El problema sinóptico, el documento Q y los Santos de los Últimos Días

Pasajes base

Lucas 1:1–4
Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,
2 tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos y fueron ministros de la palabra,
3 me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde el principio, escribírtelas en orden, oh excelentísimo Teófilo,
4 para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.
(Nuevo Testamento | Lucas 1:1–4)

Juan 21:25
25 Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribiesen cada una de ellas, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.
(Nuevo Testamento | Juan 21:25)

Comentarios adicionales

Hace algunos días, mientras estudiaba la estructura de los evangelios, me encontré con una descripción de lo que los eruditos llaman el problema sinóptico. Al ir avanzando en la lectura de los diferentes artículos relacionados con el tema atravesé por diferentes sentimientos. Aunque no todos los SUD podrían beneficiarse de este artículo, por tratarse de un tema avanzado y en realidad poco usual, es posible que algunos se hayan sentido molestos o confundidos. Es mi intención aportarles elementos que les puedan servir para esclarecer el asunto.

Los evangelios sinópticos

Antes que nada habrá que dejar en claro la primera palabrita dominguera. Como ustedes saben, tenemos cuatro evangelios, que están allí, al principio de nuestro Nuevo Testamento. Los cuatro son testimonios personales de Jesús, escritos por apóstoles y siervos de Dios durante el primer siglo de la era cristiana. El evangelio de Juan es muy diferente a todos los demás. Como los otros tres se parecen mucho entre sí, se les llama sinópticos. La palabra sinóptico significa “ver juntos”. La Wikipedia, esa navaja suiza del Internet, explica:
“El término sinóptico proviene de los formantes griegos συν (syn, “junto”) y οψις  (opsis, “ver”); la palabra “sinóptico” indica que los contenidos de estos tres evangelios pueden ser dispuestos para ser “vistos juntos”, bien en columnas verticales paralelas, bien en sentido horizontal. En 1766 J. J. Griesbach presentó su sinopsis sobre los tres evangelios, organizando las partes comunes entre ellos en un formato de columnas. El estudio de Griesbach ganó popularidad en el ambiente académico, lo que llevó a llamar a los 3 evangelios “los sinópticos””.
Aclarada la palabrita dominguera, sigamos adelante.

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El problema sinóptico

¿Qué fue primero, el huevo o la gallina? En otras palabras, los cuatro evangelios provienen del primer siglo, pero ¿cuál fue escrito primero y cuál después? Este es un problema que ocupa a los eruditos e investigadores bíblicos desde hace algunos siglos. Teorías vienen, teorías van y siguen pensando sobre ello. Hasta ahora sólo nos han podido reportar aproximados, como quien se moja un dedo con saliva, lo levanta y dice “sopla viento del norte”.

Hay diferentes enfoques para determinar la cronología de los evangelios (otro día me extiendo sobre ello, hoy solamente voy a abordar uno). El problema sinóptico proviene de un enfoque linguístico, cuando se comparan los textos de los evangelios y se observan las similaridades entre ellos. Como una imágen dice más que un chorrote de palabras, ahí les va la imagen para que se puedan pintar lo que se encuentra:}

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Versículos compartidos entre los evangelios sinópticos

Interesante, ¿verdad? Y muy bonito. Casi todo Marcos, menos 40 versículos, se comparte con Mateo. Más de la mitad de Marcos se comparte con Lucas. Los aficionados a las estadísticas bonitas ya han de estar sacando su libretita de notas. Ya los veo, ya los veo.

Pero hasta allí llega la parte interesante. Estos comparadores de textos comienzan a ir más allá, pensando que, entonces, los evangelistas se copiaron unos a otros cuando elaboraron los evangelios. Y piensan, “ah, si esto resulta cierto, entonces…” Y ahí surgen las teorías. Las enuncio y comparto algunas reflexiones.

La teoría marcana

La teoría más popular entre los eruditos es la que concluye que Marcos fue el primer evangelio y que tanto Mateo como Lucas lo utilizaron como fuente para elaborar sus evangelios, agregándole su propio estilo y sus propias experiencias. En dibujitos se vería así.

La teoría agustiniana

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La teoría agustiniana dice que Mateo llegó primero.

