serio para la determinación de los hechos ocurridos en la primera mitad del primer siglo. Si queremos hacer las cosas a la manera del Señor tendríamos que construir primero a partir de los libros canónicos; en particular los evangelios, escritos antes del año 70, ya que si no hemos recibido “por medio del Espíritu” no podemos beneficiarnos de ningún libro más.

Los libros apócrifos tienen, sin embargo, valor cuando se desea destacar la evolución del pensamiento a través del tiempo, considerando que representan la evolución del pensamiento entre los disidentes del cristianismo original en el segundo y tercer siglo.

Un consejo final a los miembros de la Iglesia de Jesucristo

El Señor no consideró prudente que estos libros fuesen traducidos, por lo que no se les considera oficiales ni forman parte del estudio regular del evangelio restaurado. En lo particular, si un miembro de la Iglesia de Jesucristo considera de beneficio incluirlos dentro de su estudio pienso que debería pagar el precio inicial de dedicar varios años a conocer mejor los libros canónicos y al fortalecimiento de su propio testimonio. Sólo entonces podrá usar los libros canónicos como un “cánon” (regla de comparación) para validar los nuevos conocimientos adquiridos y para discernir la verdad del error.

Clasificación propuesta en el archiverito del conocimiento

Debido a que no soy arqueólogo, en mi archiverito, el de los cuatro cajones del conocimiento, yo les asignaría al cajón de “Interesante”. Tú, ¿a cuál cajón les asignarías?


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