Las cuatro grandes contribuciones de Amalekí a la historia del Libro de Mormón

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Amalekí fue el último escritor de las planchas menores del Libro de Mormón
Amalekí fue el último escritor de las planchas menores del Libro de Mormón

Amalekí, el último escritor de las planchas menores

El libro de Omni es el sexto de los quince libros que componen el Libro de Mormón. El libro de Omni es curioso y llama de inmediato la atención por el gran periodo de tiempo que abarca en sólo un par de páginas. Cinco personas escribieron durante todo ese tiempo, es decir, el libro de Omni tiene cinco autores, y el quinto de ellos, Amalekí, escribe en él más que ningún otro.

Amalekí no es sólo el último escritor en el libro de Omni, es también el último escritor de la colección de libros que conocemos como las planchas menores.

Según Amalekí explica, el material designado para escribir en las planchas menores era limitado y estaba a punto de agotarse mientras él escribía. Eso explica por qué eran tan cortas las intervenciones de los autores anteriores, a pesar de lo cual él toma un poco más de espacio para cerrar la colección y despedirse. En su intervención, Amalekí aporta valiosas descripciones sobre las características del tiempo que le tocó vivir, las cuales resultan ser documentos de inmenso valor para comprender algunos eventos históricos claves para el entendimiento del Libro de Mormón.

4Amalekí como único cronista del rey Mosíah I

Todo lo que sabemos sobre el primer rey llamado Mosíah lo sabemos gracias a los escritos de Amalekí (Omni 1:12–23). De hecho, él comienza su relato explicando que vivió “en los días de Mosíah”, aunque no es claro en dejarnos saber si se refiere con esto a los días antes o después de la migración hacia el norte que se dio bajo el liderazgo de Mosíah.

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Gracias a Amalekí nos enteramos de que Mosíah fue un hombre justo que vivió en medio de una penosa decadencia moral de los nefitas. Amalekí reunió a los que deseaban seguir a Dios y les sacó de la tierra de Nefi para conducirlos hacia el norte, donde se encontró con otro pueblo también emigrado de Jerusalén, los mulekitas (Omni 1:19). Estos no llevaban registros y su cultura se había perdido en gran manera, por lo que se sintieron bendecidos por el encuentro con el pueblo de Mosíah, que llevaba consigo las Escrituras y que pudo, por tanto, instruirlos en el conocimiento de Dios y de sus primeros padres.

El pueblo de los mulekitas nombró a Mosíah rey de ambos pueblos, nefitas y mulekitas, los cuales se fusionaron con el nombre de Zarahemla. Mosíah I gobernó allí en justicia hasta ceder el reinado a su hijo Benjamín, quien reinó en justicia después de su padre (uno de los hijos de Benjamín es llamado Mosíah, y para distinguirlo de su abuelito le llamamos Mosíah II).

3Amalekí registró el cumplimiento de la profecía de Jacob

Es posible que al leer el Libro de Mormón por primera vez no te hallas dado cuenta cabal, pero la migración hacia el norte descrita por Amalekí da cumplimiento a una profecía declarada por el profeta Jacob más de trescientos años antes.  Jacob, en aquel tiempo, les había advertido a los nefitas que si llegaban a caer en la iniquidad perderían posesión de la tierra de Nefi. Observa cuáles fueron sus palabras (“ellos” se refiere a los lamanitas):

4 Y el tiempo velozmente viene en que, a menos que os arrepintáis, ellos poseerán la tierra de vuestra herencia, y el Señor Dios apartará a los justos de entre vosotros. (Libro de Mormón | Jacob 3:4)

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Amalekí registra el cumplimiento de esa profecía, al describir la convocatoria de Mosíah I a los justos y la posterior emigración hacia la tierra del norte, donde se encontraron con los mulekitas que habitaban la tierra de Zarahemla.  Tras la partida del pueblo de Mosíah, los lamanitas terminaron por adueñarse de la tierra de Nefi, dando cumplimiento a la profecía de Jacob.

2Amalekí proporciona el preámbulo de la historia de Alma padre

Amalekí también habla de dos intentos que se hicieron durante el reinado de Mosíah I para recuperar la posesión de la tierra de Nefi. El primero resultó en un terrible fracaso, y del segundo grupo que partió para la tierra de Nefi ya no se tuvieron noticias (Omni 1:27–30). Amalekí perdió todo contacto con uno de sus hermanos que salió en esta segunda partida.

Aunque Amalekí murió antes de poder conocer el resultado de esa historia, el Libro de Mormón nos deja saber mucho después que esta partida logró establecerse en la tierra de Nefi, siendo gobernados por el rey Zeniff (Mosíah 9:1–10), así como por el malvado rey Noé y por su hijo Limhi. Este pueblo había caído bajo condiciones de esclavitud cuando les encontró una tercera partida enviada por el rey Mosíah II varios años más tarde y que logró liberarlos. La historia del profeta Abinadí y del profeta Alma, padre, se da en ese entorno.

1Amalekí fue un poderoso testigo de Jesucristo

Las palabras finales de Amalekí proporcionan la conclusión de las planchas menores de Nefi. Tras hacernos saber que las planchas quedaron en posesión del rey Benjamín, Amalekí no pierde tiempo para cerrar la colección con su propio testimonio de Jesucristo, encomendando a sus lectores que vengan a él.

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26 Y ahora bien, mis amados hermanos, quisiera que vinieseis a Cristo, el cual es el Santo de Israel, y participaseis de su salvación y del poder de su redención. Sí, venid a él y ofrecedle vuestras almas enteras como ofrenda, y continuad ayunando y orando, y perseverad hasta el fin; y así como vive el Señor, seréis salvos. (Libro de Mormón | Omni 1:26)

Sus palabras hacen eco a la de los hombres santos que vivieron antes de él, incluyendo las del profeta Nefi. Comparemos el testimonio de Amalekí con las de este inspirado profeta:

4 Porque toda mi intención es persuadir a los hombres a que vengan al Dios de Abraham, y al Dios de Isaac, y al Dios de Jacob, y sean salvos. (Libro de Mormón | 1 Nefi 6:4)

El testimonio de ambos hombres inspirados es consistente y expresa la necesidad de acercarnos a Jesucristo y la promesa de que al hacerlo podremos ser herederos de la salvación prometida a todos los que le siguen con corazón sincero.

Conclusión

Amalekí cierra sus palabras con el poder de un juramento sagrado: “perseverad hasta el fin; y así como vive el Señor, seréis salvos”. (Libro de Mormón | Omni 1:26) El poder de su testimonio es un digno cierre para la colección de las sagradas planchas menores y orienta nuestras almas hacia Jesucristo, a quien nos aconseja rendir nuestras almas enteras como ofrenda. Gracias a Amalekí tenemos una introducción sobre los reinados de Mosíah I y de su hijo, el rey Benjamín, lo que nos da continuidad a la historia del Libro de Mormón.

Bibliografía

  • Largey, Dennis L. (2003): Book of Mormon Reference Companion.

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