La teoría agustianana dice que no, que los marcanos están loquitos y que fue Mateo el que escribió su evangelio primero, luego Marcos y al final Lucas, quien tomó de las dos fuentes para elaborar su evangelio. Esta teoría se basa en los escritos de los primeros padres de la Iglesia y otras evidencias históricas, ya que ocurre que los escritores de los primeros dos siglos como Ireneo, Papias y Clemente siempre citan a Mateo en primer lugar en sus escritos sobre los evangelios. El análisis histórico de esta teoría es fuerte, pero el textual es débil, lo cuál ha dado motivo a discusión y origen a teorías parecidas, como las teorías de Griesbach y Linnemann.

La teoría de Farrer

La teoría de Farrer afirma que Marcos llegó primero.
La teoría de Farrer afirma que Marcos llegó primero.

La teoría de Farrer supone que Marcos fue el primer escritor, que Mateo lo usó como fuente de su propio evangelio, y que tanto Marcos como Mateo fueron consultados por Lucas. Esta teoría tiene algunos adherentes entre los eruditos ingleses.

Es como una especie de refinamiento de la teoría marcana.

La teoría de los dos documentos

Esta teoría toma en cuenta las similaridades entre Mateo y Lucas, concluyendo que estas similaridades se explican si, además de Marcos, resultara que Lucas y Mateo recurrieron también a otra fuente, por el momento desconocida, llamada por comodidad “Q”.  Aquello que es compartido por los tres evangelios le llaman “triple tradición”, mientras que aquello que solo es compartido por solo Mateo y Lucas a partir, dicen ellos, del “documento Q”, le llaman “doble tradición”.

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La hipótesis de las dos fuentes supone que existe otro documento (Q) que aún no hemos encontrado.

Los adherentes a la teoría de los dos documentos teorizan que el “documento Q” debió ser lo que llamaríamos un “libro de dichos” de Jesús, una especie de refranero que contendría mayormente sentencias sabias. Los descubrimientos de los evangelios apócrifos de Tomás y Felipe, así como de los textos gnósticos de Nag Hammadi, Egipto, en 1945, les refuerzan ese concepto.

La teoría de las múltiples fuentes

Esta teoría propone que, además del “documento Q”, se consultaron otras fuentes, también desconocidas, una para esto, otra para aquello…  Haré aquí un paréntesis para recordar al nunca suficientemente amado grupo argentino Les Luthiers y su exposición del Teorema de Tales, que me vino a la memoria ahora y que creo que viene al caso por tener un parecido muy sorprendente con todos estos estudios:

El teorema de Tales, explicado por el genial grupo argentino Les Luthiers

El evangelio de zanahorias y coles

¡Y listo! ¡Ya tenemos una ensalada! Déjela enfriar y sirva al gusto. Si fuiste capaz de entender a Tales de Mileto a través de Les Luthiers entonces seguro que serás capaz de entender a Jesucristo y a los evangelios a través de las teorías de los investigadores lingüisticos.

¿Captamos el punto? Si bien dichas teorías son muy interesantes, no nos acercan a una realidad y algunas complican tanto el asunto que le despojan de toda espiritualidad y, en realidad, del propósito mismo de los evangelios.

El problema dentro del problema sinóptico

El problema dentro del problema sinóptico no es el problema sinóptico mismo, sino su tratamiento. Los seguidores de una y otra teoría han llegado a serles leales hasta el fanatismo. Los dimes y diretes se acumulan, así como las supuestas evidencias y las especulaciones. En su fervor, algunos expositores de estas teorías las presentan como “la pura verdad”, es decir, como la verdad suprema, única y absoluta. Esas ideas se presentan así en libros de texto, en clases universitarias y en exposiciones. Si quiere tener enemigos dígale a uno de los representantes de estas teorías que aún no ha llegado a la verdad y que la suya es una solo una teoría, que aún se encuentra en gestación y que espera por evidencia adicional para validar sus conclusiones.

Si bien la investigación es buena, necesaria y deseable, la falta de humildad intelectual de estos investigadores críticos se ha convertido en un serio obstáculo para conocer la verdad. Por así decirlo, han “politizado” el asunto, convirtiéndolo en una lucha de poder más que en una investigación pura. Esto es especialmente cierto al observar el comportamiento de aquellos que defienden la teoría de los dos documentos.

