La verdad y la leyenda sobre la infancia y juventud de Jesús, primera parte

Vendrá tiempo en que se predicarán fábulas en lugar de verdades

2 Timoteo 4:1–5
Yo te encargo solemnemente delante de Dios y del Señor Jesucristo, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino,

2 que prediques la palabra, que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.

3 Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina; sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias,

y apartarán el oído de la verdad y se volverán a las fábulas.

5 Pero tú sé prudente en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.

(Nuevo Testamento | 2 Timoteo 4:1–5)

Multiplicidad de relatos sobre la infancia y juventud de Jesús

Todos nosotros hemos sido criados en ambientes en que se relató alguna de estas historias, o hemos sido expuestos a material en que las hemos visto. Todos hemos oido o leído sobre el pequeño Jesús en la costa, dando vida a aves que él mismo hizo de barro, o levantando de los muertos a un amigo, o secando, literalmente, a un enemigo. La variedad de estas historias es asombrosa y van desde lo portentoso a lo desagradable, desde lo heroico hasta lo vil. En todas ellas, Jesucristo aparece como una especie de superhéroe, ganando la admiración o la antipatía del pueblo con sus hechos extraordinarios e inusuales. En ocasiones, los relatos describen que los hechos del niño Jesús traerían problemas a su familia, en otras, indican que eran, más bien, dignos de alabanza. De todo este collage de escenas sobre la niñez y juventud de Jesús, ¿cómo distinguir la verdad de la fantasía? ¿Tienen todas estas leyendas una base real? De hecho, ¿de dónde surgieron y cómo llegaron a nosotros?

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Responder a estas preguntas será la motivación del presente biblicomentario, ya que antes de entender la verdad sobre la infancia y juventud de Jesús es necesario, precisamente, descartar los relatos que no brinden utilidad ni veracidad a nuestro estudio.

Los ataques contra Jesucristo y su familia

Como sabemos, Jesucristo fue perseguido desde su nacimiento. Imposibilitado de nacer en un lugar decente, vino a nacer, muy probablemente, en una cueva habilitada para servir como pesebre (Lucas 2:7). A los dos años, aproximadamente, su vida se vio en un serio peligro que obligó a la familia a emigrar a Egipto por un corto tiempo (Mateo 2:13). En Nazaret fue ampliamente conocido, como puede desprenderse de los comentarios de sus conciudadanos (Mateo 13:54–58) pero, definitivamente, a su ministerio no fue aceptado, y nisiquiera sus propios hermanos creían en él (Juan 7:5), de tal manera que Jesús tuvo lugar a lamentarse de no encontrar, ni en su tierra ni en su hogar, un lugar de paz (Mateo 13:57).

Aún más, los líderes del pueblo que, debido a su conocimiento de la ley, debieron haberle reconocido y apoyado más prestamente, se convirtieron rápidamente en sus peores enemigos. No es de extrañar que tengamos documentados ataques terriblemente viles no sólo contra la personalidad de Jesucristo mismo, sino también sobre su familia. El destacado erudito SUD Hugh Nibley identifica en sus estudios la fuente de estos ataques e infamias:

Ahora sabemos quién fue el que reunió, embelleció y publicó las escandalosas historias sobre la familia. Fueron los doctores de las escuelas, los mismos “escribas y fariseos” que perseguieron implacablemente a Jesús y a Juan el Bautista durante sus ministerios.
Hugh Nibley

La verdad y la leyenda sobre la infancia y juventud de Jesús, primera parte

Particularmente me ha sido conmovedor observar que Jesucristo no sólo tuvo que aguantar las imputaciones sobre su propia persona, sino también los ataques contra su familia. ¡Cuánta sabiduría y entereza ejemplar demostró haciendo caso omiso de las mismas para concentrarse únicamente en su ministerio! Es el mismo patrón que han seguido también los enemigos de la verdad en nuestra propia época. Como Hugh Nibley hace notar:

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El lector Santo de los Últimos Días no puede dejar de notar paralelismos sorprendentes entre las primeras historias escandalosas anti-cristianas y los relatos engañosos de Palmira contra la familia de José Smith.
Hugh Nibley

El consejo sobre las infamias

A los cristianos del primer siglo se extendió el mismo consejo sobre este tipo de infamias que se extiende también a nosotros y que es, como una vez un compañero de trabajo me dijo con mucha sabiduría, “tomar las cosas de quien vienen”.

