Entendiendo la redacción de las epístolas del Nuevo Testamento

La manera actual de redactar una carta

Olvídate por un momento del correo y de la mensajería electrónica. Hace apenas unos años eran mucho más populares los correos escritos a mano. Yo los disfruté mucho en la misión. Con escaso presupuesto, los misioneros hasta nos poníamos creativos y hacíamos nuestros sobres con portadas de las Liahonas que habían dejado abandonadas otros misioneros en el departamento. Así las enviábamos a casa, todas “floridas”, ¡y cómo nos poníamos contentos cuando nos llegaba una respuesta!

Y bien, la correspondencia escrita todavía se utiliza en algunos negocios. Antes me escribían los amigos, ahora mis acreedores, y mis amigos andan dispersos en el Internet. Las normas de la redacción de cartas siguen siendo las mismas. ¿Qué te parece si nos ponemos nostálgicos y las recordamos un poco?

En la parte superior del sobre, del lado izquierdo querrás poner los datos del que envía la carta. A esto le llamamos el remitente.

En la parte central, debajo de los timbres, ponemos los datos de la persona a la que va dirigida la carta. A ella le llamamos el destinatario.

Así le dejamos claro al señor cartero quién envía la carta y a quién se la envía (quién a quién).

Luego, en la hoja que meteremos después dentro del sobre, comenzamos a escribir cosas bonitas, pero indicando también algunos datos importantes:

  • En la parte superior anotas la fecha y lugar desde donde escribes.
  • Luego agregas un saludo. Además del “querido amigo” generalmente comienzas por desear salud o bendiciones a tu destinatario.
  • Escribes todas las cosas bonitas que tienes en el corazón (o tus preocupaciones, o las últimas noticias). Ese es el cuerpo de la carta.
  • Terminas con una despedida. A veces envías saludos adicionales a alguien más, o simplemente te refrendas amigo de esa persona, etc.

Sería raro que omitieras alguna de esas secciones y le causaría mucha extrañeza a tu destinatario si falta alguna, sobre todo si se te ocurre omitir el cuerpo de la carta. 😀

Nuestro “modeurno” correo electrónico ha simplificado mucho la escritura de correspondencias automatizando estas secciones. Sin embargo, es de notar que seguimos empleando el mismo protocolo al escribir nuestros mensajes. Modernos, modernos, pero no taaaan modernos que se nos olvide.

La manera antigua de redactar una carta

Las epístolas son como cartas.Esta manera de escribir nuestra no es demasiado nueva, prácticamente es la misma empleada por los escritores antiguos. La diferencia es que ellos no usaban sobres ni timbres postales, sino hojas enrolladas o tablillas grabadas. Y no tenían correo electrónico que transmitiera la carta en cuestión de segundos, sino mensajeros que se tardaban lo suyo y que llegaban al lugar de destino con la lengua de corbata.

De manera que el remitente y el destinatario, así como el lugar y la fecha se especificaban en el mismo texto de la carta o escrito, casi siempre hasta arriba, al inicio del mismo. Esto nos tendría que ayudar a entender muchos de los textos de las Escrituras. Mira, por ejemplo, lo informativo que se pone Oseas (Oseas 1:1), o toda la información que nos proporciona Isaías (Isaías 1:1), al comenzar sus libros. Nos mencionan los reyes bajo los cuales sirvieron porque esa es una manera de especificar fechas, y nos dicen pistas para que podamos descubrir desde qué lugar nos escriben.

En cuanto a los saludos, todos llevaban más o menos la misma estructura, señalando quién escribía (el remitente), a quién se escribía (el destinatario) y deseando salud (o sea salvación, que es lo mismo). Mira que alegres comenzaba sus mensajes el rey Nabucodonosor:

[pasaje]Nabucodonosor, rey, a todos los pueblos, naciones y lenguas que moran en toda la tierra: Paz os sea multiplicada. (Antiguo Testamento | Daniel 4:1)[/pasaje]

Las epístolas del Nuevo Testamento

Las epístolas del Nuevo Testamento se escribían de manera parecida. Como eran cartas, puedes esperar encontrar en los primeros versículos indicaciones de quién está escribiendo, a quién le escribe, pistas sobre cuándo y desde dónde escribe, y un pequeño saludo o bendiciones. Luego, se desarrollaba el cuerpo o contenido de la carta y se terminaba con una despedida. Esa despedida nos es muy útil, porque generalmente encontramos en ella más pistas sobre el lugar, la época y las circunstancias en que fue escrita la carta. Eso nos dice también mucho de su autor. Así que, cuando leemos las famosas “epístolas” conviene que prestemos atención no sólo al cuerpo del mensaje, sino también a la salutación y a la despedida.