El Jesús que no conocí

En mi revisión del tema me encontré a un Santo de los Últimos Días hablando sobre la teoría de los dos documentos. El decía que el “documento Q” sería seguramente una de las Escrituras que aún están esperando a ser reveladas y que, por tanto, debería ser bien recibida por todos los miembros de la Iglesia. Si bien es plausible la existencia del “documento Q”, lo cierto es que no ha sido comprobada y no se puede afirmar su existencia. Por otra parte los investigadores críticos han elaborado un concepto de “Q” que presenta a un Jesús que no hace milagros, que no expía por los pecados del mundo, que no resucita, y que, en general, no es el Hijo de Dios ni el Salvador del mundo, sino solamente un predicador de dichos y sentencias sabias… No podríamos, ciertamente, calificar al “documento Q” que nos presentan como un libro inspirado por Dios, compatible con la revelación vertida en el resto de las Escrituras.

Espero que ahora me entiendan por qué las explicaciones de estos eruditos me recuerdan la presentación del teorema de Tales por Les Luthiers.

El problema es ¡que no hay problema!

Para los Santos de los Últimos Días el problema es ¡que no hay problema! A diferencia de estos esforzados críticos lingüistas, nosotros confiamos en la revelación. Nuestra seguridad consiste en saber que los evangelistas no se copiaron meramente unos a otros, sino que recibieron de Dios lo que habrían de incluir en sus evangelios. Existen muchos casos en las Escrituras en que se han obtenido pasajes prácticamente idénticos sin necesidad de que los autores se hayan conocido entre sí, ni que haya una consulta de sus fuentes. En realidad, la única fuente en común es la revelación divina que inspiró sus escritos.

Un ejemplo muy palpable de este principio se encuentra en el Libro de Mormón. Como sabes, Jesús visitó las Américas después de su resurrección (en cumplimiento de lo profetizado en Juan 16:10), y, cuando lo hizo, repitió, para el beneficio de sus nuevos escuchas, el discurso conocido como “El Sermón del Monte”. Cuando lo hizo declaró conceptos muy parecidos a los que encontramos en Mateo. Esto lo hizo sin consultar el evangelio de Mateo, que aún no soñaba siquiera escribirse. ¿Cómo pudo darse, entonces, esta notable coincidencia? La explicación descansa en que Jesús hablaba de manera inspirada, y que, ciertamente, fue él quien inspiró a Mateo al escoger las palabras representadas en su evangelio. Hay otras connotaciones en esta coincidencia que desafían directamente las teorías de la crítica textual presentadas por los investigadores.

Sin esta fuente común de revelación, tendríamos a un Jesús desposeído de toda divinidad. Con ella, reconocemos a Jesús como nuestro Creador, Redentor, Salvador, Juez, Abogado, Consolador y como el único nombre dado bajo el cielo por el cual el hombre puede ser salvo.
Aún más importante que las comparaciones históricas o textuales, que por el momento no pueden ser sino teorías interesantes en constante evolución y que apenas rasguñan la verdad, los Santos de los Últimos Días cuentan con el recurso de preguntar directamente a Dios sobre las cosas y obtener directamente de Él las respuestas. El triángulo de la verdad constituido por la revelación vertida en las Escrituras, en los profetas y apóstoles modernos y en la propia revelación personal, derramada por el Espíritu Santo al alma de todos los investigadores humildes y sinceros, nos permite conocer la verdad de las cosas de una manera firme, confiable e inconmovible. Es mi testimonio que esta comunicación con Dios es real, que “por medio del Espíritu Santo conoceremos la verdad de todas las cosas” y que solo a través de él conoceremos “la verdad, y la verdad nos hará libres”.

Y bien, después de expresar mi testimonio he llegado al final del artículo, y de los pensamientos que quería compartir con ustedes. Si han disfrutado el artículo, me gustaría que algunos se animaran a compartir conmigo sus comentarios.

Citas citables

“Muchos estudiosos creen que, al preparar sus evangelios, tanto Mateo como Lucas se basaron, para muchas de sus enseñanzas distintivas sobre Jesús, en un documento anterior que ya no existe (o que, al menos, no ha sido encontrado). Esta fuente hipotética ha sido nombrada “Q”, de la palabra alemana Quelle, que significa “fuente”. Así, algunos estudiosos creen que “Q” ha sido la fuente no-marcana para muchos de los dichos de Jesús que se encuentran en Mateo y en Lucas” (Elder Alexander B. Morrison, “”Plain and Precious Things”: The Writing of the New Testament “Plain and Precious Things”: T Writing of the New Testament”)