Tito 1:13–16
13 Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente para que sean sanos en la fe,

14
no atendiendo a fábulas judaicas ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad.

15 Todas las cosas son puras para los puros; pero para los corrompidos e incrédulos nada es puro, pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.

16
Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra.

(Nuevo Testamento | Tito 1:13–16)

“No atendiendo” quiere decir, simplemente, no prestarles atención. No hay que prestar atención a la infamia.




La fantasía como reacción ante la crítica

Pues bien, lo curioso de todo es que estos relatos evidentemente infames son una base primaria de los relatos, mucho más positivos, que han llegado ahora a nosotros. Cuando los primeros cristianos sintieron el peso de esta agresión elaboraron una contrarespuesta:

De manera implícita, se observa en todos los primeros relatos cristianos sobre Jesús, tal como Cullman hace notar, que están obviamente escritos en respuesta a estas historias escandalosas que se difundieron en una fecha muy temprana con respecto al joven Jesús y su familia. Es por eso que ponen tanto énfasis en la pureza inmaculada de María, dan tanta importancia al viaje a Egipto, y hacen hincapié en la diligencia de José, que “en ningún momento comió pan de balde”, con el joven Jesús siempre trabajando duro y a su lado.
Hugh Nibley

Dos distintas tradiciones

Una vez puestos en el terreno de estas historias elaboradas como defensa de la reputación de Jesús y su familia podemos distinguir dos tradiciones o vertientes entre ellas. Son dos enfoques completamente distintos, incluso contradictorios. Uno de estos enfoques se recoge en el protoevangelio de Santiago, uno de los llamados evangelios apócrifos, en tanto que el otro enfoque proviene de los manuscritos cópticos.

La tradición proveniente del protoevangelio de Santiago sufrió una notable transformación, pues fue condenada por San Jerónimo y posteriormente por los papas, siendo gradualmente remplazada por una tradición posterior de “cuentos populares” que floreció durante la Edad Media y que ha llegado a nosotros en la forma de “evangelios de la infancia”. Todos estos relatos muestran a Jesús como un super-muchacho capaz de enfrentar toda suerte de dificultades y obrar todo tipo de prodigios asombrosos.

La otra tradición, tremendamente diferente, es la proveniente de los manuscritos cópticos. El enfoque tiene que ser diferente, ya que precede al menos por 700 años a la elaboración de los relatos de la otra vertiente.




Posibles elementos fundacionales en los relatos sobre la infancia de Jesús

A pesar de sus diferencias, lo que llama la atención en los relatos de las dos tradiciones es que tratan de eventos comunes.

Sin embargo, resulta que ambas tradiciones se ocupan de las mismas historias básicas. Si despojamos las leyendas posteriores de los aditamentos fantásticos (que son fácilmente reconocidos por los conflictos entre ellos), bien podemos preguntarnos si los elementos no-milagrosos que tienen en común podrían dirigirnos, de hecho, a una base común.
Hugh Nibley

Esta es una inquietud importante. Hugh Nibley, después de considerar el asunto, concluye que los siguientes son elementos comunes a ambas tradiciones y que, por encima de la fantasía, podrían servir de cierto sustento para un estudio provechoso:

  1. La familia de Jesús era pobre y trabajadora
  2. Se mudaron con cierta frecuencia
  3. El joven Jesús dijo cosas que asombraron y perturbaron a la gente
  4. Los ministros locales incitaron a problemas y se extendieron informes escandalosos sobre la familia

El tercer punto es el que más nos interesa. Y es que resulta sumamente notable que lo más destacado sobre la infancia de Jesús no son los hechos fantásticos que estos relatos narran, todos los cuales podrían con facilidad descartarse como un producto de la fantasía, sino las palabras de Jesús. No son los hechos del niño Jesús, sino sus palabras las que resultan inquietantes a su comunidad, y son estas las que coinciden con los dichos de Jesús (logia) comprobables por medio de la correlación con otras fuentes y que son aceptados hoy en día por los eruditos bíblicos como expresiones genuinas.