En el resto de este biblicomentario nos concentraremos en revisar cómo están escritas las salutaciones de las epístolas del Nuevo Testamento.

Diferentes clases de salutaciones

Ya comentamos cómo es la estructura básica de una salutación, tal como también la usaban los judíos, pero a partir de allí, no todas las salutaciones son iguales.

Once de las cartas del Nuevo Testamento comienzan con una fórmula muy corta. Pareciera ser la fórmula base, porque luego tenemos cuatro que extienden esa misma fórmula con otra palabra, y una más que la adorna con varias. Uno de los autores saluda a la usanza romana y, sorprendentemente, Juan decide escribir una de sus cartas sin dejar la usual bendición (aunque sí deja una de otro tipo y bastante más personal).

Once cartas con una fórmula corta “Fulano a Zutano, gracia y paz os sean multiplicadas”
  • Romanos
  • 1 Corintios
  • 2 Corintios
  • Gálatas
  • Efesios
  • Filipenses
  • 1 Tesalonicenses
  • 2 Tesalonicenses
  • Filemón
  • 1 Pedro
  • 2 Pedro
Cuatro que agregan una palabra “Fulano a Zutano, gracia, misericordia y paz os sean multiplicadas”
  • 1 Timoteo
  • 2 Timoteo
  • Tito
  • 2 Juan
Una que se extiende aún más Judas, siervo de Jesucristo y hermano de Jacobo, a los llamados, santificados en Dios el Padre, y guardados para Jesucristo: Misericordia, y paz y amor os sean multiplicados. (Judas 1:1–2)
  • Judas
Una que saluda con estilo “a la romana” Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo, a las doce tribus que están esparcidas: Salud. (Santiago 1:1)
  • Santiago
Una en que no se deja la bendición inicial (en la primera frase) El anciano al muy amado Gayo, a quien yo amo en la verdad. (3 Juan 1:1)
  • 3 Juan

 

Si tuviste la curiosidad de abrir tu Biblia además de leerme habrás comprobado estas estructuras comunes, pero además te abrás dado cuenta de que me falta enlistar algunas cartas. Estas se apartan claramente de la regla.

En 1 Pedro, el apóstol describe un poco al remitente y un bastante al destinatario.

[pasaje]Pedro, apóstol de Jesucristo, a los peregrinos dispersos por Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios el Padre mediante la santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas. (Nuevo Testamento | 1 Pedro 1:1–2)[/pasaje]

En Romanos, Pablo se extiende aún más. Le gana a Pedro al tomar para su salutación siete versículos completos. ¿Por qué hace eso? Bueno, hay que saber que Pablo no había estado en Roma cuando escribió esta carta, así que aprovecha la ocasión para presentarse y dejar bien, pero bien en claro su autoridad apostólica y los antecedentes del tema. Esta carta de Romanos tiene muchas semejanzas con Gálatas (se deben estudiar juntos esos dos libros), donde la salutación también es larga (cinco versículos), pero más cercana a la fórmula básica que ya hemos visto.

Conclusión

La estructura de las comunicaciones escritas en las Escrituras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento nos sirven para obtener valiosas pistas sobre el autor del libro, desde dónde escribió, cuándo lo hizo, a quién lo hizo y en qué circunstancias lo hizo. Obtenemos muchas de estas pistas en las salutaciones del Nuevo Testamento, donde además apreciamos algunas características sobre la personalidad del autor. Las despedidas, escritas generalmente en un tono más informal que el resto de la comunicación, agregan pistas a esta información y nos permiten conocer más sobre la relación del autor con los destinatarios. Al leer, podemos prestar atención a estos detalles para sumergirnos en las Escrituras, hacerlas vívidas y comprenderlas con mayor plenitud.

Bibliografía:

Los siguientes materiales resultaron muy útiles para la elaboración de este biblicomentario: