El secreto para resistir la tentación

Es impactante darse cuenta, de pronto, que Jesús fue tentado, al igual que nosotros. Al hacerlo se aseguró de dejarnos su secreto para resistir la tentación.

Pasaje base

DyC 20:21–22
21 Por tanto, el Dios Omnipotente dio a su Hijo Unigénito, como está escrito en esas Escrituras que de él se han dado.
22 Sufrió tentaciones pero no hizo caso de ellas.
(Doctrina y Convenios 20:21–22) (DyC 20:21–22)

La forma en que Jesús pudo resistir la tentación

Resistir la tentaciónEs impactante considerar el pasaje anterior y darse cuenta, de pronto, de que Jesús fue tentado, al igual que nosotros. Todos conocemos el pasaje de la tentación de Jesús, en que fue tentado por Satanás cuarenta días. Aunque esta ocasión es importante, no fue la única en que Jesús sufrió tentación. Fue provocado durante toda su vida.

Eso hace interesante su solución ante la tentación, el secreto que nos dejó para resistir la tentación. No fue enfrentarla, sino simplemente no hacer caso de ella.

Lo que en realidad significa resistir la tentación

Ante la tentación, creo yo, hay dos posturas principales:

a) Identificar la tentación más fuerte, contemplar el vencer la tentación como el objetivo de nuestras vidas, invertir en la fortaleza para vencerla, obsesionarse con ello y enfrentarla. Convertir cada ocasión en la máxima guerra, no dar cuartel, no admitir la derrota, y no hacer otra cosa hasta que esa tentación ya no se presente.

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b) Aceptar la tentación como un hecho que se presentará de seguro en nuestra vida, hacer un plan para cuando se presente y luego vivir el resto de nuestra vida con la confianza de que simplemente seguiremos ese plan. Ver cada ocasión en que se presenta la tentación como una batalla y no como toda la guerra. Tomar nota de nuestros fallos y perfeccionar nuestra defensa.

Hay una diferencia sutil entre ambas posturas y espero que alcance a distinguirse. La primera postura es paralizante, y conduce a más frustraciones, porque no hay garantía de que venzamos la tentación a la primera. Eso nos debilita en lugar de fortalecernos.

Alineándonos con la postura de Jesús

En mi mente, cuando pienso sobre el tema, pienso que la primera postura es como la del que se coloca en medio de la vía del tren para resistir al tren, con el único interés de demostrar su fortaleza deteniéndolo. La segunda postura es como la del que se hace a un lado de las vías del tren, acepta que el tren pasará pero que su efecto no será permanente y luego simplemente lo mira pasar y luego irse, mientras él mismo sigue haciendo otras cosas sin detenerse. ¿Se alcanza a ver la diferencia?

Resistir la tentación
Mirando pasar el tren (desde lejitos)

Pienso que Jesús adoptó la segunda postura. Sufrió tentaciones, pero no hizo caso de ellas.

La confianza en Dios es imprescindible

Podemos tener una tranquilidad en cuanto a nuestras tentaciones cuando aprendemos a confiar en Dios plenamente:

1 Corintios 10:12–13
12  Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.
13  No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podáis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.
(Nuevo Testamento | 1 Corintios 10:12–13)
Aunque el Libro de Mormón aclara que es algo que debemos solicitar para obtenerlo:
Alma 13:27–29
27 Y ahora bien, hermanos míos, deseo desde lo más íntimo de mi corazón, sí, con gran angustia, aun hasta el dolor, que escuchéis mis palabras, y desechéis vuestros pecados, y no demoréis el día de vuestro arrepentimiento;
28 sino que os humilléis ante el Señor, e invoquéis su santo nombre, y veléis y oréis incesantemente, para que no seáis tentados más de lo que podáis resistir, y así seáis guiados por el Santo Espíritu, volviéndoos humildes, mansos, sumisos, pacientes, llenos de amor y de toda longanimidad;
29 teniendo fe en el Señor; teniendo la esperanza de que recibiréis la vida eterna; siempre teniendo el amor de Dios en vuestros corazones para que en el postrer día seáis enaltecidos y entréis en su reposo.
(Libro de Mormón | Alma 13:27–29)
Resistir la tentación
¡Adiós, trenecito!

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Que podamos tener la fortaleza para ponernos en el lugar seguro, a un lado de la vía, y mantenernos productivos, sin detenernos, por toda nuestra vida, para vivirla con seguridad, con gozo y con plenitud.

¡Adiós, trenecito!