De donde, la primera cosa que podemos sacar en claro es que son las expresiones de Jesús, más que sus hechos, los que fueron notables desde su infancia.

Correlaciones con el evangelio restaurado

Esta conclusión es más compatible con lo que aprendemos hoy al estudiar el evangelio restaurado de Jesucristo. Observemos, por ejemplo, la anotación adicional que aporta la Traducción de José Smith, o Versión Inspirada de la Biblia, sobre la infancia de Jesucristo:

Mateo 3:24–26
24 Y aconteció que Jesús creció con sus hermanos, y se fortaleció y esperó en el Señor a que llegara el tiempo de su ministerio.

    25 Y servía bajo su padre, y no hablaba como los demás hombres, ni se le podía enseñar, pues no necesitaba que hombre alguno le enseñara.

    26 Y pasados muchos años, se acercó la hora de su ministerio.

(Traducción de José Smith (TJS) | Mateo 3:24–26)

Obviamente no fue de la noche a la mañana que Jesús fue capaz de discutir con los doctores de la ley hasta asombrarles, como vemos que lo hizo a los doce años de edad. Jesús pasó por un desarrollo gradual, “gracia sobre gracia”, como lo hizo notar Juan el apóstol, hasta llegar a ese punto.

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Doctrina y Convenios 93:12–14
12 Y yo, Juan, vi que no recibió de la plenitud al principio, mas recibía gracia sobre gracia;

13 y no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud;

14 y por esto fue llamado el Hijo de Dios, porque no recibió de la plenitud al principio.

(|Doctrina y Convenios 93:12–14)



Conclusión de la primera parte

En esta primera sección hemos revisado las fuentes de los relatos tan floridos que han llegado a nosotros sobre la infancia y juventud de Jesús. Fueron generados por los primeros cristianos como respuesta a los ataques contra Jesús y su familia con uno de dos enfoques distintos, y se enriquecieron al paso de los siglos, particularmente en la Edad Media. Se puede vislumbrar en ellos una cierta base común, y esa base común nos permite observar que es en los dichos de Jesús durante sus años de preparación, y no en sus hechos, en los que deberíamos prestar más particular atención.

Eso nos da una cierta idea sobre la naturaleza de los relatos que a menudo leemos o escuchamos, lo que nos ayuda a discernir su origen, pero no nos ayuda todavía a determinar la posición que debiésemos tomar al respecto de los mismos, lo cual será el tema del próximo biblicomentario.

Me despido con la escritura que tomaré como base para ese biblicomentario, con la esperanza de que nos ayude a meditar desde ahora. Quizás el lector pueda lograr, desde ahora, una importante reflexión sobre la naturaleza que ahora tenemos:

2 Pedro 1:16
16 Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, siguiendo fábulas astutamente inventadas, sino que con nuestros propios ojos hemos visto su majestad.

(Nuevo Testamento | 2 Pedro 1:16)

Prestemos atención anticipada a esta potente declaración de Pedro y nos vemos para platicar más sobre ella en nuestro próximo biblicomentario de la serie “La infancia y juventud de Jesús”. Descubriremos entonces algunos conceptos muy interesantes sobre el papel de los apóstoles. Pero me encantará desde ahora conocer tus reflexiones y tus comentarios.

Bibliografía

•    “Escrituras”, en español. Disponible en » https://www.lds.org/scsriptures?lang=spa&cid=rdscriptures

•    “Mormonism and Early Christianity” [“El mormonismo y el cristianismo antiguo”], por Stephen D. Ricks; Hugh Nibley (1987), en inglés. Disponible en » http://geni.us/3lAr