Resumen de Tito, capítulo 3, en la Biblia

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Pablo de Tarso clausura la epístola de Tito, obispo o líder principal en la isla de Creta, con una serie de consejos que consideran cuatro aspectos principales:

  1. La voluntad de Dios
  2. La obra de Dios
  3. La advertencia de Dios
  4. Los obreros de Dios

Acompáñame mientras vemos cada uno de ellos.

En este artículo

La voluntad de Dios (Tito 3:1–2)

Pablo de Tarso sintetiza en estos versículos la voluntad de Dios para los creyentes en Cristo Jesús en cuanto al comportamiento social. Responde brevemente a la pregunta ¿cómo deben comportarse los santos de Dios con respecto al mundo que les rodea? Y lo hace en dos aspectos:

La obediencia a la autoridad civil

Con respecto a los gobernantes de la tierra, Pablo de Tarso insta a los miembros de la Iglesia a sujetarse a ellos y a obedecerlos (Tito 3:1), a pesar de las inconveniencias. Hay que considerar que esto lo aconseja aún tras de la persecución neroniana, cuando menos alentador era para los santos sujetarse al gobierno romano. No aboga Pablo por someterse a la injusticia, sino por vencerla por medio del ejercicio de la propia justicia. En la actualidad, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días continuamos viviendo esta misma norma, conforme a los preceptos de la revelación moderna, tal como ha quedado registrada en el Artículo de Fe # 12 y en la sección 134 de Doctrina y Convenios. Los artículos “Gobierno y Ley Civil” y “Gobierno” te ayudará en la comprensión de esta doctrina.

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El trato a los no miembros de la Iglesia

Con respecto al trato a todas las personas, Pablo recomienda procurar la fraternidad y el hermanamiento, evitando en todo la violencia y comportándose con todas las personas de manera gentil y cortés (Tito 3:2). Se implica el precepto de respeto a la libertad religiosa de otros, de considerar al prójimo como a uno mismo, de ser proactivo y acomedido en cuanto al servicio, de involucrarse en causas buenas y de no mostrarse indiferente en cuanto a los problemas sociales.

La obra de Dios (Tito 3:3–7)

La razón, argumenta Pablo de Tarso, por la cual debemos ser tolerantes y amables con quienes no son de nuestra fe, es porque no debemos olvidar el tiempo en que también fuimos como ellos, esclavos de diferentes pasiones e insensatos, rebeldes y extraviados (Titio 3:3). Fuimos, afortunadamente, rescatados por Cristo a través de la obediencia a los primeros principios (fe y arrepentimiento) y ordenanzas del evangelio (bautismo y recepción del don del Espíritu Santo) (Tito 3:4–5).

El bautismo es para perdón de pecados, por lo que, al recibirlo, hemos sido justificados delante de Dios; no por haber llevado una vida correcta antes de ello, sino por la gracia redentora de nuestro Señor Jesucristo, por medio de la cual se nos ha incluido como “conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios”, miembros de la Iglesia de Jesucristo, considerados, por lo tanto, para llegar a ser “herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3:6–7).

La advertencia de Dios (Tito 3:8–11)

Habiendo llamado la atención sobre el precio de nuestra conversión y sobre esta gran esperanza, Pablo de Tarso advierte sobre el peligro de la apostasía individual, aquella que se presenta cuando se corrompe nuestro corazón y se aleja de la verdad por causa del efecto ponzoñoso de la crítica.

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La enseñanza de la sana doctrina

Primeramente, Pablo estimula a Tito (y con él a los líderes) a insistir con firmeza en la enseñanza de la verdad y de la sana doctrina. Los santos deben estar constantemente ocupados en la realización de buenas obras, las cuales “son buenas y útiles a los hombres” (Tito 3:8). Esto se puede lograr por medio de la implementación de programas y actividades de la Iglesia.

La necesidad de evitar la contención

Sin embargo, en medio de la obra de la Iglesia pueden suscitarse rumores y críticas por parte de los miembros, hacia la doctrina o hacia los líderes de la Iglesia. Tito es aconsejado a evitar involucrarse en contenciones, discusiones y preguntas doctrinales que carezcan sentido “porque son vanas y sin provecho” (Tito 3:9). Se requiere, por supuesto, de conocimiento de la doctrina y de sensibilidad espiritual para discernir entre la duda sincera y el cuestionamiento inútil, por lo que cada líder debería seguir la guía del Espíritu Santo y evitar la contención en todas sus formas.

Los murmuradores y la disciplina de la Iglesia

Una vez advertido sobre el peligro que implica el involucrarse en la discusión, Tito es instruido sobre los aspectos de la disciplina de la Iglesia en cuanto al crítico recurrente. Habrá de amonestarse al crítico unas pocas veces, procurando con amor restablecerle. Pero si estos esfuerzos resultan en vano, se indica a Tito la necesidad de ejercer la disciplina de la Iglesia, en este caso como una excomunión, debido a que el pecador recurrente muestra por su conducta que “se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio” (Tito 3:10–11).

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Llama la atención esta última expresión. El pecador endurecido es condenado por su propio juicio y no por el juicio de otros. Tal como el Salvador explicó durante su ministerio, es medido con la regla con la cual él ha medido a otros. Todos podemos sacar ventaja de esa provechosa lección.

Los obreros de Dios (Tito 3:12–15)

Por último, en la despedida ya de su valiosa epístola a Tito, Pablo de Tarso se refiere a sus colaboradores, como amigos y siervos en la obra de Dios.

  • Artemas o Tíquico, uno de los dos, será enviado pronto a Creta. Cuando eso suceda, Tito puede venir a visitar a Pablo, reuniéndose con él en Nicópolis (Tito 3:12).
  • Pablo pide a Tito que ayude a Zenas y a Apolos, habilitándolos lo mejor posible para que nada les falte en sus viajes (Tito 3:13).
  • Un afectuoso saludo es enviado a todos los creyentes, aquellos que “nos aman en la fe” (Tito 3:15).

El programa de bienestar de la Iglesia

Adicionalmente, Pablo de Tarso agrega una nota sobre la necesidad de la preparación constante y de la autosuficiencia. Los santos deben “ocuparse en buenas obras para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto” (Tito 3:14). Actualmente, en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, esto se lleva a cabo por medio de la recolección de ofrendas de ayuno, por medio de los programas de empleo, la preparación en economía doméstica y los programas de bienestar. Los actuales miembros de la Iglesia son aconsejados a establecerse metas de autosuficiencia, incluyendo el llevar un almacén para al menos tres meses, y el cuidar seis aspectos de bienestar, a fin de estar preparados para ser útiles en todas las cosas “para los casos de necesidad, para que no sean sin fruto“.

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